Días de atenciones sin precedentes, de búsquedas que nunca se hubiesen esperado, de una entrega que, posiblemente, a Angel le pareciese poco pero que no era tan mínimo como creía. Los momentos se sucedían uno tras otro, los cómicos, los tiernos, los habituales... Momentos que empezaban a formar parte del album particular de Verónica. Aquel en el que se perdía bajo las estrellas, mirando al cielo como embobada, en su mundo... En aquel que se refugiaba para evitar las hostilidades diarias de unos y otros, de discusiones absurdas que se buscan en momentos de monotonía, de agobios constantes, de malas caras... Aquel mundo que le hacía volar, respirar, sentirse libre.
Por primera vez en su vida sentía respetarse a si misma como nunca antes lo había hecho, sentía que lo realmente importante era ella y no los demás, estableciendo así unas prioridades que años atrás eran impensables, inalcanzables para ella. No siendo altiva porque no tenía un motivo para ello, pero sí sabiendo que primero estaba lo que sentía, lo que necesitaba y lo que quería. Para el resto tambien había tiempo.
Aquel día en que sintió el mundo a sus pies, esa mañana mágica, de aire renovado, sol en su rostro que a veces tanto le incordiaba. Ese día fue entre cómico, emocionante y sincero. Fue el día en que sintió por primera vez entrar en su habitat, como si le hubiese abierto las puertas tanto al cielo como al fondo de su alma. Un plan normal que ella hubiese hecho por sí misma pero con otro signficado, con otro tono diferente. Sentada en aquella piedra no podía pensar en nada, solo admirar. Grabar en su retina lo que necesitaba ver cada mañana al despertar. La sonrisa donde se hallaba la paz, la tranquilidad de sentir la vida en cuerpo ajeno. Todo cobraba otra nota en la partitura de su banda sonora.
Pasó momentos tambien carismáticos y emblemáticos con Jorge, de risas, de fantasía, de ingenuidad compartida... Poco a poco se conocían. Verónica sentía un cariño especial por aquellos ojos verdes, era algo extraño que ella aún no conseguía definir... No le necesitaba en su vida pero tampoco podía dejarle marchar de ella.
A su lado se sentía protegida, con energía y ganas de hacer muchas cosas... Pero a veces notaba como si estuviera constantemente enseñandole a algo que no sabía muy bien qué era. Él solo quería soñar, vivir en ese cuento maravilloso que había empezado a escribir al conocerla, como le decía, pero ella le golpeaba una y otra vez con pequeñas dosis de realidad. Aún así él se levantaba una tras otra, seguía, continuaba, volaba... "no me imagino mi vida sin ti"... Le decía cuando ella se disponía a pararle los pies del levantamiento del suelo...
Ella tenía claro, clarísimo lo que sentía por el uno y por el otro pero nunca lo diría a ninguno... Ellos lo sabían. No necesitaba las palabras... Sobraba con las miradas, los gestos... Los momentos. Las sonrisas imparables durante el día, durante la noche...
Sentía la felicidad por todos lados, era incapaz de romper todo aquello. Existía la confianza suficiente para dejar los corazones en manos ajenas, tanto los de ellos en ella como el de ella en ellos... Pero el de ella se iría solamente tras unos pasos... Tras aquellos pasos que le devoraban la vida al verle marchar, que era un quiero y no puedo constante. Que el aire se le escapaba tras sus ojos.
Las verdades cuestan media vida...
miércoles, 25 de enero de 2012
domingo, 15 de enero de 2012
Parte 23
Miles de conversaciones que siempre llevaban el mismo trasfondo, "vivir el momento", cada uno lo veía como le daba la gana, no se querían poner de acuerdo en la definición pero sí era cierto que el argumento sería el mismo para ambos. Eran formas de autoprotegerse al dolor que ni el uno ni el otro se causarían, porque eran incapaces, no por la amistad que les unía como decía Angel. Cuando los sentimientos más profundos entran a formar parte del juego, la amistad suele quedar relegada a otro plano.
La reconciliación sería su quitapenas particular, cuando aquellos ansiados besos estarían en sus pieles, sus manos jugando a no encontrarse pero unidas por un mismo fin, las sonrisas de paz iluminaban sus rostros, las carcajadas a medias, los mimos que nunca buscaron en nadie o podrían llegar a aborrecer de otras manos. Uno porque quería la independencia y autosuficiencia, la otra porque era lo que siempre había tenido. Pero juntos se formaba un campo magnético que no podían evitar. Verónica por una vez sentía estar en sintonía con lo que ambos pensaban y querían, por primera vez no vería a Angel como aquel hombre esquivo que rechazaba cualquier parte de su presencia. Largos meses, largas conversaciones le costó... Pero al fin conseguía lo que tanto necesitaba de él. Que no le hiciese sentir el mayor error de su vida sino lo que ella pensaba que significaba realmente para él. No es que ella quisiera cambiarle puesto que se había enamorado de él en todo su esplendor, en sus contradicciones, sus indecisiones... Pero quería que si realmente sentía algo, lo dejase salir, que no engrilletase más a ese corazón que al final terminaría explotando y sería peor el remedio que la enfermedad. Ahora todo parecía fluir en orden dentro de todo aquel desorden.
Ella no buscaba los piropos diarios, ni la dulzura con que ahora le trataba, no, tampoco buscaba eso, pero le encantaba tanta adoración... Aún estando lejos ahora le sentía más cerca y eso era lo que ella quería.
Jorge por su lado... Pasó unos días un poco despreocupado de ella, como más a su aire, ella le echaba de menos pero tampoco en exceso. Unos días más tarde le escribiría un correo describiendo el día que la conoció. A ella le pareció algo muy bonito, algo que salía de alguien tan duro... Un gesto que le indicaba lo que él haría por ella en un momento dado. Días más tarde, al verle, en su movil la contraseña era el día que la conoció, ella solía acordarse de todo ese tipo de cosas, de las fechas y las bobadas románticas estas... Pero de él, ni lo recordaba. Y para una vez que no lo hacía ya se encargaba Jorge de recordárselo...
Ahora la calma invadía su vida... Por fin estaba tranquila, aunque no sabía por cuanto tiempo, pero tampoco le preocupaba...
La reconciliación sería su quitapenas particular, cuando aquellos ansiados besos estarían en sus pieles, sus manos jugando a no encontrarse pero unidas por un mismo fin, las sonrisas de paz iluminaban sus rostros, las carcajadas a medias, los mimos que nunca buscaron en nadie o podrían llegar a aborrecer de otras manos. Uno porque quería la independencia y autosuficiencia, la otra porque era lo que siempre había tenido. Pero juntos se formaba un campo magnético que no podían evitar. Verónica por una vez sentía estar en sintonía con lo que ambos pensaban y querían, por primera vez no vería a Angel como aquel hombre esquivo que rechazaba cualquier parte de su presencia. Largos meses, largas conversaciones le costó... Pero al fin conseguía lo que tanto necesitaba de él. Que no le hiciese sentir el mayor error de su vida sino lo que ella pensaba que significaba realmente para él. No es que ella quisiera cambiarle puesto que se había enamorado de él en todo su esplendor, en sus contradicciones, sus indecisiones... Pero quería que si realmente sentía algo, lo dejase salir, que no engrilletase más a ese corazón que al final terminaría explotando y sería peor el remedio que la enfermedad. Ahora todo parecía fluir en orden dentro de todo aquel desorden.
Ella no buscaba los piropos diarios, ni la dulzura con que ahora le trataba, no, tampoco buscaba eso, pero le encantaba tanta adoración... Aún estando lejos ahora le sentía más cerca y eso era lo que ella quería.
Jorge por su lado... Pasó unos días un poco despreocupado de ella, como más a su aire, ella le echaba de menos pero tampoco en exceso. Unos días más tarde le escribiría un correo describiendo el día que la conoció. A ella le pareció algo muy bonito, algo que salía de alguien tan duro... Un gesto que le indicaba lo que él haría por ella en un momento dado. Días más tarde, al verle, en su movil la contraseña era el día que la conoció, ella solía acordarse de todo ese tipo de cosas, de las fechas y las bobadas románticas estas... Pero de él, ni lo recordaba. Y para una vez que no lo hacía ya se encargaba Jorge de recordárselo...
Ahora la calma invadía su vida... Por fin estaba tranquila, aunque no sabía por cuanto tiempo, pero tampoco le preocupaba...
martes, 10 de enero de 2012
Parte 22
Jorge llevaba todo el día sin dar señales de vida, sólo un mensaje al despertar, frio, seco... De esos que te dejan un poco sorprendido. A pesar de parecer que no, éste era demasiado listo a veces, al llegar la tarde Verónica cogió el teléfono y le llamó, extrañamente, le echaba de menos. El chaval así le dijo.... "¿no decías que necesitabas echarme de menos?"... Chico listo, sí. Eso a ella la enfadó aunque no se lo hizo ver. Porque echar de menos para ella no significaba tanto como quizá el habría entendido. A sus amigos tambien los echaba de menos aunque nunca les dijese nada, o si. Ella se refería a otro tipo de ausencia.
Las conversaciones con Angel no dejaban de parecer un sueño, algo irreal, él decía que era el mismo pero con ella, al menos, no había sido así antes, si había tenido sus pequeños detalles, sus momentos líricos que a ella le encantaban, pero nunca tanto como ahora. Tanto hablar les llevó a un tipo de conversación más profunda y habitual en ellos, las preguntas, las dudas, los malestares... Como siempre. Juntos no podían estar porque acababan así pero separados tampoco porque acababan peor. Diferencia de opininones, puntos de vista muy dispares de la vida, él se empeñaba en ser realista cuando lo que ella veía no era realidad sino que él vivía en su mundo de fantasía... Ciertamente era mejor que él viviese así para no hacerse daño, pero ella, que a veces era de impulsos irrefrenables, se consumía en su interior por los nervios, porque sentía en ocasiones que aquello continuaba por pena y no por lo que debería ser, por seguir manteniendo la vida que les daba a ambos.
Angel se había desencarrilado de lo que ella quería, totalmente. La verdad, ella era muy compleja, sabía lo que no quería, pero no sabía lo que quería. Tenía tantos miedos como los suyos. Por momentos cogería un avión junto a él y se iría a cualquier punto del planeta donde no les encontrasen, pero en otros pensaba si realmente serían felices. Pues volviendo la vista atrás, viendo lo que le había sucedido anteriormente, ella no quería que pasase lo mismo en esta ocasión, intentaba no cometer los mismos errores pasados.
Angel se sentía impotente por no poder dar un simple gesto como era un café en cualquier cafetería, o salir a cara descubierta por cualquier punto de la ciudad, Verónica lo entendía perfectamente aunque le doliesen esos gestos. Se preguntaba si en algún momento serían capaces... los dos.
Aquel amigo común, un día le contó una historia a ella, la historia de cómo se fraguó su actual relación. Le contó que él no sabía que estaba enamorado de ella, que sus amigos le decían que era inalcanzable y que se olvidase del tema, mientras él seguía con su vida, con su pareja, con sus planes de matrimonio y demás, sin haber tenido nunca un contacto físico con la que ahora era su mujer, los dos de repente se dieron cuenta que eran el uno del otro, sus vidas giraron bruscamente y terminaron casados, enamorados y con una familia en casa. Verónica tampoco buscaba eso pero... ¿y si era lo que les deparaba el futuro?... Una sorpresa, un giro de 360 grados... Si así era, no se debía forzar la máquina, se debía dejar fluir... Que pasase lo que tuviese que pasar. No era un vivir el momento, era seguir luchando por lo que le hacía sentir viva. Al menos para ella. Sin forzar, estando.
Para ella vivir el momento significaba coger aquella noche al hombre más deseado del lugar, aprovecharse los dos de sus cuerpos y mañana si te he visto no me acuerdo. Vivir el momento era eso, el aquí y ahora, nada más.
A veces sentía que le estaba revolviendo la existencia y tenía la necesidad de huir, pero si lo hacía...
Era la fuente inagotable del deseo, del amor, de la dulzura, la pasión... Esa pasión que les llevaba a veces al odio... La alegría de sus vidas, el sol entre las nubes negras, el motivo por el que sonreir cada día. Ninguno podía negarse ese privilegio, ambos lo merecían... Ella, según Angel, no se valoraba lo suficiente, pero sabía que sí, se valoraba tanto que sabía que merecía ser feliz, a trocitos, o la vida entera con él... Sea como fuere, su felicidad residía en su sonrisa, en sus ojos, en su mente, en su cuerpo... Aunque injustamente pero de forma comprensible pasase a ser la mayor pesadilla de su vida, como él le hacía sentir a veces.
Ella no le pedía que se aclarase en cuanto a lo que él entendía, sino que se aclarase en cuanto a ella, si era su amiga, su confidente, el motor de su vida, una simple rueda... Solo quería eso, que él tuviese claro si podía o no vivir sin ella, sin su presencia, sin sus risas, sin su comprensión, sin sus oídos... Sin sus brazos, sin sus besos... Sin aquellos momentos de cuento que juntos escribían en amanceres y noches sin remordimientos... Sin esa ilusión diaria de hacer sonreir.
Faltaba poco para cumplir aquel año que Verónica llevaba intentando conquistar lo inconquistable... Un año de tortura, de indecisión, de contradicción... De lo más bonito que había vivido hasta ahora. De las risas, de los sueños, de los descubrimientos, de los besos, de las caricias... De poner bandas sonoras a esa película... Nunca había soportado tanto... Nunca había aguantado nada de aquello a nadie. Ni si quiera con Andrés, éste se había dado cuenta irremediablemente de lo que significaba para él en un momento de angustia y decidió ir tras sus pasos, pero ella nunca lo pidió, ni lo insitió, ni lo buscó... Ella seguramente no había estado tan enamorada como parecía o quería obligarse a estar por agradecer tanto que le había dado, mostrado en un momento puntual. Por pena... quizá.
Y ahora... Ahora sabía lo que amaba, aunque quizá no lo que quería... Le venían a la mente los ojos... Los verdes y los marrones, las sonrisas del uno y del otro... Imaginando un plan mejor... Pero se le escapaba... Se le empezaba a ir de las manos y a descontrolar...
A Jorge posiblemente nunca le habían hecho sentir la necesidad de tenerle cerca, le hicieron sentir tan mal que a ella no le extrañaba nada que tuviese aquel iman hacia su presencia. Seguramente ella no era la mujer de su vida, pero tampoco la que tenía al lado. Debía empezar a plantearse lo que quería hacer y conseguir... Pero no quería ser ella la causante... Intentaría ser su amiga y suavizar todo lo que pudiera hacer daño...
Verónica nunca daba de lado a nadie... Y menos si lo necesitaba...
Las conversaciones con Angel no dejaban de parecer un sueño, algo irreal, él decía que era el mismo pero con ella, al menos, no había sido así antes, si había tenido sus pequeños detalles, sus momentos líricos que a ella le encantaban, pero nunca tanto como ahora. Tanto hablar les llevó a un tipo de conversación más profunda y habitual en ellos, las preguntas, las dudas, los malestares... Como siempre. Juntos no podían estar porque acababan así pero separados tampoco porque acababan peor. Diferencia de opininones, puntos de vista muy dispares de la vida, él se empeñaba en ser realista cuando lo que ella veía no era realidad sino que él vivía en su mundo de fantasía... Ciertamente era mejor que él viviese así para no hacerse daño, pero ella, que a veces era de impulsos irrefrenables, se consumía en su interior por los nervios, porque sentía en ocasiones que aquello continuaba por pena y no por lo que debería ser, por seguir manteniendo la vida que les daba a ambos.
Angel se había desencarrilado de lo que ella quería, totalmente. La verdad, ella era muy compleja, sabía lo que no quería, pero no sabía lo que quería. Tenía tantos miedos como los suyos. Por momentos cogería un avión junto a él y se iría a cualquier punto del planeta donde no les encontrasen, pero en otros pensaba si realmente serían felices. Pues volviendo la vista atrás, viendo lo que le había sucedido anteriormente, ella no quería que pasase lo mismo en esta ocasión, intentaba no cometer los mismos errores pasados.
Angel se sentía impotente por no poder dar un simple gesto como era un café en cualquier cafetería, o salir a cara descubierta por cualquier punto de la ciudad, Verónica lo entendía perfectamente aunque le doliesen esos gestos. Se preguntaba si en algún momento serían capaces... los dos.
Aquel amigo común, un día le contó una historia a ella, la historia de cómo se fraguó su actual relación. Le contó que él no sabía que estaba enamorado de ella, que sus amigos le decían que era inalcanzable y que se olvidase del tema, mientras él seguía con su vida, con su pareja, con sus planes de matrimonio y demás, sin haber tenido nunca un contacto físico con la que ahora era su mujer, los dos de repente se dieron cuenta que eran el uno del otro, sus vidas giraron bruscamente y terminaron casados, enamorados y con una familia en casa. Verónica tampoco buscaba eso pero... ¿y si era lo que les deparaba el futuro?... Una sorpresa, un giro de 360 grados... Si así era, no se debía forzar la máquina, se debía dejar fluir... Que pasase lo que tuviese que pasar. No era un vivir el momento, era seguir luchando por lo que le hacía sentir viva. Al menos para ella. Sin forzar, estando.
Para ella vivir el momento significaba coger aquella noche al hombre más deseado del lugar, aprovecharse los dos de sus cuerpos y mañana si te he visto no me acuerdo. Vivir el momento era eso, el aquí y ahora, nada más.
A veces sentía que le estaba revolviendo la existencia y tenía la necesidad de huir, pero si lo hacía...
Era la fuente inagotable del deseo, del amor, de la dulzura, la pasión... Esa pasión que les llevaba a veces al odio... La alegría de sus vidas, el sol entre las nubes negras, el motivo por el que sonreir cada día. Ninguno podía negarse ese privilegio, ambos lo merecían... Ella, según Angel, no se valoraba lo suficiente, pero sabía que sí, se valoraba tanto que sabía que merecía ser feliz, a trocitos, o la vida entera con él... Sea como fuere, su felicidad residía en su sonrisa, en sus ojos, en su mente, en su cuerpo... Aunque injustamente pero de forma comprensible pasase a ser la mayor pesadilla de su vida, como él le hacía sentir a veces.
Ella no le pedía que se aclarase en cuanto a lo que él entendía, sino que se aclarase en cuanto a ella, si era su amiga, su confidente, el motor de su vida, una simple rueda... Solo quería eso, que él tuviese claro si podía o no vivir sin ella, sin su presencia, sin sus risas, sin su comprensión, sin sus oídos... Sin sus brazos, sin sus besos... Sin aquellos momentos de cuento que juntos escribían en amanceres y noches sin remordimientos... Sin esa ilusión diaria de hacer sonreir.
Faltaba poco para cumplir aquel año que Verónica llevaba intentando conquistar lo inconquistable... Un año de tortura, de indecisión, de contradicción... De lo más bonito que había vivido hasta ahora. De las risas, de los sueños, de los descubrimientos, de los besos, de las caricias... De poner bandas sonoras a esa película... Nunca había soportado tanto... Nunca había aguantado nada de aquello a nadie. Ni si quiera con Andrés, éste se había dado cuenta irremediablemente de lo que significaba para él en un momento de angustia y decidió ir tras sus pasos, pero ella nunca lo pidió, ni lo insitió, ni lo buscó... Ella seguramente no había estado tan enamorada como parecía o quería obligarse a estar por agradecer tanto que le había dado, mostrado en un momento puntual. Por pena... quizá.
Y ahora... Ahora sabía lo que amaba, aunque quizá no lo que quería... Le venían a la mente los ojos... Los verdes y los marrones, las sonrisas del uno y del otro... Imaginando un plan mejor... Pero se le escapaba... Se le empezaba a ir de las manos y a descontrolar...
A Jorge posiblemente nunca le habían hecho sentir la necesidad de tenerle cerca, le hicieron sentir tan mal que a ella no le extrañaba nada que tuviese aquel iman hacia su presencia. Seguramente ella no era la mujer de su vida, pero tampoco la que tenía al lado. Debía empezar a plantearse lo que quería hacer y conseguir... Pero no quería ser ella la causante... Intentaría ser su amiga y suavizar todo lo que pudiera hacer daño...
Verónica nunca daba de lado a nadie... Y menos si lo necesitaba...
domingo, 8 de enero de 2012
Parte 21
Llevaba demasiado tiempo guardando silencio, casi tanto que se había acostumbrado a su soledad. No sabía cómo lo aceptaría o entendería él. No sabía cuál sería su reacción al enterarse de aquello. En un principio ella sintió ganas de adorarle y venerarle por la comprensión, pero, para variar, la mente de Verónica iba a mil por hora, siempre alerta... Siempre pendiente de los fantasmas que pudieran atacar. Despues comenzó a pensar si aquello no le haría cómodo, no le haría pensar que si ella movía pocos dedos, él movería menos. Por eso le decía en tantas ocasiones que no quería que fuese por ella, sino por él... Que lo que él hiciera en su vida, diaria, futura o pasada, fuera porque él quería hacerlo y no porque nadie se lo pidiese, tenía que estar seguro de lo que quería.
Lo que Verónica no quería por nada del mundo era que ahora se estropease aquello, ahora que habían conseguido o, al menos un poco, mantener el equilibrio sobre aquella cuerda sin final. Que todo se mantuviera como estaba y que el tiempo decidiera lo que debía pasar. Sólo vivir, sentir e imaginar. Sería un proceso lento, lentísmo, para ambos... pero juntos podían. No debían dejarse influir por nada externo, simplemente estar el uno para el otro.
Angel aquel día no había parado ni un segundo de adular, de sonreir, de brillar... Ella se llenaba de todo aquello, le hacía sentir de nuevo la alegría de su vida, su aire. No quería que aquello se esfumara. La magia volvía, la inquietud ya no existía, sabía que él se había quedado intranquilo tras aquella noticia pero ella era experta en esquivar ciertas conversaciones. O al menos en ciertos momentos... Prefirió soltar la bomba para allanar el terreno y despues ir aclarando puntos, perspectivas, si era necesario.
Por momentos sentía que no lo era, que era suficiente así, pero no lo era. Debían seguir debatiendo... Pero lo harían en otro momento, ahora eran tiempos de sonrisas, de recuperar la vida perdida en días de intranquilidad y tristeza. El orgullo y el rencor no formaban parte de su diccionario particular. Angel decía que estaban condenados a escucharse, entenderse, comprenderse y sosegarse... Tenía toda la razón.
Ella nunca encontraría aquel todo en uno que sin buscarlo había aparecido sin más... Su condena era su mayor felicidad. Cuando él empezó a hablar a la cara, a los ojos, a ella le parecía tan inverosímil que no daba crédito, le parecía estar en una nube extraña pero cómoda... Aunque a veces sintiera el temor de que nada fuese cierto y simplemente oía lo que quería oir... Verónica y sus tormentas a mil por hora.
Aun quedarían muchas batallas por librar, muchos miedos por vencer, de ambos, no solamente de él. Quizá habían estado rodeados de tantos desastres humanos que les parecía un poco traumático todo lo que pudiese suponer... Pero lo más increíble era que lo dos pensaban igual en ciertos aspectos... Solo que los agentes externos quizá eran los que no pensaban como ellos y podrían jugarles una mala pasada.
Lo completo en lo imperfecto y lo perfecto en lo incompleto, como decía aquella canción que a ella tanto le gustaba. Sentirse llenos en lo que no se debía pero medio vacíos en lo que tenía que ser...
Verónica encaminaba el rumbo a la felicidad... momentánea... o no. Solo el tiempo hablaría por ellos...
Lo que Verónica no quería por nada del mundo era que ahora se estropease aquello, ahora que habían conseguido o, al menos un poco, mantener el equilibrio sobre aquella cuerda sin final. Que todo se mantuviera como estaba y que el tiempo decidiera lo que debía pasar. Sólo vivir, sentir e imaginar. Sería un proceso lento, lentísmo, para ambos... pero juntos podían. No debían dejarse influir por nada externo, simplemente estar el uno para el otro.
Angel aquel día no había parado ni un segundo de adular, de sonreir, de brillar... Ella se llenaba de todo aquello, le hacía sentir de nuevo la alegría de su vida, su aire. No quería que aquello se esfumara. La magia volvía, la inquietud ya no existía, sabía que él se había quedado intranquilo tras aquella noticia pero ella era experta en esquivar ciertas conversaciones. O al menos en ciertos momentos... Prefirió soltar la bomba para allanar el terreno y despues ir aclarando puntos, perspectivas, si era necesario.
Por momentos sentía que no lo era, que era suficiente así, pero no lo era. Debían seguir debatiendo... Pero lo harían en otro momento, ahora eran tiempos de sonrisas, de recuperar la vida perdida en días de intranquilidad y tristeza. El orgullo y el rencor no formaban parte de su diccionario particular. Angel decía que estaban condenados a escucharse, entenderse, comprenderse y sosegarse... Tenía toda la razón.
Ella nunca encontraría aquel todo en uno que sin buscarlo había aparecido sin más... Su condena era su mayor felicidad. Cuando él empezó a hablar a la cara, a los ojos, a ella le parecía tan inverosímil que no daba crédito, le parecía estar en una nube extraña pero cómoda... Aunque a veces sintiera el temor de que nada fuese cierto y simplemente oía lo que quería oir... Verónica y sus tormentas a mil por hora.
Aun quedarían muchas batallas por librar, muchos miedos por vencer, de ambos, no solamente de él. Quizá habían estado rodeados de tantos desastres humanos que les parecía un poco traumático todo lo que pudiese suponer... Pero lo más increíble era que lo dos pensaban igual en ciertos aspectos... Solo que los agentes externos quizá eran los que no pensaban como ellos y podrían jugarles una mala pasada.
Lo completo en lo imperfecto y lo perfecto en lo incompleto, como decía aquella canción que a ella tanto le gustaba. Sentirse llenos en lo que no se debía pero medio vacíos en lo que tenía que ser...
Verónica encaminaba el rumbo a la felicidad... momentánea... o no. Solo el tiempo hablaría por ellos...
sábado, 7 de enero de 2012
Parte 20
Poco despues, Angel revolucionaba lo que quería de Verónica, sin saber por, ni para qué. Pero lo hacía. Él decía que siempre estarían jugando al ratón y al gato, verdad era, pero él tambien provocaba muchas situaciones. Ella ya no sabía por dónde cogerle, le robaba la calma en dos minutos. Hacia de amigo y confidente, de gran persona pero... ¿para qué? pues como él dijo tambien, para no ser radical... De esas personas que no les gusta zanjar las cosas, porque si lo hacían, ese corazón luego le haría tener remoridimientos.
Ese mismo día en que Angel decidía decir, sigo aquí pero si quieres me voy... Jorge no pasaba por uno de los momentos ideales... Llamaba la atención de ella con mensajes, intentando hacer ver que le hacía falta. Ella quería estar, escuchando a ambos... Pero por momentos sentía la necesidad de correr y gritarles que la dejaran en paz. Pero no podía, a uno por lo que había significado y al otro por lo que empezaba a significar.
Verónica no sabía por qué aquella mañana se despertaba del poco rato de sueño que había tenido, con tanta ilusión. Por un lado la preocupación de no recibir noticias de Jorge habiéndole dejado con un último mensaje que no le gustaba, por el otro... ganas de ver los ojos de Angel. Llegaba con su sonrisa conciliadora, ella no podía responder con ese orgullo que cualquier otra mujer habría utilizado en cualquier momento, pero en el fondo sentía la necesidad de haberle cruzado la cara. Amor, odio. Ambos sentimientos unidos. Pero cuando ella dejaba el enfado a un lado, se reían tanto que no podía evitar seguir ese cauce.
Mientras tanto Jorge estaba siendo desplazado a un segundo plano sin querer por ella... Quería salir tras él en algunos momentos pero en otros necesitaba no saber nada de él, echarle de menos. Angel seguía con sus idas y venidas, ahora sí, ahora no... Verónica quería ahogarle, la ponía en situaciones que ella no identificaba, no sabía si era rabia, amor, cordura, locura... Juntos hacían que el día no tuviese veinticuatro horas sino una sola. De sus problemas hacían un circo. Porque los dos querían iluminar la mirada del otro. Querían que las risas invadieran el ambiente. Dándose cuenta que quizá no necesitaban nada más, pero al ver los cuerpos... Parecían girasoles imantandose uno tras el otro. A escasos centímetros el uno del otro querían robar esos besos perdidos en todos los días de angustia. El miedo a sufrir todo aquello de días atrás les dejaba a las puertas de la felicidad. No sabían si sufrían más perdiéndose o teniéndose. Querían mantener la balanza equilibrada pero eso solo se conseguía en la distancia y ni eso.
Aquella tarde Verónica ya no sabía a quién echaba de menos, si Jorge o Angel. El primero era la calma en su presencia y el segundo la locura, teniéndo todo el conjunto de lo que se deseaba en la vida en dos personas en lugar de en una sola. Como posiblemente debía ser.
Angel era experto en revolucionar y alimentar esperanzas inexistentes, en sacar su lado bueno y su lado malo, sus maldades, sus bondades... Todas unidas para él. Jorge por el contrario solo sacaba el bueno, no era capaz de decirle realmente lo que pensaba, de sacar aquella chulería innata, aquellas dagas voladoras como decía Angel. No podía con él, era tan bueno que le podía la conciencia con él.
Tormentas de sentimientos, choque de titanes en la mente... Angel o demonio, amor o respeto... Continuar con su vida, continuaría, aunque se diese cuenta que el respeto que sentía hacia Angel era inigualable pero no podía seguir estando ahí como un muñeco. Ella ya había dado muchos pasos, se había arrastrado en demasiadas ocasiones porque comprendía que él no tuviese el valor de pedir... Pero ahora su pensamiento era, el que quiera algo que luche. El agotamiento de ser ella la única contrincante en el campo de batalla podía con su cuerpo.
Su cuerpo que se iba consumiendo perdiendo peso y peso... Angel que aquella tarde se dió cuenta le preguntaba... Pero ella solo admitió... No diría nada más. No quería hacerle sentir culpable de algo que no lo era. El fisico de las personas va por libre en ocasiones... Sin querer hacer caso a la mente. Ella por mucho que quisiera... No podía coger más kilos ya. Parecía que había dicho, hasta aquí. Semanas antes los análisis no habían sido buenos pero conseguiría elevarlos. Ya había podido una vez, ahora no sería menos. En esa angustia del silencio, de no preocupar a nadie vivía desde hacía unos meses. Todos le decían que había perdido mucho peso, ella solo asentía con la cabeza, le preguntaban los métodos y ella mientras sonreía pensaba por dentro qué les pasaría por la cabeza para querer ver la belleza en un cuerpo sin apenas vida. Y sentía que tenía que pegarles un grito y decirles que no fueran absurdos. Cuando alguien tiene un extraño don, no lo quiere, sin embargo el resto lo admiran. Mientras ella tenía que atiborrarse a pastillas para engordar, los demás comerían frascos enteros para lo contrario. Ella veía como cada día se le caía más un pantalón y se echaba a llorar, el resto veía como el pantalón les encajaba perfectamente y maldecían el turrón de las navidades. Todos querían tener lo que no tenían... Ella no quería revivir... Volver a años atrás... Y sin querer... volvía. Estrés, nervios, hiper actividad y falta de cuidados por su parte, tambien. Solamente una persona sabía de aquello, aquella persona se enfadaba al ver que no salía, pero ella lo intentaba con todas sus fuerzas, ella era la primera que no quería esa situación.
Sus ojeras iban en aumento entre la falta de sueño y vitaminas... las tapaba con un poco de maquillaje en un intento de ver luz en las sombras. No quería contar nada, no quería preocupar, no quería preguntas diarias, no quería preocupaciones ni penas... Quería que todos sonriesen como siempre...
Silencio... Solo quería silencio.
Ese mismo día en que Angel decidía decir, sigo aquí pero si quieres me voy... Jorge no pasaba por uno de los momentos ideales... Llamaba la atención de ella con mensajes, intentando hacer ver que le hacía falta. Ella quería estar, escuchando a ambos... Pero por momentos sentía la necesidad de correr y gritarles que la dejaran en paz. Pero no podía, a uno por lo que había significado y al otro por lo que empezaba a significar.
Verónica no sabía por qué aquella mañana se despertaba del poco rato de sueño que había tenido, con tanta ilusión. Por un lado la preocupación de no recibir noticias de Jorge habiéndole dejado con un último mensaje que no le gustaba, por el otro... ganas de ver los ojos de Angel. Llegaba con su sonrisa conciliadora, ella no podía responder con ese orgullo que cualquier otra mujer habría utilizado en cualquier momento, pero en el fondo sentía la necesidad de haberle cruzado la cara. Amor, odio. Ambos sentimientos unidos. Pero cuando ella dejaba el enfado a un lado, se reían tanto que no podía evitar seguir ese cauce.
Mientras tanto Jorge estaba siendo desplazado a un segundo plano sin querer por ella... Quería salir tras él en algunos momentos pero en otros necesitaba no saber nada de él, echarle de menos. Angel seguía con sus idas y venidas, ahora sí, ahora no... Verónica quería ahogarle, la ponía en situaciones que ella no identificaba, no sabía si era rabia, amor, cordura, locura... Juntos hacían que el día no tuviese veinticuatro horas sino una sola. De sus problemas hacían un circo. Porque los dos querían iluminar la mirada del otro. Querían que las risas invadieran el ambiente. Dándose cuenta que quizá no necesitaban nada más, pero al ver los cuerpos... Parecían girasoles imantandose uno tras el otro. A escasos centímetros el uno del otro querían robar esos besos perdidos en todos los días de angustia. El miedo a sufrir todo aquello de días atrás les dejaba a las puertas de la felicidad. No sabían si sufrían más perdiéndose o teniéndose. Querían mantener la balanza equilibrada pero eso solo se conseguía en la distancia y ni eso.
Aquella tarde Verónica ya no sabía a quién echaba de menos, si Jorge o Angel. El primero era la calma en su presencia y el segundo la locura, teniéndo todo el conjunto de lo que se deseaba en la vida en dos personas en lugar de en una sola. Como posiblemente debía ser.
Angel era experto en revolucionar y alimentar esperanzas inexistentes, en sacar su lado bueno y su lado malo, sus maldades, sus bondades... Todas unidas para él. Jorge por el contrario solo sacaba el bueno, no era capaz de decirle realmente lo que pensaba, de sacar aquella chulería innata, aquellas dagas voladoras como decía Angel. No podía con él, era tan bueno que le podía la conciencia con él.
Tormentas de sentimientos, choque de titanes en la mente... Angel o demonio, amor o respeto... Continuar con su vida, continuaría, aunque se diese cuenta que el respeto que sentía hacia Angel era inigualable pero no podía seguir estando ahí como un muñeco. Ella ya había dado muchos pasos, se había arrastrado en demasiadas ocasiones porque comprendía que él no tuviese el valor de pedir... Pero ahora su pensamiento era, el que quiera algo que luche. El agotamiento de ser ella la única contrincante en el campo de batalla podía con su cuerpo.
Su cuerpo que se iba consumiendo perdiendo peso y peso... Angel que aquella tarde se dió cuenta le preguntaba... Pero ella solo admitió... No diría nada más. No quería hacerle sentir culpable de algo que no lo era. El fisico de las personas va por libre en ocasiones... Sin querer hacer caso a la mente. Ella por mucho que quisiera... No podía coger más kilos ya. Parecía que había dicho, hasta aquí. Semanas antes los análisis no habían sido buenos pero conseguiría elevarlos. Ya había podido una vez, ahora no sería menos. En esa angustia del silencio, de no preocupar a nadie vivía desde hacía unos meses. Todos le decían que había perdido mucho peso, ella solo asentía con la cabeza, le preguntaban los métodos y ella mientras sonreía pensaba por dentro qué les pasaría por la cabeza para querer ver la belleza en un cuerpo sin apenas vida. Y sentía que tenía que pegarles un grito y decirles que no fueran absurdos. Cuando alguien tiene un extraño don, no lo quiere, sin embargo el resto lo admiran. Mientras ella tenía que atiborrarse a pastillas para engordar, los demás comerían frascos enteros para lo contrario. Ella veía como cada día se le caía más un pantalón y se echaba a llorar, el resto veía como el pantalón les encajaba perfectamente y maldecían el turrón de las navidades. Todos querían tener lo que no tenían... Ella no quería revivir... Volver a años atrás... Y sin querer... volvía. Estrés, nervios, hiper actividad y falta de cuidados por su parte, tambien. Solamente una persona sabía de aquello, aquella persona se enfadaba al ver que no salía, pero ella lo intentaba con todas sus fuerzas, ella era la primera que no quería esa situación.
Sus ojeras iban en aumento entre la falta de sueño y vitaminas... las tapaba con un poco de maquillaje en un intento de ver luz en las sombras. No quería contar nada, no quería preocupar, no quería preguntas diarias, no quería preocupaciones ni penas... Quería que todos sonriesen como siempre...
Silencio... Solo quería silencio.
jueves, 5 de enero de 2012
Parte 19
Días despues, Verónica volvería a encontrarse con Jorge, abriendo puertas a la libertad de jugar, de reir, de hablar, de caminar por cualquier lado sin mirar al resto. Varios días sin noticias de Angel, sin saber qué pasaba por su mente, si estaba bien, mal... Hubo momentos en que logró olvidar y dejar de preocuparle su sentir.
Durante aquellos días infinitos, ella seguía con su vida, con sus cosas, parecía que la Navidad había activado los radares de la gente que la conocía y no la dejaban parar un segundo, sin dar tregua a sus emociones o pensamientos, manteniéndola ocupada hasta el último segundo. No tuvo tiempo de recordar ni uno, ni otro. Pero el chico de ojos verdes no le dejaba olvidarle. Ahí estaba siempre. Sin querer, en alguna conversación ella dijo palabras que él entendería como un reproche de agobio, cuando realmente tampoco era así.
Iba a trabajar, sin ganas, con las piernas como si le hubiesen colocado plomo en ellas, deseaba que llegase la hora de salir. Aquella tarde allí la esperaría, como un clavo... Al verla llegar, la sonrisa le invadió la mirada. Pasaron más tiempo del normal juntos, riendo, hablando, abrazando... En una conversación...
- Se que a veces te vas... a veces no estás. - Decía Jorge con una mezcla de temor y pena. Ella inmediatamente se desconectó, desvió la mirada, los ojos empezaron a empañarsele recordando y, lo peor, a sabiendas que a él eso le dolía. La abrazó casi sin darle el respiro de las lágrimas, no permitiría que salieran. Ella suspiraba mirando al cielo, se heló. Su cuerpo estaba rígido, no era capaz de derretirse ante el calor de esos brazos, quizá él no se dio cuenta pero ella no podía en aquel momento relajarse. Una punzada en el pecho, se aceleraba, respiraba intentando controlar la ansiedad que le estaba provocando esa situación. Él con su manera cómica de quitar hierro a estas situaciones, consiguió que empezase a reir y no pensar. Camino al lugar que ambos tenían obligación de ir, no les apetecía nada, habrían ido a cualquier otro sito, excepto a ese.
Al llegar, entraron juntos por aquella puerta, las miradas de acoso y derribo eran puñales. Allí estaba un amigo de él y compañero de ella, era el único que tenía conocimiento del secreto. Además de varios ojos más. Ella se fue a su sitio y él quedó allí esperando. Ya en aquel lugar, al llegar empezaron a acosarle con preguntas, con indirectas, con intromisiones... A él no le hubiese importado gritarles que si, pero le podía más el proteger aquello. No lo iba a perder por un absurdo comentario o ironía.
Veronica ya sola, pensaba, miraba el movil y, sorprendentemente, no esperando noticias de Angel. Aunque un día antes había leido algo que le dejó el alma un poco descolocada, suponía que era su intento de autoconvencimiento, de querer y no querer poder. Pero a ella ya no le incumbía, sí como amiga pero como nada más. Era difícil separar amistad de sentimientos y, a veces, ella quería salir corriendo y no estar ni para escuchar, pero tampoco podía, no era su forma de ser. Pasó aquella tarde gélida mirando cómo la escarcha caía sobre su cuerpo y le calaba hasta el alma, tiritando por el frío interno más que el externo. Al finalizar le esperaban sus ojos verdes en la puerta, no podía abrazarla en aquel momento aunque sus brazos querían lo contrario, se les fueron las manos en un par de ocasiones pero rápidamente las retiraron y se echaron a reir. Jorge no lo hacía porque ella se lo había pedido exclusivamente, no porque no lo deseara, la respetaba muchísimo. Lealtad... Eso iban consiguiendo. Al llegar al coche...
- No se tu pero yo... ya no aguanto más... - Jorge se giró hacia ella, la cogió como un muñeco que no oponía ninguna resistencia y la besó sin límite, sin miedo, con mucha energía y viveza. Al conseguir despegarse el uno del otro, el suspiro de él lo decía todo. Ella le miraba con los ojos como platos, medio sonriendo, admirando todo aquel arranque de coraje. Se marcharon a un lugar alejado de ojos indiscretos.
Aquella noche Verónica ya no pensaba en Angel, dormiría con la imagen de aquellos labios que querían que fuese solamente suya.
Al día siguiente necesitaba cada mensaje de él, era ya como un poco adicción. Mientras conducía a aquel lugar en que iba a por regalos para todos por las fechas que eran, un mensaje, otro, otro... Ella ya no sabía cuál le hacía sonreir más, de repente el miedo había empezado a desaparecer, conviriténdolo en ilusión. Tuvo una reunión con algunos amigos y otros no tanto, pero lo pasó bien, rió mucho, hacía tiempo que no se sentía tan integrada en el lugar donde estaba, tranquila, sin disipar su mente a ningún lugar, estando.
Al llegar la noche llamó a aquel amigo que le devolvía a la realidad de un plumazo, rompiendo de repente su calma y colmandola de dudas. Le dió una información que ella más o menos había imaginado días atrás pero que aquel día apenas se había parado a pensar. Y de repente su rostro cambió. De pronto comenzó a pensar que Angel ya no pensaba en ella, ya la había borrado de su mente, que le había dado la libertad eterna. Se le rompió algo por dentro. Jorge desapareció de su cabeza por unos momentos, dejando sitio a la tormenta provocada por la sonrisa hechicera.
Una hora despues...
- Hola, ¿cómo estamos?- Angel tocaba a su puerta... Reaccionó con una sonrisa que quería borrar en el mismo momento. Se decía a si misma que no, que le negara la oportunidad, pero era amiga ante todo. Hablaron unos minutos hasta que, para variar, rompió aquella magia con la frase. La que le mataba a ella por dentro. Estaba físicamente dolorida, cansada, agotada pero de repente el sueño se le fue... Ya no podía dormir. Otra vez.
Cuando su mente frenó el vendaval de emociones, su cuerpo se rindió al sueño, cayó sin más. Las pesadillas aquella noche volvieron a su mente. Abrir los ojos cada media hora asustada, viendo pasar todas las horas del reloj. No descansó absolutamente nada. Y despertó maldiciendo la hora en que apareció en aquel lugar, que debía desaparecer...
"Un mal día lo tiene cualquiera..." se autoconvencía...
Durante aquellos días infinitos, ella seguía con su vida, con sus cosas, parecía que la Navidad había activado los radares de la gente que la conocía y no la dejaban parar un segundo, sin dar tregua a sus emociones o pensamientos, manteniéndola ocupada hasta el último segundo. No tuvo tiempo de recordar ni uno, ni otro. Pero el chico de ojos verdes no le dejaba olvidarle. Ahí estaba siempre. Sin querer, en alguna conversación ella dijo palabras que él entendería como un reproche de agobio, cuando realmente tampoco era así.
Iba a trabajar, sin ganas, con las piernas como si le hubiesen colocado plomo en ellas, deseaba que llegase la hora de salir. Aquella tarde allí la esperaría, como un clavo... Al verla llegar, la sonrisa le invadió la mirada. Pasaron más tiempo del normal juntos, riendo, hablando, abrazando... En una conversación...
- Se que a veces te vas... a veces no estás. - Decía Jorge con una mezcla de temor y pena. Ella inmediatamente se desconectó, desvió la mirada, los ojos empezaron a empañarsele recordando y, lo peor, a sabiendas que a él eso le dolía. La abrazó casi sin darle el respiro de las lágrimas, no permitiría que salieran. Ella suspiraba mirando al cielo, se heló. Su cuerpo estaba rígido, no era capaz de derretirse ante el calor de esos brazos, quizá él no se dio cuenta pero ella no podía en aquel momento relajarse. Una punzada en el pecho, se aceleraba, respiraba intentando controlar la ansiedad que le estaba provocando esa situación. Él con su manera cómica de quitar hierro a estas situaciones, consiguió que empezase a reir y no pensar. Camino al lugar que ambos tenían obligación de ir, no les apetecía nada, habrían ido a cualquier otro sito, excepto a ese.
Al llegar, entraron juntos por aquella puerta, las miradas de acoso y derribo eran puñales. Allí estaba un amigo de él y compañero de ella, era el único que tenía conocimiento del secreto. Además de varios ojos más. Ella se fue a su sitio y él quedó allí esperando. Ya en aquel lugar, al llegar empezaron a acosarle con preguntas, con indirectas, con intromisiones... A él no le hubiese importado gritarles que si, pero le podía más el proteger aquello. No lo iba a perder por un absurdo comentario o ironía.
Veronica ya sola, pensaba, miraba el movil y, sorprendentemente, no esperando noticias de Angel. Aunque un día antes había leido algo que le dejó el alma un poco descolocada, suponía que era su intento de autoconvencimiento, de querer y no querer poder. Pero a ella ya no le incumbía, sí como amiga pero como nada más. Era difícil separar amistad de sentimientos y, a veces, ella quería salir corriendo y no estar ni para escuchar, pero tampoco podía, no era su forma de ser. Pasó aquella tarde gélida mirando cómo la escarcha caía sobre su cuerpo y le calaba hasta el alma, tiritando por el frío interno más que el externo. Al finalizar le esperaban sus ojos verdes en la puerta, no podía abrazarla en aquel momento aunque sus brazos querían lo contrario, se les fueron las manos en un par de ocasiones pero rápidamente las retiraron y se echaron a reir. Jorge no lo hacía porque ella se lo había pedido exclusivamente, no porque no lo deseara, la respetaba muchísimo. Lealtad... Eso iban consiguiendo. Al llegar al coche...
- No se tu pero yo... ya no aguanto más... - Jorge se giró hacia ella, la cogió como un muñeco que no oponía ninguna resistencia y la besó sin límite, sin miedo, con mucha energía y viveza. Al conseguir despegarse el uno del otro, el suspiro de él lo decía todo. Ella le miraba con los ojos como platos, medio sonriendo, admirando todo aquel arranque de coraje. Se marcharon a un lugar alejado de ojos indiscretos.
Aquella noche Verónica ya no pensaba en Angel, dormiría con la imagen de aquellos labios que querían que fuese solamente suya.
Al día siguiente necesitaba cada mensaje de él, era ya como un poco adicción. Mientras conducía a aquel lugar en que iba a por regalos para todos por las fechas que eran, un mensaje, otro, otro... Ella ya no sabía cuál le hacía sonreir más, de repente el miedo había empezado a desaparecer, conviriténdolo en ilusión. Tuvo una reunión con algunos amigos y otros no tanto, pero lo pasó bien, rió mucho, hacía tiempo que no se sentía tan integrada en el lugar donde estaba, tranquila, sin disipar su mente a ningún lugar, estando.
Al llegar la noche llamó a aquel amigo que le devolvía a la realidad de un plumazo, rompiendo de repente su calma y colmandola de dudas. Le dió una información que ella más o menos había imaginado días atrás pero que aquel día apenas se había parado a pensar. Y de repente su rostro cambió. De pronto comenzó a pensar que Angel ya no pensaba en ella, ya la había borrado de su mente, que le había dado la libertad eterna. Se le rompió algo por dentro. Jorge desapareció de su cabeza por unos momentos, dejando sitio a la tormenta provocada por la sonrisa hechicera.
Una hora despues...
- Hola, ¿cómo estamos?- Angel tocaba a su puerta... Reaccionó con una sonrisa que quería borrar en el mismo momento. Se decía a si misma que no, que le negara la oportunidad, pero era amiga ante todo. Hablaron unos minutos hasta que, para variar, rompió aquella magia con la frase. La que le mataba a ella por dentro. Estaba físicamente dolorida, cansada, agotada pero de repente el sueño se le fue... Ya no podía dormir. Otra vez.
Cuando su mente frenó el vendaval de emociones, su cuerpo se rindió al sueño, cayó sin más. Las pesadillas aquella noche volvieron a su mente. Abrir los ojos cada media hora asustada, viendo pasar todas las horas del reloj. No descansó absolutamente nada. Y despertó maldiciendo la hora en que apareció en aquel lugar, que debía desaparecer...
"Un mal día lo tiene cualquiera..." se autoconvencía...
lunes, 2 de enero de 2012
Parte 18
Andrés volvía a sus recuerdos, poniéndose en su piel, sintiendo aquel dolor que le llevaba a querer cerrar todas las cicatrices del alma con cualquier sustancia nociva para su cuerpo pero salvadora para su alma.
Intentaba ponerse otra vez en aquella situación cuando todo era angustia y amargura, cuando perdió la alegría y la gracilidad al andar. Pero en esta ocasión era diferente. Muy diferente. Intentaba buscar las respuestas en otros lugares, sentada en un parque mirando al cielo, cerrando los ojos y confundiendo un rostro con otro. Aquel hormigueo provocado por el sentir de meses atrás, dudaba entre quién lo provocaba. Hundía su mirada en aquel pequeño estanque, mientras imaginaba cómo sería todo bajo todo ese agua, libre, sin tener que pensar como todos esos peces... Sin memoria. Encontrar una pastilla contra el dolor y que le hiciera querer más a quien debía. Deseaba tomarse el bote entero.
La princesa que se sentía tiempo atrás desaparecía tras los besos perdidos, las miradas elegantes y cautivas ya no podrían producirse, ya no serían las mismas, aquello le borraba la sonrisa de repente. Un teléfono que no paraba de sonar, recordando que había algo por lo que luchar y conseguir esa estabilidad que necesitaba, esa seguridad de que nada malo iba a suceder. Ahora ya no era aquella muchacha de imaginación desbordante, de sorpresas infinitas, de cerebro enrevesado... No... Ahora solo se dejaba llevar por unas manos que sentía sinceras, dulces, amables y fuertes.
Como un muñeco roto o desgastado que busca su costurero para que reavive aquel caracter perdido, aquella viveza dormida, solo deseaba dormir y dormir para no tener que recordar ni pensar, pues en sus sueños ya no existían aquellas malas imagenes, aquello que le despertaba de un sobresalto, de un grito o unas lágrimas desgarradoras. Ahora su sueño era calma, paz y mente en blanco. Algo que comenzó a suceder a la llegada de Jorge y que ella no era capaz de encajar en el puzzle desmontado de su cerebro, pero que le encantaba sentir. Descansar sin miedo. Sin miedo a perder. Posiblemente aquello fue el desencadenante de todo lo que sucedió, ver la tranquilidad tan de cerca, dejar los estados de ansiedad a un lado al pensar en la calma de sus brazos que podría tener cada momento que ella necesitase sin tener que pedirlo ni rogarlo. Ni mendigarlo.
No había sido esclava de sus besos hasta el momento que sintió que nunca más los tendría, que ya no valía de nada luchar contracorriente por algo que no iría a ningún sitio. Pensaba tambien que quizá él buscaba lo que ella no quería darle, la petición, la seguridad de que a su lado no le pasaría nada y juntos harían aquel camino eterno. Pero ella no, no podía ni quería... No podría cargar con algo así. A sabiendas que si así fuese... Nunca acabaría. Pero no. Prefería darle lo que ansiaba, la paz, la calma anterior, dejar de revolucionar aquella vida rutinaria y sacrificada, dejar de ser lo que le daba vida. Prefería dejar que la sombra volviese a inundar los rincones de su alma.
Ahora ya no sería aquel muro de hormigón que no dejaba entrar a nadie, pues si algo había conseguido Angel era eso, su bondad. Sacar todas aquellas cosas buenas que ella guardaba y que no había querido sacar a relucir por miedo al mal uso que le habían dado tiempo atrás. Pero ahora prefería ser la pobre tonta a la pequeña aprendiz de satán en que se había convertido.
Sin embargo no podía ser buena con él, en la distancia sí recordaba aquellos mágicos momentos pero al tenerle en frente le podía la rabia, el dolor le cegaba dando paso a una ira sostenida que se convertía en losa, pesándole cada pedazo de su ser. En su última conversación, Angel con los ojos cargados de incomprensión y dolor le pedía que le insultase, que dijese algo... Ella no le habría insultado sino que habría roto sus nudillos contra su cuerpo, contra aquello que le hacía sentir toda la negrura del mundo, la impotencia... Pero por otro lado sólo podía adorar, desear, amar, admirar... Porque en el fondo había sido valiente, aunque tambien cobarde, pero cuando aquel ramalazo de valentía y rebeldía salía a relucir, ella se enamoraba irremediablemente. Aunque cuando la cobardía venía a por él, le desgastaba, le causaba un desasosiego y una intranquilidad... Eso era lo que ardía en su estómago en días posteriores y no las copas que había ingerido buscando el olvido perenne.
Los amaneceres se tenían de color al sonar el movil y ver ese... "Buenos días mi niña...". La sonrisa incompleta, como él le decía, se pintaba en su rostro. Convirtiéndose en antídoto contra el dolor, suavizándolo con respeto, con cariño, con comprensión y espacio. Dejando que el tiempo acumulase todo lo que debía para conjugar el complemento perfecto. Para que nada enturbiase aquella mirada, protegiendo la vida y el mundo que habían creado.
Buscando el armario donde se esconde la ilusión, la alegría y la pasión...
Jorge decía ver en los ojos de ella, la pasión, la ternura, la felicidad que le provocaba estar junto a él... Quiso rendirse días atrás porque nunca conseguiría provocar lo que Angel le había dado, ella le entendía, era normal. Ella no quería comparar nunca, no solía hacerlo. Y seguía sin hacerlo, pues si empezaba algo, lo hacía desde cero por mucho que los recuerdos le invadiesen. Si estaba con alguien, estaba con ese alguien y no con sus vivencias anteriores. Cada cual daba lo que tenía, lo que podía, ponía sus cartas sobre la mesa y si había la suerte de tener un poker de ases, partida ganada, pero sino... Tampoco estaba perdida, simplemente habría que planear una estrategia diferente. Pero a veces los apoyos... son irremediables, y cuando algo afecta directamente, ella pensaba que era mejor contarlo para que cada cual supiera con qué cartas podía contar. Aquello de... "esto es lo que hay... si lo quieres, luchalo." Aunque no pudiera pedirlo ni exigirlo, pero era la manera en que ella creía mejor y más conveniente que viviera Jorge. En la realidad. Sin engaños, sin mentiras...
Jorge terminó comprendiendo que no había de ser una imitación de lo anterior, sino que debía ser lo que era, ser él mismo, ya que si ella le había abierto las puertas sería por algo... Sino, nunca habría entrado a su vida. Esa garra era la que a Verónica le devolvía la respiración en un segundo, ese coraje y esa pasión en una meta. Gente con ilusión, con valor, con sueños... y no soñando.
Aunque verdaderamente ella era la primera que se pasaba el día imaginando y no haciendo nada...
- Hola Verooooo... ¿Cómo estas despues de la de ayer? Menuda pieza estás hecha, bonita. ¿Dónde te metiste? No te encotrabamos por ningún sitio...- Tamara llamaba al movil interrogando a lo escopeta.
- Tami, como que no me apetece ni recordarlo... De hecho ni lo recuerdo, sino me lo dices tu... Siiiii, vaaaaaale, fue la peor borrachera de mi vida, la peor resaca y lo peor de todo pero... pasó y pasó. ¿Donde has dormido tu? te dejé tirada, lo siento... ¿Quien te ha llevado a casa?- Intentaba evadir más recuerdos.
- Pues nada, tus tios me subieron ayer al ver que no venías, no te preocupes, son muy majos, se han portado genial conmigo, oye ¿y el chaval aquel al que te declaraste via movil? ¿Que ya ha salido corriendo? jajajaja... - se mofaba la niña al otro lado del teléfono.
- Jajaja, pues no listilla, ahí sigue, como dice él, pico- pala... jajaja, es de las primeras veces que alguien insiste tanto en conocer algo más de mi... Me estaré volviendo demasiado misteriosa... Oscura y mala... jajajaja. Pero en el fondo me gusta que esté ahí.- Le respondía entre risas y con una pequeña porción de ilusión.
- Vero, solo te digo que sonrías, me da igual con quien, y que seas fiel a lo que siempre lo fuiste, a tu alma. No a tu mente. Aunque hayas sufrido de más, sabes que cuando has vivido con lo que tu corazón te decía has sido inmensamente feliz, quedate con eso...- La chica intentaba alentar de nuevo las ilusiones perdidas dejándola de nuevo en un mar de dudas...
Estrellarse contra una montaña de arena o volar en el inmenso mar de los ojos que ahora eran para ella... Pensaba qué manía tenía la gente de meterse en su vida sin avisar y sin ser llamado, llenándose de rabia por segundos...
Intentaba ponerse otra vez en aquella situación cuando todo era angustia y amargura, cuando perdió la alegría y la gracilidad al andar. Pero en esta ocasión era diferente. Muy diferente. Intentaba buscar las respuestas en otros lugares, sentada en un parque mirando al cielo, cerrando los ojos y confundiendo un rostro con otro. Aquel hormigueo provocado por el sentir de meses atrás, dudaba entre quién lo provocaba. Hundía su mirada en aquel pequeño estanque, mientras imaginaba cómo sería todo bajo todo ese agua, libre, sin tener que pensar como todos esos peces... Sin memoria. Encontrar una pastilla contra el dolor y que le hiciera querer más a quien debía. Deseaba tomarse el bote entero.
La princesa que se sentía tiempo atrás desaparecía tras los besos perdidos, las miradas elegantes y cautivas ya no podrían producirse, ya no serían las mismas, aquello le borraba la sonrisa de repente. Un teléfono que no paraba de sonar, recordando que había algo por lo que luchar y conseguir esa estabilidad que necesitaba, esa seguridad de que nada malo iba a suceder. Ahora ya no era aquella muchacha de imaginación desbordante, de sorpresas infinitas, de cerebro enrevesado... No... Ahora solo se dejaba llevar por unas manos que sentía sinceras, dulces, amables y fuertes.
Como un muñeco roto o desgastado que busca su costurero para que reavive aquel caracter perdido, aquella viveza dormida, solo deseaba dormir y dormir para no tener que recordar ni pensar, pues en sus sueños ya no existían aquellas malas imagenes, aquello que le despertaba de un sobresalto, de un grito o unas lágrimas desgarradoras. Ahora su sueño era calma, paz y mente en blanco. Algo que comenzó a suceder a la llegada de Jorge y que ella no era capaz de encajar en el puzzle desmontado de su cerebro, pero que le encantaba sentir. Descansar sin miedo. Sin miedo a perder. Posiblemente aquello fue el desencadenante de todo lo que sucedió, ver la tranquilidad tan de cerca, dejar los estados de ansiedad a un lado al pensar en la calma de sus brazos que podría tener cada momento que ella necesitase sin tener que pedirlo ni rogarlo. Ni mendigarlo.
No había sido esclava de sus besos hasta el momento que sintió que nunca más los tendría, que ya no valía de nada luchar contracorriente por algo que no iría a ningún sitio. Pensaba tambien que quizá él buscaba lo que ella no quería darle, la petición, la seguridad de que a su lado no le pasaría nada y juntos harían aquel camino eterno. Pero ella no, no podía ni quería... No podría cargar con algo así. A sabiendas que si así fuese... Nunca acabaría. Pero no. Prefería darle lo que ansiaba, la paz, la calma anterior, dejar de revolucionar aquella vida rutinaria y sacrificada, dejar de ser lo que le daba vida. Prefería dejar que la sombra volviese a inundar los rincones de su alma.
Ahora ya no sería aquel muro de hormigón que no dejaba entrar a nadie, pues si algo había conseguido Angel era eso, su bondad. Sacar todas aquellas cosas buenas que ella guardaba y que no había querido sacar a relucir por miedo al mal uso que le habían dado tiempo atrás. Pero ahora prefería ser la pobre tonta a la pequeña aprendiz de satán en que se había convertido.
Sin embargo no podía ser buena con él, en la distancia sí recordaba aquellos mágicos momentos pero al tenerle en frente le podía la rabia, el dolor le cegaba dando paso a una ira sostenida que se convertía en losa, pesándole cada pedazo de su ser. En su última conversación, Angel con los ojos cargados de incomprensión y dolor le pedía que le insultase, que dijese algo... Ella no le habría insultado sino que habría roto sus nudillos contra su cuerpo, contra aquello que le hacía sentir toda la negrura del mundo, la impotencia... Pero por otro lado sólo podía adorar, desear, amar, admirar... Porque en el fondo había sido valiente, aunque tambien cobarde, pero cuando aquel ramalazo de valentía y rebeldía salía a relucir, ella se enamoraba irremediablemente. Aunque cuando la cobardía venía a por él, le desgastaba, le causaba un desasosiego y una intranquilidad... Eso era lo que ardía en su estómago en días posteriores y no las copas que había ingerido buscando el olvido perenne.
Los amaneceres se tenían de color al sonar el movil y ver ese... "Buenos días mi niña...". La sonrisa incompleta, como él le decía, se pintaba en su rostro. Convirtiéndose en antídoto contra el dolor, suavizándolo con respeto, con cariño, con comprensión y espacio. Dejando que el tiempo acumulase todo lo que debía para conjugar el complemento perfecto. Para que nada enturbiase aquella mirada, protegiendo la vida y el mundo que habían creado.
Buscando el armario donde se esconde la ilusión, la alegría y la pasión...
Jorge decía ver en los ojos de ella, la pasión, la ternura, la felicidad que le provocaba estar junto a él... Quiso rendirse días atrás porque nunca conseguiría provocar lo que Angel le había dado, ella le entendía, era normal. Ella no quería comparar nunca, no solía hacerlo. Y seguía sin hacerlo, pues si empezaba algo, lo hacía desde cero por mucho que los recuerdos le invadiesen. Si estaba con alguien, estaba con ese alguien y no con sus vivencias anteriores. Cada cual daba lo que tenía, lo que podía, ponía sus cartas sobre la mesa y si había la suerte de tener un poker de ases, partida ganada, pero sino... Tampoco estaba perdida, simplemente habría que planear una estrategia diferente. Pero a veces los apoyos... son irremediables, y cuando algo afecta directamente, ella pensaba que era mejor contarlo para que cada cual supiera con qué cartas podía contar. Aquello de... "esto es lo que hay... si lo quieres, luchalo." Aunque no pudiera pedirlo ni exigirlo, pero era la manera en que ella creía mejor y más conveniente que viviera Jorge. En la realidad. Sin engaños, sin mentiras...
Jorge terminó comprendiendo que no había de ser una imitación de lo anterior, sino que debía ser lo que era, ser él mismo, ya que si ella le había abierto las puertas sería por algo... Sino, nunca habría entrado a su vida. Esa garra era la que a Verónica le devolvía la respiración en un segundo, ese coraje y esa pasión en una meta. Gente con ilusión, con valor, con sueños... y no soñando.
Aunque verdaderamente ella era la primera que se pasaba el día imaginando y no haciendo nada...
- Hola Verooooo... ¿Cómo estas despues de la de ayer? Menuda pieza estás hecha, bonita. ¿Dónde te metiste? No te encotrabamos por ningún sitio...- Tamara llamaba al movil interrogando a lo escopeta.
- Tami, como que no me apetece ni recordarlo... De hecho ni lo recuerdo, sino me lo dices tu... Siiiii, vaaaaaale, fue la peor borrachera de mi vida, la peor resaca y lo peor de todo pero... pasó y pasó. ¿Donde has dormido tu? te dejé tirada, lo siento... ¿Quien te ha llevado a casa?- Intentaba evadir más recuerdos.
- Pues nada, tus tios me subieron ayer al ver que no venías, no te preocupes, son muy majos, se han portado genial conmigo, oye ¿y el chaval aquel al que te declaraste via movil? ¿Que ya ha salido corriendo? jajajaja... - se mofaba la niña al otro lado del teléfono.
- Jajaja, pues no listilla, ahí sigue, como dice él, pico- pala... jajaja, es de las primeras veces que alguien insiste tanto en conocer algo más de mi... Me estaré volviendo demasiado misteriosa... Oscura y mala... jajajaja. Pero en el fondo me gusta que esté ahí.- Le respondía entre risas y con una pequeña porción de ilusión.
- Vero, solo te digo que sonrías, me da igual con quien, y que seas fiel a lo que siempre lo fuiste, a tu alma. No a tu mente. Aunque hayas sufrido de más, sabes que cuando has vivido con lo que tu corazón te decía has sido inmensamente feliz, quedate con eso...- La chica intentaba alentar de nuevo las ilusiones perdidas dejándola de nuevo en un mar de dudas...
Estrellarse contra una montaña de arena o volar en el inmenso mar de los ojos que ahora eran para ella... Pensaba qué manía tenía la gente de meterse en su vida sin avisar y sin ser llamado, llenándose de rabia por segundos...
domingo, 1 de enero de 2012
Parte 17
Llegó la noche mágica, aquella en la que todo el mundo compraba o alquilaba trajes para despedir el año y sus problemas, dejando entrar al nuevo. Aquel día Verónica no estaba precisamente todo lo feliz que debiera, ya que despedir ese año significaba dejar muchas cosas atrás. Los momentos especiales de su vida junto a aquel que le devolvió su verdadera forma de ser, las ausencias de otros que por motivos dispares habían ido dejando el mundo, la llegada de nuevas personas que le habían hecho pensar que aun tenía corazón... No solía gustarle nada de esto, porque eran días en los que la armonía no reinaba en ningún sitio y tampoco en su interior.
Había planeado irse junto a unos amigos fuera del país pero debido a motivos externos, dejaron pasar ese plan para otro momento. Tamara, ahora muy unida a ella, pasaba aquella noche junto a ella. No sabía dónde llevarla que no le recordase nada de su vida, pero al final algo siempre se lo recordaría. Aquellas fechas solía pasar una noche con su madre y la otra con Andrés, pero al no estar éste, la niña se quedaba colgada porque su madre hacía otros planes con sus amigos y le molestaba su presencia. Así que Verónica haría un año más de amiga fiel.
Se pasó el día entero intentando simular que la alegría le salía por cada poro de su piel, no siendo así. Pero debía hacerlo por tanta gente que incluso ella misma ya se lo creía. Durante la cena sucedieron hechos que ella no soportaba, no podía ver como culpaban a una personita de siete años de causar un problema que realmente residía en los que discutían. Se levantó de la mesa, cogió al pequeño que no paraba de llorar y angustiarse, salieron a la calle y estuvieron jugando a "aquí no pasa nada"...
- No entiendo cómo esos dos personajes pueden comportarse así Vero... Y lo que tampoco entiendo es como tu, siendo como eres, no has pegado un bocinazo de los tuyos para poner orden...- Le comentaba Tamara mientras veían al enano jugando solo.
- Pues es tan sencillo como que muchos matrimonios acumulan errores, dolores, palabras... En resumen, silencio. Y eso les lleva a cometer el fallo más grande de sus vidas, creerse felices cuando no lo son. Tami, eso era lo que le pasaba a tu padre, lo que me pasaba a mi, lo que les pasa a muchos. Y al final todo sale, todo rebosa por algun lado haciendo culpables a los que menos culpa tienen, a vosotros. Ahora mismo, ese niño se encuentra en el mismo punto que tu te encontrabas y el día de mañana pensará como tu. Que no existe el amor real, que todo hay que fingirlo para que fluya... ¿no?- Mientras le explicaba esto, las lágrimas caían para adentro y no hacia fuera, recordando todo lo que había intentado explicar a aquellos a los que quiso.
- Puedes tener razón... Pero es tan injusto para todos. Ahora estamos los tres aquí sin cenar, ellos arriba sin cenar y matándose... Ahora es cuando echo de menos las hamburguesas tirados en el suelo ¿te acuerdas? ¡Cómo me gustaba cuando os unía a papá y a ti!, si te sirve de algo, gracias a ti, creo que el corazón existe y que se puede luchar por lo que él dice y no lo que la cabeza quiere decir... Me enseñaste muchas cosas.- La niña hecha ya una mujercita, le expresaba lo que a ella le hubiese gustado escuchar de tantos. Verónica solo sonrió sintiéndose bien, recordando aquellos ojos que le hacían perderse en mundos de sueño y paz.
Poco rato despues se incorporaban a la mesa haciendo que todo había sido una tontería para que aquel niño volviese a sonreir. Todos frente a la televisión, esperando que comenzaran a sonar las primeras campanadas del año. Un rato antes de empezar, un mensaje al movil.
"Te iba a desear feliz año, pero ¿sabes qué? Que en vez de deseartelo, me voy a encargar de realizarlo, de hacerte feliz mi niña. Te quiero."
En ese momento pensó que era la mejor promesa y el mejor deseo que le habían mandado en todo el día. Jorge no paraba ni un segundo de mostrarle toda su atención, todo lo que pensaba en ella, todo lo que le hacía sonreir. A ella le llenaba ver todo aquello. Pero en ocasiones, su mente se iba a otro lugar. Él lo sabía e intentaba que no se fuese, que su imagen inundase su mente.
- Verooooo, despierta... ¿Qué te han dicho? Te has quedado embobada.- Le devolvía Tamara a la tierra.
- Nada, que me quieren... Pero como yo soy como soy... Pues no se si querer, si creer... Ya me conoces ¿qué te voy a explicar? No entiendo cómo una persona puede quererme, a mi, tan rápido. Sin embargo... Si entiendo cuando yo empiezo a querer en un segundo... Tonterías nena, tonterías...- Intentaba explicarle pero no sabía cómo hacerlo porque ni ella misma sabía lo que le pasaba por la cabeza. Angel volvía a recordarle sutilmente un "¡Eh! que sigo aquí..." y si ya de por si, ella no podía olvidarle tan facilmente... Pero en el fondo ella deseaba que siguiera recordándoselo.
Y así... Perdida en un mar de dudas, de pensamientos almacenados en la mente, de dolores recogidos en el alma, cogió la botella, la copa y comenzó a mezclar todo como una cocktelera. Se fueron a aquel lugar donde la música parecía sacada del peor recopilatorio de los años sesenta, se apoyó en la barra quitándose el abrigo, al hacerlo... Veinte ojos mirando, algunos cuchillos clavándose en su cuerpo para matarla, otros desnudándola con la mirada. Ella reía por dentro a lo diablesa, y diciéndose a sí misma que no tendrían valor ni unos, ni otras. Tamara intentaba hacer de guardaespaldas mirando a todo aquel que la deseara. Fue en aquel momento cuando Verónica desapareció de repente. Dejando a la chica con los demás y ella con su copa en un rincón de la sala. Oscuro, donde nadie la veía, observaba a todo el mundo, desde la pareja cincuentona a la que le importaba un bledo si se reían de ellos o no, hasta aquel chico pesado que no dejaba a nadie en paz, ni unos ni otros. Y se preguntaba si alguien era de verdad, auténtico...
Allí en aquel rincón intentaba poner la distancia suficiente entre su cabeza y su corazón, intentaba saber a quién echaba de menos realmente... Lo sabía pero no lo diría. No. Por mucho que le doliese el silencio. No era momento, ni lugar, ni... nada.
Había planeado irse junto a unos amigos fuera del país pero debido a motivos externos, dejaron pasar ese plan para otro momento. Tamara, ahora muy unida a ella, pasaba aquella noche junto a ella. No sabía dónde llevarla que no le recordase nada de su vida, pero al final algo siempre se lo recordaría. Aquellas fechas solía pasar una noche con su madre y la otra con Andrés, pero al no estar éste, la niña se quedaba colgada porque su madre hacía otros planes con sus amigos y le molestaba su presencia. Así que Verónica haría un año más de amiga fiel.
Se pasó el día entero intentando simular que la alegría le salía por cada poro de su piel, no siendo así. Pero debía hacerlo por tanta gente que incluso ella misma ya se lo creía. Durante la cena sucedieron hechos que ella no soportaba, no podía ver como culpaban a una personita de siete años de causar un problema que realmente residía en los que discutían. Se levantó de la mesa, cogió al pequeño que no paraba de llorar y angustiarse, salieron a la calle y estuvieron jugando a "aquí no pasa nada"...
- No entiendo cómo esos dos personajes pueden comportarse así Vero... Y lo que tampoco entiendo es como tu, siendo como eres, no has pegado un bocinazo de los tuyos para poner orden...- Le comentaba Tamara mientras veían al enano jugando solo.
- Pues es tan sencillo como que muchos matrimonios acumulan errores, dolores, palabras... En resumen, silencio. Y eso les lleva a cometer el fallo más grande de sus vidas, creerse felices cuando no lo son. Tami, eso era lo que le pasaba a tu padre, lo que me pasaba a mi, lo que les pasa a muchos. Y al final todo sale, todo rebosa por algun lado haciendo culpables a los que menos culpa tienen, a vosotros. Ahora mismo, ese niño se encuentra en el mismo punto que tu te encontrabas y el día de mañana pensará como tu. Que no existe el amor real, que todo hay que fingirlo para que fluya... ¿no?- Mientras le explicaba esto, las lágrimas caían para adentro y no hacia fuera, recordando todo lo que había intentado explicar a aquellos a los que quiso.
- Puedes tener razón... Pero es tan injusto para todos. Ahora estamos los tres aquí sin cenar, ellos arriba sin cenar y matándose... Ahora es cuando echo de menos las hamburguesas tirados en el suelo ¿te acuerdas? ¡Cómo me gustaba cuando os unía a papá y a ti!, si te sirve de algo, gracias a ti, creo que el corazón existe y que se puede luchar por lo que él dice y no lo que la cabeza quiere decir... Me enseñaste muchas cosas.- La niña hecha ya una mujercita, le expresaba lo que a ella le hubiese gustado escuchar de tantos. Verónica solo sonrió sintiéndose bien, recordando aquellos ojos que le hacían perderse en mundos de sueño y paz.
Poco rato despues se incorporaban a la mesa haciendo que todo había sido una tontería para que aquel niño volviese a sonreir. Todos frente a la televisión, esperando que comenzaran a sonar las primeras campanadas del año. Un rato antes de empezar, un mensaje al movil.
"Te iba a desear feliz año, pero ¿sabes qué? Que en vez de deseartelo, me voy a encargar de realizarlo, de hacerte feliz mi niña. Te quiero."
En ese momento pensó que era la mejor promesa y el mejor deseo que le habían mandado en todo el día. Jorge no paraba ni un segundo de mostrarle toda su atención, todo lo que pensaba en ella, todo lo que le hacía sonreir. A ella le llenaba ver todo aquello. Pero en ocasiones, su mente se iba a otro lugar. Él lo sabía e intentaba que no se fuese, que su imagen inundase su mente.
- Verooooo, despierta... ¿Qué te han dicho? Te has quedado embobada.- Le devolvía Tamara a la tierra.
- Nada, que me quieren... Pero como yo soy como soy... Pues no se si querer, si creer... Ya me conoces ¿qué te voy a explicar? No entiendo cómo una persona puede quererme, a mi, tan rápido. Sin embargo... Si entiendo cuando yo empiezo a querer en un segundo... Tonterías nena, tonterías...- Intentaba explicarle pero no sabía cómo hacerlo porque ni ella misma sabía lo que le pasaba por la cabeza. Angel volvía a recordarle sutilmente un "¡Eh! que sigo aquí..." y si ya de por si, ella no podía olvidarle tan facilmente... Pero en el fondo ella deseaba que siguiera recordándoselo.
Y así... Perdida en un mar de dudas, de pensamientos almacenados en la mente, de dolores recogidos en el alma, cogió la botella, la copa y comenzó a mezclar todo como una cocktelera. Se fueron a aquel lugar donde la música parecía sacada del peor recopilatorio de los años sesenta, se apoyó en la barra quitándose el abrigo, al hacerlo... Veinte ojos mirando, algunos cuchillos clavándose en su cuerpo para matarla, otros desnudándola con la mirada. Ella reía por dentro a lo diablesa, y diciéndose a sí misma que no tendrían valor ni unos, ni otras. Tamara intentaba hacer de guardaespaldas mirando a todo aquel que la deseara. Fue en aquel momento cuando Verónica desapareció de repente. Dejando a la chica con los demás y ella con su copa en un rincón de la sala. Oscuro, donde nadie la veía, observaba a todo el mundo, desde la pareja cincuentona a la que le importaba un bledo si se reían de ellos o no, hasta aquel chico pesado que no dejaba a nadie en paz, ni unos ni otros. Y se preguntaba si alguien era de verdad, auténtico...
Allí en aquel rincón intentaba poner la distancia suficiente entre su cabeza y su corazón, intentaba saber a quién echaba de menos realmente... Lo sabía pero no lo diría. No. Por mucho que le doliese el silencio. No era momento, ni lugar, ni... nada.
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