Andrés volvía a sus recuerdos, poniéndose en su piel, sintiendo aquel dolor que le llevaba a querer cerrar todas las cicatrices del alma con cualquier sustancia nociva para su cuerpo pero salvadora para su alma.
Intentaba ponerse otra vez en aquella situación cuando todo era angustia y amargura, cuando perdió la alegría y la gracilidad al andar. Pero en esta ocasión era diferente. Muy diferente. Intentaba buscar las respuestas en otros lugares, sentada en un parque mirando al cielo, cerrando los ojos y confundiendo un rostro con otro. Aquel hormigueo provocado por el sentir de meses atrás, dudaba entre quién lo provocaba. Hundía su mirada en aquel pequeño estanque, mientras imaginaba cómo sería todo bajo todo ese agua, libre, sin tener que pensar como todos esos peces... Sin memoria. Encontrar una pastilla contra el dolor y que le hiciera querer más a quien debía. Deseaba tomarse el bote entero.
La princesa que se sentía tiempo atrás desaparecía tras los besos perdidos, las miradas elegantes y cautivas ya no podrían producirse, ya no serían las mismas, aquello le borraba la sonrisa de repente. Un teléfono que no paraba de sonar, recordando que había algo por lo que luchar y conseguir esa estabilidad que necesitaba, esa seguridad de que nada malo iba a suceder. Ahora ya no era aquella muchacha de imaginación desbordante, de sorpresas infinitas, de cerebro enrevesado... No... Ahora solo se dejaba llevar por unas manos que sentía sinceras, dulces, amables y fuertes.
Como un muñeco roto o desgastado que busca su costurero para que reavive aquel caracter perdido, aquella viveza dormida, solo deseaba dormir y dormir para no tener que recordar ni pensar, pues en sus sueños ya no existían aquellas malas imagenes, aquello que le despertaba de un sobresalto, de un grito o unas lágrimas desgarradoras. Ahora su sueño era calma, paz y mente en blanco. Algo que comenzó a suceder a la llegada de Jorge y que ella no era capaz de encajar en el puzzle desmontado de su cerebro, pero que le encantaba sentir. Descansar sin miedo. Sin miedo a perder. Posiblemente aquello fue el desencadenante de todo lo que sucedió, ver la tranquilidad tan de cerca, dejar los estados de ansiedad a un lado al pensar en la calma de sus brazos que podría tener cada momento que ella necesitase sin tener que pedirlo ni rogarlo. Ni mendigarlo.
No había sido esclava de sus besos hasta el momento que sintió que nunca más los tendría, que ya no valía de nada luchar contracorriente por algo que no iría a ningún sitio. Pensaba tambien que quizá él buscaba lo que ella no quería darle, la petición, la seguridad de que a su lado no le pasaría nada y juntos harían aquel camino eterno. Pero ella no, no podía ni quería... No podría cargar con algo así. A sabiendas que si así fuese... Nunca acabaría. Pero no. Prefería darle lo que ansiaba, la paz, la calma anterior, dejar de revolucionar aquella vida rutinaria y sacrificada, dejar de ser lo que le daba vida. Prefería dejar que la sombra volviese a inundar los rincones de su alma.
Ahora ya no sería aquel muro de hormigón que no dejaba entrar a nadie, pues si algo había conseguido Angel era eso, su bondad. Sacar todas aquellas cosas buenas que ella guardaba y que no había querido sacar a relucir por miedo al mal uso que le habían dado tiempo atrás. Pero ahora prefería ser la pobre tonta a la pequeña aprendiz de satán en que se había convertido.
Sin embargo no podía ser buena con él, en la distancia sí recordaba aquellos mágicos momentos pero al tenerle en frente le podía la rabia, el dolor le cegaba dando paso a una ira sostenida que se convertía en losa, pesándole cada pedazo de su ser. En su última conversación, Angel con los ojos cargados de incomprensión y dolor le pedía que le insultase, que dijese algo... Ella no le habría insultado sino que habría roto sus nudillos contra su cuerpo, contra aquello que le hacía sentir toda la negrura del mundo, la impotencia... Pero por otro lado sólo podía adorar, desear, amar, admirar... Porque en el fondo había sido valiente, aunque tambien cobarde, pero cuando aquel ramalazo de valentía y rebeldía salía a relucir, ella se enamoraba irremediablemente. Aunque cuando la cobardía venía a por él, le desgastaba, le causaba un desasosiego y una intranquilidad... Eso era lo que ardía en su estómago en días posteriores y no las copas que había ingerido buscando el olvido perenne.
Los amaneceres se tenían de color al sonar el movil y ver ese... "Buenos días mi niña...". La sonrisa incompleta, como él le decía, se pintaba en su rostro. Convirtiéndose en antídoto contra el dolor, suavizándolo con respeto, con cariño, con comprensión y espacio. Dejando que el tiempo acumulase todo lo que debía para conjugar el complemento perfecto. Para que nada enturbiase aquella mirada, protegiendo la vida y el mundo que habían creado.
Buscando el armario donde se esconde la ilusión, la alegría y la pasión...
Jorge decía ver en los ojos de ella, la pasión, la ternura, la felicidad que le provocaba estar junto a él... Quiso rendirse días atrás porque nunca conseguiría provocar lo que Angel le había dado, ella le entendía, era normal. Ella no quería comparar nunca, no solía hacerlo. Y seguía sin hacerlo, pues si empezaba algo, lo hacía desde cero por mucho que los recuerdos le invadiesen. Si estaba con alguien, estaba con ese alguien y no con sus vivencias anteriores. Cada cual daba lo que tenía, lo que podía, ponía sus cartas sobre la mesa y si había la suerte de tener un poker de ases, partida ganada, pero sino... Tampoco estaba perdida, simplemente habría que planear una estrategia diferente. Pero a veces los apoyos... son irremediables, y cuando algo afecta directamente, ella pensaba que era mejor contarlo para que cada cual supiera con qué cartas podía contar. Aquello de... "esto es lo que hay... si lo quieres, luchalo." Aunque no pudiera pedirlo ni exigirlo, pero era la manera en que ella creía mejor y más conveniente que viviera Jorge. En la realidad. Sin engaños, sin mentiras...
Jorge terminó comprendiendo que no había de ser una imitación de lo anterior, sino que debía ser lo que era, ser él mismo, ya que si ella le había abierto las puertas sería por algo... Sino, nunca habría entrado a su vida. Esa garra era la que a Verónica le devolvía la respiración en un segundo, ese coraje y esa pasión en una meta. Gente con ilusión, con valor, con sueños... y no soñando.
Aunque verdaderamente ella era la primera que se pasaba el día imaginando y no haciendo nada...
- Hola Verooooo... ¿Cómo estas despues de la de ayer? Menuda pieza estás hecha, bonita. ¿Dónde te metiste? No te encotrabamos por ningún sitio...- Tamara llamaba al movil interrogando a lo escopeta.
- Tami, como que no me apetece ni recordarlo... De hecho ni lo recuerdo, sino me lo dices tu... Siiiii, vaaaaaale, fue la peor borrachera de mi vida, la peor resaca y lo peor de todo pero... pasó y pasó. ¿Donde has dormido tu? te dejé tirada, lo siento... ¿Quien te ha llevado a casa?- Intentaba evadir más recuerdos.
- Pues nada, tus tios me subieron ayer al ver que no venías, no te preocupes, son muy majos, se han portado genial conmigo, oye ¿y el chaval aquel al que te declaraste via movil? ¿Que ya ha salido corriendo? jajajaja... - se mofaba la niña al otro lado del teléfono.
- Jajaja, pues no listilla, ahí sigue, como dice él, pico- pala... jajaja, es de las primeras veces que alguien insiste tanto en conocer algo más de mi... Me estaré volviendo demasiado misteriosa... Oscura y mala... jajajaja. Pero en el fondo me gusta que esté ahí.- Le respondía entre risas y con una pequeña porción de ilusión.
- Vero, solo te digo que sonrías, me da igual con quien, y que seas fiel a lo que siempre lo fuiste, a tu alma. No a tu mente. Aunque hayas sufrido de más, sabes que cuando has vivido con lo que tu corazón te decía has sido inmensamente feliz, quedate con eso...- La chica intentaba alentar de nuevo las ilusiones perdidas dejándola de nuevo en un mar de dudas...
Estrellarse contra una montaña de arena o volar en el inmenso mar de los ojos que ahora eran para ella... Pensaba qué manía tenía la gente de meterse en su vida sin avisar y sin ser llamado, llenándose de rabia por segundos...
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