sábado, 7 de enero de 2012

Parte 20

Poco despues, Angel revolucionaba lo que quería de Verónica, sin saber por, ni para qué. Pero lo hacía. Él decía que siempre estarían jugando al ratón y al gato, verdad era, pero él tambien provocaba muchas situaciones. Ella ya no sabía por dónde cogerle, le robaba la calma en dos minutos. Hacia de amigo y confidente, de gran persona pero... ¿para qué? pues como él dijo tambien, para no ser radical... De esas personas que no les gusta zanjar las cosas, porque si lo hacían, ese corazón luego le haría tener remoridimientos.


Ese mismo día en que Angel decidía decir, sigo aquí pero si quieres me voy... Jorge no pasaba por uno de los momentos ideales... Llamaba la atención de ella con mensajes, intentando hacer ver que le hacía falta. Ella quería estar, escuchando a ambos... Pero por momentos sentía la necesidad de correr y gritarles que la dejaran en paz. Pero no podía, a uno por lo que había significado y al otro por lo que empezaba a significar.

Verónica no sabía por qué aquella mañana se despertaba del poco rato de sueño que había tenido, con tanta ilusión. Por un lado la preocupación de no recibir noticias de Jorge habiéndole dejado con un último mensaje que no le gustaba, por el otro... ganas de ver los ojos de Angel. Llegaba con su sonrisa conciliadora, ella no podía responder con ese orgullo que cualquier otra mujer habría utilizado en cualquier momento, pero en el fondo sentía la necesidad de haberle cruzado la cara. Amor, odio. Ambos sentimientos unidos. Pero cuando ella dejaba el enfado a un lado, se reían tanto que no podía evitar seguir ese cauce.


Mientras tanto Jorge estaba siendo desplazado a un segundo plano sin querer por ella... Quería salir tras él en algunos momentos pero en otros necesitaba no saber nada de él, echarle de menos. Angel seguía con sus idas y venidas, ahora sí, ahora no... Verónica quería ahogarle, la ponía en situaciones que ella no identificaba, no sabía si era rabia, amor, cordura, locura... Juntos hacían que el día no tuviese veinticuatro horas sino una sola. De sus problemas hacían un circo. Porque los dos querían iluminar la mirada del otro. Querían que las risas invadieran el ambiente. Dándose cuenta que quizá no necesitaban nada más, pero al ver los cuerpos... Parecían girasoles imantandose uno tras el otro. A escasos centímetros el uno del otro querían robar esos besos perdidos en todos los días de angustia. El miedo a sufrir todo aquello de días atrás les dejaba a las puertas de la felicidad. No sabían si sufrían más perdiéndose o teniéndose. Querían mantener la balanza equilibrada pero eso solo se conseguía en la distancia y ni eso.


Aquella tarde Verónica ya no sabía a quién echaba de menos, si Jorge o Angel. El primero era la calma en su presencia y el segundo la locura, teniéndo todo el conjunto de lo que se deseaba en la vida en dos personas en lugar de en una sola. Como posiblemente debía ser.

Angel era experto en revolucionar y alimentar esperanzas inexistentes, en sacar su lado bueno y su lado malo, sus maldades, sus bondades... Todas unidas para él. Jorge por el contrario solo sacaba el bueno, no era capaz de decirle realmente lo que pensaba, de sacar aquella chulería innata, aquellas dagas voladoras como decía Angel. No podía con él, era tan bueno que le podía la conciencia con él.

Tormentas de sentimientos, choque de titanes en la mente... Angel o demonio, amor o respeto... Continuar con su vida, continuaría, aunque se diese cuenta que el respeto que sentía hacia Angel era inigualable pero no podía seguir estando ahí como un muñeco. Ella ya había dado muchos pasos, se había arrastrado en demasiadas ocasiones porque comprendía que él no tuviese el valor de pedir... Pero ahora su pensamiento era, el que quiera algo que luche. El agotamiento de ser ella la única contrincante en el campo de batalla podía con su cuerpo.

Su cuerpo que se iba consumiendo perdiendo peso y peso... Angel que aquella tarde se dió cuenta le preguntaba... Pero ella solo admitió... No diría nada más. No quería hacerle sentir culpable de algo que no lo era. El fisico de las personas va por libre en ocasiones... Sin querer hacer caso a la mente. Ella por mucho que quisiera... No podía coger más kilos ya. Parecía que había dicho, hasta aquí. Semanas antes los análisis no habían sido buenos pero conseguiría elevarlos. Ya había podido una vez, ahora no sería menos. En esa angustia del silencio, de no preocupar a nadie vivía desde hacía unos meses. Todos le decían que había perdido mucho peso, ella solo asentía con la cabeza, le preguntaban los métodos y ella mientras sonreía pensaba por dentro qué les pasaría por la cabeza para querer ver la belleza en un cuerpo sin apenas vida. Y sentía que tenía que pegarles un grito y decirles que no fueran absurdos. Cuando alguien tiene un extraño don, no lo quiere, sin embargo el resto lo admiran. Mientras ella tenía que atiborrarse a pastillas para engordar, los demás comerían frascos enteros para lo contrario. Ella veía como cada día se le caía más un pantalón y se echaba a llorar, el resto veía como el pantalón les encajaba perfectamente y maldecían el turrón de las navidades. Todos querían tener lo que no tenían... Ella no quería revivir... Volver a años atrás... Y sin querer... volvía. Estrés, nervios, hiper actividad y falta de cuidados por su parte, tambien. Solamente una persona sabía de aquello, aquella persona se enfadaba al ver que no salía, pero ella lo intentaba con todas sus fuerzas, ella era la primera que no quería esa situación.

Sus ojeras iban en aumento entre la falta de sueño y vitaminas... las tapaba con un poco de maquillaje en un intento de ver luz en las sombras. No quería contar nada, no quería preocupar, no quería preguntas diarias, no quería preocupaciones ni penas... Quería que todos sonriesen como siempre...

Silencio... Solo quería silencio.

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