martes, 17 de abril de 2012

Parte 33

Tras aquel alarde de valentía y soberbia que le inundaba a Verónica intentando sacar del pozo en que se había sumido Angel, vinieron los sentimientos de impotencia, rabia, dolor y ausencia. Sobre todo ausencia. Fueron días de gran intensidad emocional para ella. Buscaba respuestas en conversaciones con amigos, amigas, intentaba saber qué pasaba por la cabeza de él, qué le llevaba a estar así. Quería correr a su lado y pegarle un manotazo en la nuca para que despertase de una vez de aquel letargo que no le dejaba vivir. En noches de soledad y furia en la mirada, recapacitó y llegó a la conclusión de que él pensaba por qué no podía ser así donde debía serlo. Verónica quería indagar, descubrir aquel punto de inflexión en todo lo que le removía por dentro. Ella comprendía, casi a la perfección, todo lo que decía y pensaba, pues ya había vivido todas aquellas preguntas, todos aquellos miedos y sus únicas respuestas fueron... "Nos dejamos perder..." por el tiempo, por la costumbre, por lo que fuese, pero en su antigua relación aquello fue lo que lo mató, la distancia del silencio entre dos personas que se encontraban a menos de un metro.


Días más tarde todo recobraba su normalidad. Verónica ansiaba sus mensajes, sus palabras bonitas, sus frases hiladas que dejaban el alma de ella en un quiero y no puedo. Pero cuando eran recibidos se maldecía por castigarse a ella misma, por reprimir lo que quería, lo que deseaba, lo que realmente le hacía sentir importante en la vida. Cuando recibía el mínimo piropo ella sonreía levemente pero su respuesta intentaba ser ácida y hostil para que él terminase odiándola, o viéndola como algo sucio. Quería interpretar el papel de su vida para que Angel fuese feliz. Cuando aquella tarde llegó él, con su cara ilusionada por verla, sus ojos brillando con su habitual vida, con la sonrisa más amplia y sincera que podía mostrar. Ella no quería mirarle a la cara, no podía porque sabía que sería su perdición, lo anhelaba desde aquella noche en que se dijeron adios, pero si ya estaba sanando, no debía ni quería volver a herirse. Allí apareció él, con su halo de luz a la espalda, sentado frente a ella, mirándola intentado taparse aquella sonrisa encantadora, cuando sacó de su bolsillo una bolsita. Sacó lo que había en ella, tendió la mano hacia Verónica y ella dejó de respirar, volvió a clavar las pupilas en las suyas, a sonreir a medias para no satisfacerle, le habría abofeteado en el momento pero no era lo correcto. Lo cogió en sus manos, lo miró.

- Lo he hecho yo.- Dijo Angel aún con esa sonrisa de quinceañero que a ella le enloquecía. Mientras la chica miraba el regalo, lo miraba a él y solo le apetecía abrazarle, besarle. - Bueno...¿qué?... di algo...-Él esperaba algo que ella no sabía qué era. La muchacha se levantó de su asiento y se dirigió un metro a lo lejos de él, de su veneno, intentando inmunizarse de todo el amor que sentía. Encendió un cigarrillo y suspiró. Él siguió sus pasos, se puso frente a ella de nuevo, esperando que ella reaccionase de alguna manera.

- Esto no funciona así... Muchas gracias, de verdad, pero esto no es así. - Ella quería decir de todo y no le salía nada.

- Solo es un regalo de amigos, un detalle como el que tuviste tu en su día, solo... - El hombre quería explicarse pero tampoco le dejaba ni la cara de ella, ni su propio interior. Se les estaba yendo todo de las manos y ninguno sabía explicárselo.

- Sabes de sobra que no es un regalo de amigos, y no es solo el regalo, es todo, los mensajes bonitos, las ganas de verme, es todo. Si has tomado una decisión, llévala a cabo.- Ella rogaba su marcha definitiva pero su corazón gritaba "Quédate". No quería perder a aquella persona que le había hecho sentir tan importante. Angel hundía su mirada en sus manos, sin saber qué hacer con ellas, arrepintiéndose en ese mismo instante de haber tenido coraje para hacer lo que sentía. Verónica al ver aquella escena quería matarse a sí misma, ella quería enseñarle a vivir con el corazón y le reprochaba por ello, aquella no era la forma. Al marcharse no quiso ni mirarle, ahogó sus lágrimas tras aquella puerta pensando en si tumbarla a puñetazos o a patadas.

Poco despues, decidió perdirle perdón por un mensaje, se sentía la persona más indecisa e injusta del mundo por hacerle aquello. No sabía cómo decirle que aquel regalo para ella había sido, en muchos años. lo mejor que le podían hacer. Que aquel momento sería guardado en el album de su memoria, junto con tantos que le había regalado, pero ese precisamente sería de los más importantes de toda su vida. Se sintió tan especial que nadie le quitaría ya aquella sensación. Como si de un plumazo borrase aquel mal momento que pasó al sentirse insignificante. Comenzaron a intercambiar mensajes, uno recriminandose a si mismo los errores que la otra le había recordado, y ella quería apaciguar todo lo mal que se lo estaba haciendo pasar, pero solo podía descargar su ira contra él, entre lágrimas y sonrisas le decía que quería volver a verle, quería abrazarle y sentir de nuevo la paz, la calma que le aportaba con sus brazos. Angel accedió.

Aquel abrazo que Verónica llevaba días, semanas, acumulando en su corazón, se dirigió inmediatamente al cuello de Angel, agarrándole sin darle opción de movimiento, con la fuerza que era capaz en aquel momento. Lloró en su hombro, queriéndo que él no la viese, pero la sentía. Soltó aquella ansiedad acumulada, la tensión de sentirle lejos de ella.

- Lo que no quiero es hacerte daño y te estoy haciendo mucho...- Pensaba en voz alta, Angel no quería hacerla sentir un juego, ni un error, porque no la veía así. Pero sin querer, con su actitud lo hacía. Las circunstancias no eran fáciles para niguno. Ella quería apoyar, entender, dar paz, pero no a costa de su propia dignidad, ni vida. De repente los labios de él irrumpieron en los de la chica, ella se apartó rechazando aquel beso que a él le salía de lo más profundo de su alma y no de su costumbre. Mientras se apartaba recordaba aquel momento en que el hombre se lo había rechazado a ella, no quiso que sufriese la misma sensación y quería besarle desde el primer momento que rozó sus mejillas.

Se miraron, apoyaron sus frentes para abrir el camino a aquellos besos que escondían suspiros de tranquilidad, de saberse juntos y condenados a quererse sea como fuere...