Unos años después...
Verónica no encontraba su lugar. No sabía dónde situarse. Desde aquella última vez en que pisaba el refugio dieron vueltas mil pensamientos unidos.
Ángel había vivido su calvario particular, muchos reproches, muchos dolores, pocas alegrías, batallas abiertas a cada paso... Tuvo tanto que aguantar que Verónica intentó hacerse transparente. Se escondió tras su cara de ilusión perenne para que la vida fuese más fácil. De lo que no se dió cuenta es que, por no molestar, dejaron muchas cosas de lado. La principal, que más les unió, la amistad. Contarse todos sus sentimientos, uno por no herir y la otra por no causar molestias. Hablar como hablaban en la calma de una cima, en la tranquilidad de un asiento... Eso había desaparecido entre la falta de tiempo y la comodidad de la costumbre. De saberse ahí. El tiempo se repartía para todo, excepto para ellos.
Verónica pasaba noches de angustia sostenida, sin hablar, intentando sacar sonrisas a los nubarrones que acechaban a su ángel, se metía en aquella cama, sola, con su pequeño amigo de cuatro patas y lloraba hasta dormirse. No necesitaba somníferos, las lágrimas eran su relajante particular. A la mañana siguiente se levantaba, lavaba la cara, se pintaba la sonrisa y comenzaba el juego de "main pen rai", aquí nunca pasaba nada.
Pero aquella luz se apagaba. Muchos cambios juntos se avecinaron. Demasiados. Llegó un momento en que no sabía si vivía la vida real o una película. Se desgastó entre horas y horas de trabajo. Llegar a aquel nuevo lugar que se convertía en su hábitat y hacerse cargo de lo suyo, de lo de los demás... De lo que otros abandonaron allí. Y aquello no tenía la culpa. Día tras día, sonaba el despertador, cuando creía que no tendría que ponerlo, le avisaban una tarde antes que madrugaba otra vez, kilómetros en la cara, pensamientos en el coche... Dolores escondidos para no agobiar... Explotó.
La mente de un ser humano puede ser muy mala.. No quiso preocupar a Ángel, prefirió dejarle pensar que ella era así de cínica, irónica y sarcástica... Como si le hubiese engañado. Mientras pedía ayuda externa y consejo. Algunos se ofrecieron a aportar la ayuda. Gracias a aquella chica dio el paso. El de acudir donde nunca quiso ir, pero si no lo hacía, no iba a acabar bien. Él le reprochaba su carácter, sus malos modos... Ella los sabía, no podía remediarlo, había aguantado demasiado. Las personas fuertes también dejan de serlo... Sobre todo cuando la vida no le ha dado tregua para ser un poco débil.
Verónica había ido sobreviviendo al cambio. Se fue adaptando a todo lo que la vida le había ido preparando por el camino. Aquella chica se lo dijo... "no puedes seguir así... Habla...", pero su voz se había apagado. Ni siquiera quien había estudiado para ello, podía sacarle lo que tenía dentro. Decidió que debía hacerlo, que aquel tratamiento tenía que ir adelante. En él le enseñaron que debía ser ella misma, que debía perderse y encontrarse, que si no encontraba el puzzle, tenía que buscarlo.
Él cada día la comprendía menos, la paciencia se le agotaba, a veces con razón... Pero nunca quiso escucharla más. Ni tampoco hacerla partícipe de lo que sentía él. Preferían sacar los cuchillos, reprocharse mil cosas o la famosa frase... "y yo más..." el yo había cambiado el sitio al "comprendo"... Ahora solo se comprendían a si mismos... Como el no se cuantos por ciento de la población española. El egoísmo que nunca encontraron entre sí, estaba empezando a florecer.
Ya no hablaban las cosas de forma calmada, ya no se preguntaban por miedo a la respuesta, por miedo a tener la culpa... Se fueron dejando perder, como todo el mundo. Ya no eran especiales... O no lo parecían...
Verónica, a pesar de ser todo furia y rencor, quería de nuevo recuperar aquello. Quería volver a ser su mejor amiga, quería gastar los minutos en conversaciones interminables con quien creía su mejor amigo, sin temor a que él la juzgara. Porque, lamentablemente, la había empezado a juzgar. Anhelaba recorrer su frente con sus dedos como años atrás, peinar sus cejas para dibujar su cara en sus manos... Pero el gélido aire de la incomprensión, se levantaba entre ellos. Cual tormenta a punto de terminar con el mundo... Y ella... Se sentía muy mal. No quería volver al silencio pero tampoco quería seguir gritando "entiéndeme"... Quería volver a ser.. lo que ella creía ser para él...
Ángel se desesperaba porque cada cosa que hacía, según ella, estaba mal. Quizá no estaba mal, sino que Verónica nunca quiso pedir nada pues pensaba que debía salir de él, como salía... Ángel no parecía entender nada de lo que ella repetía constantemente... Él no solo no escuchaba sino que ya tampoco leía... No reparaba en que lo que a él le enamoró... Fue la mente que hablaba y la sonrisa que le escuchaba... Daba la sensación de no querer volver allí... Como si quisiera que todo terminase porque ya tenía que terminar...
Verónica, solamente quería volver a sentirse especial...