Poco tardaría en llegar aquella resaca de sentimientos por la sobredosis de ternura vivida, de las culpabilidades, de los fantasmas. Aquellos momentos en que ella creía estar robando. O esos en los que él pensaba que no podía entregar todo lo que quería.
Verónica no estaba en su mejor momento, pasaba horas ensimismada en el techo de su habitación pensando en qué color pintarlo, pero desde ese día le decoraba con las imagenes más bonitas que pudiera recordar. Sin embargo hubo una que marcó aquella noche y que la perseguiría durante todo el día, necesitaba hablar con él, decírselo todo, pero por otro lado, sentía que si lo hacía crearía de nuevo aquella angustia que ella quería evitar a toda costa.
Aquella mañana un "¿qué tal estás?" preguntaba Angel, ella se debatía entre contar la verdad o simular como sólo ella sabía hacerlo, optó por la simulación. Hecho que le dejó aún con más dolor en su interior, no le gustaba ocultarle nada, mucho menos sentimientos. Él parecía estar asombrosamente bien, para lo que ela había visto días atrás. Pero en el fondo Verónica sabía que Angel quería terminar con aquello de alguna manera, le superaba aquella situación, esa en la que, en lugar de identificar su hormigueo de estómago con ilusión, lo hacía con miedo. Los miedos insuperables.
Horas más tarde sería ella la que preguntaría reclamando su atención, intentando decir todo lo malo que tenía en su cabeza, expresar lo que su corazón temía. Comenzaron recordando los coletazos de aquella noche mágica, de la felicidad recabada en aquellos instantes, siguiendo por el momento triste que vivieron a causa de los miedos. Se centraban en Angel, en cómo se sentía tras aquello.
- Sabes como soy, me encanta cuando estoy contigo pero luego lo paso fatal con los remordimientos. Pero tu no tienes la culpa. De lo único que tienes la culpa esde hacerme reir con el corazón.- Se explicaba él queriendo suavizar un poco sus reacciones, mientras ella intentaba hacerle ver que no debía pasarlo así, que haría lo que pidiese para que sonriese, que le pidiese que se fuese de su vida si fuera necesario.
Tras un rato de titubeos, de rodeos, de intentar decir las palabras justas y oportunas, de no herir más sus sentimientos al fin ella tuvo el valor de decir, o traducir, lo que él no se atrevía. Sin decir nada, sabían que debían dejarse, que tenían que alejarse. Que aquello solo tenía tres opciones y aquella era la más correcta. El río debía volver a su cauce y había un bote que debía quedarse en el camino. A Verónica le tocaba bajarse en la siguiente parada, en aquella llamada soledad, la que siempre le esperaba al final de cada camino recorrido, la que al fin y al cabo le adoraba con toda su alma.
Angel debía seguir su camino como lo tenía marcado, con su casa, con sus coches, con su vida... Ella sólo había sido una intrusa que tuvo el valor de robar a trocitos la felicidad de otro lugar. Y ahora debía dejarle ir en muestra de todo lo que sentía por él. Porque no merecía que su vida se revolucionase aún más. Aquella noche, a parte de los ojos de Angel, se le quedaron aún más grabados otros ojos. Que según los vió, le punzó el corazón y miró a otro lado intentando aparentar frialdad, cuando por dentro ardía en rabia por lo que podía causar.
Pretendían mantener aquella amistad tan especial que habían fraguado poco a poco, pero era doloroso, Verónica necesitaba desadmirarle de alguna manera, encontrar el fallo, el defecto que le hiciera caer aquel velo de amor sin límites. Lo necesitaba tambien por ella misma, porque imaginaba aquellas situaciones futuras que pudieran producirse y sólo sentía ganas de huir. Angel por su parte... No sabía si necesitaba algo o no, sabía que quería estar ahí para enmendar un poco el error que hubiese podido cometer pero por otro lado no sabía si era conveniente para los dos.
Verónica podía parecer la mujer chollo, la que no ponía pegas de ningún tipo, la que no discutía, la que simplemente enviaba dagas hirientes directas a la conciencia, podía parecer de todo menos lo que era realmente, una niña asustada jugando a ser fuerte. A luchar por un ideal, por una fantasía que se desvancería en su punto más alto.
Por milésima vez, el sueño se esfumaba convitiéndose de nuevo en pesadilla y oscuridad, la chica volvería a vestirse la coraza de antaño, la de la altivez, la de la soberbia y el silencio. Nunca hacia Angel, porque no podía negarle su dulzura pero si hacia el resto del mundo, que ya lo había hecho hacía tiempo pero por unos meses quiso despojarse de ello para que el mundo viese lo que él le había hecho creer que era, una princesa. Pero que sólo había sido fruto de su amor.
Daba la despedida a la viveza, saludando al vacío más grande que había sentido en mucho tiempo.
viernes, 24 de febrero de 2012
miércoles, 22 de febrero de 2012
Parte 27
Jorge había pasado de hacerla sentir la persona más especial del mundo a que sintiera que era ajena a todo lo que sucedía en su vida, como si ocultase mucho a sus espaldas. Aquella noche a Verónica le podía la ilusión y los nervios de tener entre sus brazos lo que ella consideraba su sueño, mientras el chico seguía con sus toques de atención, dejando los resquicios de pensamientos que le hacían desconectarse por momentos. Nunca quiso hacerle daño, intentó no mentir nunca pero sentía que no había servido de nada. Pero aquella era su noche, ni quería, ni debía estropearla, no era el momento.
Esperando, como siempre, Verónica intentaba aplacar sus nervios junto con sus amigas, que estaban casi más histéricas que ella misma, las habría faltado ponerse a saltar sacudiendo las manos cual niñas de quince años. Ya en la calle, ellas miraban continuamente a un lado y a otro mientras la chica miraba el movil, esperando un, "ya" cuando levantó la mirada y le vió aparecer como si fuese una bala. Su amiga empezó a ponerla nerviosa, acelerando su lento corazón, la miró y la dijo:
- Ya, nena, relaja ¿vale? que estás tú peor que yo, ja. - Su amiga la miró, cerró la boca y sonrió complacientemente, como solía hacer.
- Perdón, disfruta, pasalo muy bien y...venga corre que está allí el pobre esperando.- Le hostigaba. Y Verónica intentaba caminar con paso sereno. Cuando llegaba al punto y el abría la puerta recibiéndola, al mirarle pensó que no le recordaba tan guapo, con aquellos ojos tan brillantes y aquella sonrisa tan perfecta. Ya no pasaban coches, no existía la gente, de repente todo había parado, o ella no lo escuchaba. Montaron en el coche, se miraban, ella intentaba enfriarse para no mostrar aquella agitacón interna. Angel venía peor que ella, la adrenalina que tanto le gustaba quemar en otras ocasiones, en esta ocasión le torturaba. El sentía la misma ilusión que ella pero también se mezclaban otros sentimientos que le provocaban aquellos vaivenes en su cabeza.
Se dirigieron hacia el lugar que les haría parar todo con sus besos, largos, interminables, dulces, acelerados, entregados... Los abrazos de pasión, amor, deseo... Todo se mezclaba cuando estaban juntos. Empezaron por desenvolver aquello que la amiga de la chica les había preparado, él reía y reía, ella para calmar sus nervios y la timidez que siempre le rondaba cuando estaba junto a él, solo sabía derrochar ingenio, soltando sus frases más típicas, era su velo contra el pánico escénico. Era ella misma cuando estaba a su lado pero aquel punto de observación de Angel, le ponía en una tesitura un poco incómoda en ocasiones, sabía que él no la juzgaría pero se sentía tan pequeña a su lado, quizá ella le había idolatrado tanto que sin querer creó aquel sentimiento.
Mientras juntos examinaban todos los trastos de aquel lugar, Angel comenzó a besarla, a acariciarla, haciendo que ella se olvidase de todo, poco tardó en desaparecer todo lo que impedía que sus manos rozasen su cuerpo. Cómicamente ella pensaba... "cariño, tenemos una cama para nosotros solos..." pero seguían allí de pie hasta que él dijo lo que la mente de la chica reproducía. A veces podía llegar a ser muy bufón. Tras el despilfarro de pasión y, aunque no quisieran reconocerlo, amor, llegaron las conversaciones profundas que siempre les rondaban. Verónica no podía hacer preguntas normales, no. Ella siempre tenía que indagar en lo más recóndito de su alma. Angel cambió la cara en un momento, decía que no era nada, ella no le creía y optó por empezar a interrogar, a sacar temas que le llevaran a liberar su angustia.
Con tanta duda revoloteando por la cabeza de la chica, mientras ella guardaba silencio, provocaba que él se atormentase con sus miedos, con sus negaciones, que reviviese momentos que le habían hecho tan feliz que la nostalgia se le notaba en todo el rostro, hundió su cabeza en la almohada, mirándola, los ojos empezaban a enrojecer como en aquellos días de adioses sin por qués. Ella odiaba verle así, se sentía la única culpable de todo aquello y, por un momento, vino a su mente la conversación mantenida con aquel amigo leal y silencioso.
- No sabes cuánto admiro tu valor, morena. Yo no sería capaz de renunciar a lo que más quiero por su bien, aunque suene contradictorio. Eso dice mucho de ti. Solo puedo decirte que estaré aquí para hacerte reir cuando lo necesites y si precisas de un abrazo, cuenta conmigo.- Aquellas palabras resonaban en la cabeza de Verónica sintiendose un despojo, viendo que no era tan fuerte como lo que su amigo creía. Que el deber no podía con el querer. Pero, aunque su corazón gritase, su boca decía lo que la mente le pedía. Las lágrimas amenazaban con salir.
- Angel, si te prometo que no se perderá la amistad ¿se acabará? - Ella intentaba darle la libertad, que fuese feliz, con o sin ella, pero que sonriese, que aquellos ojos no enrojeciesen más. Que sus manos siguieran siendo tranquilas y seguras. Él la miraba en silencio, no decía nada porque no sabía qué decir. Para ella, sería el amor de su vida aunque nunca lo tuviese, aunque nunca lo confesase, aunque estuvieran a miles de kilómetros, aunque él siguiese con su vida. Con lo cual, nunca podría negarle esa amistad que solicitaba.
- Pase lo que pase, siempre saldré perdiendo. - Él no entendía aquello y preguntó por qué con mucho asombro, la chica no quiso explicarle que siempre sería así, en la sombra, nunca tendría un protagonismo que tampoco quería, le gustaba más ser espectadora, solo intentaba hacerle ver que no era necesario cambiar nada porque aún así, nada cambiaría.
Tras aquel momento de reflexiones, comenzaron a jugar de nuevo con sus cuerpos, a arrancarse sonrisas que podían iluminar la cueva más oscura, dejando a un lado la tristeza para disfrutar de su momento. Rendidos ya, entrada la madrugada, decidían dar paso al descanso, aunque fuese leve, ella no podía cerrar los ojos ya que todo lo que quería soñar, lo tenía consigo bajo las sabanas.
- No me creo que esté aquí contigo.- Decía él con su sonrisa tierna, no la pícara. Empezó a acariciar su espalda y besarla dulcemente mientras cerraba los ojos para intentar dormir. De vez en cuando despertaban sobresaltados, los cuerpos extrañaban el lugar y la situación. Ella acostumbrada a no tener nada a su espalda que no fuesen cojines, normalmente no sentía el calor de otro cuerpo y, mucho menos, unos labios rozando su espalda. Increíblemente no rechazaba aquella presencia como le hubiese pasado antaño, tan arisca que ponía en medio todo lo habido y por haber para no sentir el roce de nada. Incluso rodeó el cuerpo de él con sus brazos y sus piernas, intentando enroscarse para que no se lo llevase nada ni nadie. Angel no era consciente de lo feliz que le hacía, de la paz y el amor que le daba, inconscientemente le daba mucho más de lo que pretendía.
Sonó el reloj... Como la cenicienta, acabó aquel sueño que se quedaría grabado en su retina y su alma eternamente.
Esperando, como siempre, Verónica intentaba aplacar sus nervios junto con sus amigas, que estaban casi más histéricas que ella misma, las habría faltado ponerse a saltar sacudiendo las manos cual niñas de quince años. Ya en la calle, ellas miraban continuamente a un lado y a otro mientras la chica miraba el movil, esperando un, "ya" cuando levantó la mirada y le vió aparecer como si fuese una bala. Su amiga empezó a ponerla nerviosa, acelerando su lento corazón, la miró y la dijo:
- Ya, nena, relaja ¿vale? que estás tú peor que yo, ja. - Su amiga la miró, cerró la boca y sonrió complacientemente, como solía hacer.
- Perdón, disfruta, pasalo muy bien y...venga corre que está allí el pobre esperando.- Le hostigaba. Y Verónica intentaba caminar con paso sereno. Cuando llegaba al punto y el abría la puerta recibiéndola, al mirarle pensó que no le recordaba tan guapo, con aquellos ojos tan brillantes y aquella sonrisa tan perfecta. Ya no pasaban coches, no existía la gente, de repente todo había parado, o ella no lo escuchaba. Montaron en el coche, se miraban, ella intentaba enfriarse para no mostrar aquella agitacón interna. Angel venía peor que ella, la adrenalina que tanto le gustaba quemar en otras ocasiones, en esta ocasión le torturaba. El sentía la misma ilusión que ella pero también se mezclaban otros sentimientos que le provocaban aquellos vaivenes en su cabeza.
Se dirigieron hacia el lugar que les haría parar todo con sus besos, largos, interminables, dulces, acelerados, entregados... Los abrazos de pasión, amor, deseo... Todo se mezclaba cuando estaban juntos. Empezaron por desenvolver aquello que la amiga de la chica les había preparado, él reía y reía, ella para calmar sus nervios y la timidez que siempre le rondaba cuando estaba junto a él, solo sabía derrochar ingenio, soltando sus frases más típicas, era su velo contra el pánico escénico. Era ella misma cuando estaba a su lado pero aquel punto de observación de Angel, le ponía en una tesitura un poco incómoda en ocasiones, sabía que él no la juzgaría pero se sentía tan pequeña a su lado, quizá ella le había idolatrado tanto que sin querer creó aquel sentimiento.
Mientras juntos examinaban todos los trastos de aquel lugar, Angel comenzó a besarla, a acariciarla, haciendo que ella se olvidase de todo, poco tardó en desaparecer todo lo que impedía que sus manos rozasen su cuerpo. Cómicamente ella pensaba... "cariño, tenemos una cama para nosotros solos..." pero seguían allí de pie hasta que él dijo lo que la mente de la chica reproducía. A veces podía llegar a ser muy bufón. Tras el despilfarro de pasión y, aunque no quisieran reconocerlo, amor, llegaron las conversaciones profundas que siempre les rondaban. Verónica no podía hacer preguntas normales, no. Ella siempre tenía que indagar en lo más recóndito de su alma. Angel cambió la cara en un momento, decía que no era nada, ella no le creía y optó por empezar a interrogar, a sacar temas que le llevaran a liberar su angustia.
Con tanta duda revoloteando por la cabeza de la chica, mientras ella guardaba silencio, provocaba que él se atormentase con sus miedos, con sus negaciones, que reviviese momentos que le habían hecho tan feliz que la nostalgia se le notaba en todo el rostro, hundió su cabeza en la almohada, mirándola, los ojos empezaban a enrojecer como en aquellos días de adioses sin por qués. Ella odiaba verle así, se sentía la única culpable de todo aquello y, por un momento, vino a su mente la conversación mantenida con aquel amigo leal y silencioso.
- No sabes cuánto admiro tu valor, morena. Yo no sería capaz de renunciar a lo que más quiero por su bien, aunque suene contradictorio. Eso dice mucho de ti. Solo puedo decirte que estaré aquí para hacerte reir cuando lo necesites y si precisas de un abrazo, cuenta conmigo.- Aquellas palabras resonaban en la cabeza de Verónica sintiendose un despojo, viendo que no era tan fuerte como lo que su amigo creía. Que el deber no podía con el querer. Pero, aunque su corazón gritase, su boca decía lo que la mente le pedía. Las lágrimas amenazaban con salir.
- Angel, si te prometo que no se perderá la amistad ¿se acabará? - Ella intentaba darle la libertad, que fuese feliz, con o sin ella, pero que sonriese, que aquellos ojos no enrojeciesen más. Que sus manos siguieran siendo tranquilas y seguras. Él la miraba en silencio, no decía nada porque no sabía qué decir. Para ella, sería el amor de su vida aunque nunca lo tuviese, aunque nunca lo confesase, aunque estuvieran a miles de kilómetros, aunque él siguiese con su vida. Con lo cual, nunca podría negarle esa amistad que solicitaba.
- Pase lo que pase, siempre saldré perdiendo. - Él no entendía aquello y preguntó por qué con mucho asombro, la chica no quiso explicarle que siempre sería así, en la sombra, nunca tendría un protagonismo que tampoco quería, le gustaba más ser espectadora, solo intentaba hacerle ver que no era necesario cambiar nada porque aún así, nada cambiaría.
Tras aquel momento de reflexiones, comenzaron a jugar de nuevo con sus cuerpos, a arrancarse sonrisas que podían iluminar la cueva más oscura, dejando a un lado la tristeza para disfrutar de su momento. Rendidos ya, entrada la madrugada, decidían dar paso al descanso, aunque fuese leve, ella no podía cerrar los ojos ya que todo lo que quería soñar, lo tenía consigo bajo las sabanas.
- No me creo que esté aquí contigo.- Decía él con su sonrisa tierna, no la pícara. Empezó a acariciar su espalda y besarla dulcemente mientras cerraba los ojos para intentar dormir. De vez en cuando despertaban sobresaltados, los cuerpos extrañaban el lugar y la situación. Ella acostumbrada a no tener nada a su espalda que no fuesen cojines, normalmente no sentía el calor de otro cuerpo y, mucho menos, unos labios rozando su espalda. Increíblemente no rechazaba aquella presencia como le hubiese pasado antaño, tan arisca que ponía en medio todo lo habido y por haber para no sentir el roce de nada. Incluso rodeó el cuerpo de él con sus brazos y sus piernas, intentando enroscarse para que no se lo llevase nada ni nadie. Angel no era consciente de lo feliz que le hacía, de la paz y el amor que le daba, inconscientemente le daba mucho más de lo que pretendía.
Sonó el reloj... Como la cenicienta, acabó aquel sueño que se quedaría grabado en su retina y su alma eternamente.
martes, 21 de febrero de 2012
Parte 26
El cuerpo de Verónica decidió dar un pequeño frenazo en medio de todo aquel huracán de sentimientos, trabajo, problemas ajenos, propios. Ya venía avisando meses atrás con sus problemas de nutrición, pero determinó que pararía en forma de rotura. Un percance que le costaría limitar todo. En fechas invernales no podría seguir haciendo su vida de una manera un poco más normal.
A ella no le gustaba andar dando explicaciones de aquello o lo otro, le gustaba la libertad de poder elegir, ir, venir sin tener que contar sus planes a nadie y si lo hacía era porque realmente quería, daba quizá coletazos de lo que iba a hacer o no pero para profundizar solamente contaba con los dedos de una mano en quién lo hacía.
Durante ese tiempo de hastío se dedicó a la observación, a comprobar quién era cada cual o, al menos, intentar corroborar lo que pensaba. Jorge tardó poco en mostrar cómo era y no le gustó nada, le parecía una persona buena, con un corazón grande pero muy desconectado con ella. No seguían el hilo de niguna conversación, sus mensajes o sus palabras eran como lanzadas al aire, como si no se escuchasen y ni siquiera leyesen. Serían buenos amigos pero no conseguirían trazar aquello como les hubiese gustado. Quizá la ingenuidad que esperaba una de las partes, no existiese, simplemente se fingía porque era más bonito hacerlo, Verónica pensaba que artistas ya había muchos en la vida y, de todos ellos, pocos en el mundo del arte.
Con Angel las cosas eran como siempre, como aquella veleta que va y viene según soplase el viento, tan pronto las estrellas y la música celestial invadía sus conversaciones, como venían los cómicos de antaño revelando chistes y disparates de todo tipo, ellos eran así. Tenían una relación amistosa, hechicera y ocurrente. Se entendían en casi todos los aspectos, amistad, amor, lujuria... Eran un espejo el uno del otro. Las carcajadas no solían faltar, las sonrisas con sonrojo incluido tampoco, las lágrimas cuando eran tiempos de tormenta, las profundidades del alma, la filosofía de lo que les gustaría y lo que era. Dos bohemios unidos por la pasión. Podían pasar meses para tener un contacto físico, un beso, una caricia... Pero gracias a aquella complicidad formada por las largas conversaciones, por las miradas cautivas y escapadas, por algo que solamente ellos serían capaces de entender, a Verónica le obligaba a continuar. Necesitaba aquella pequeña dosis de paz, de saberle ahí, necesitaba sus labios y sus abrazos pero el saber que los tendría en algún momento, le daba la fuerza necesaria para continuar con aquella condena dulce y misteriosa que ambos se habían impuesto.
Quiso odiarle hacía unos meses, porque pensaba que era lo que debía hacer por el bien de ambos, juntos sufrían pero separados tambien, en realidad era todo muy extraño, porque no estaban realmente pegados las veinticuatro horas del día, con lo que no estaban juntos, pero sabían que estaban en aquel rinconcito que los dos se reservaban para ellos, eso les hacía sentir vivos. Pero si se planteaban el hecho de abandonar aquel hueco que se tenían destinado... Sufrían. Uno por la otra y la otra por el uno. Ella pensaba que Angel ya tenía algo más claro lo que le movía tras sus pasos pero, de repente, él esa mañana se despertaba con el día revoltoso y ya no, volvían a lo de siempre, lo cual a ella le hacía pensar en el típico encantador de serpientes. Pero él que era demasiado inteligente jugaba bien sus cartas.
La indecisión, la cobardía, el temor... No solo existía en Angel. Inundaba todos y cada uno de los poros de Verónica, pero su temple intentaba no mostrarlo tan descaradamente como lo hacía él. Ella había esperado un par de meses para conseguir aquello que tanto le daba, aquella noche... La preparó desde que la última vez se dijeron aquel adios que se convirtió en un hasta luego semanas más tarde. Lo tenía todo organizado casi al milímetro, teniendo que estropearlo a causa de su gran habilidad para cargarse ese tipo de momentos, su ineptitud. Era parte de su encanto, según decía él, pero ella lo consideraba su peor defecto. Llegaba el momento... Su momento... ¿lo estropearía?
A ella no le gustaba andar dando explicaciones de aquello o lo otro, le gustaba la libertad de poder elegir, ir, venir sin tener que contar sus planes a nadie y si lo hacía era porque realmente quería, daba quizá coletazos de lo que iba a hacer o no pero para profundizar solamente contaba con los dedos de una mano en quién lo hacía.
Durante ese tiempo de hastío se dedicó a la observación, a comprobar quién era cada cual o, al menos, intentar corroborar lo que pensaba. Jorge tardó poco en mostrar cómo era y no le gustó nada, le parecía una persona buena, con un corazón grande pero muy desconectado con ella. No seguían el hilo de niguna conversación, sus mensajes o sus palabras eran como lanzadas al aire, como si no se escuchasen y ni siquiera leyesen. Serían buenos amigos pero no conseguirían trazar aquello como les hubiese gustado. Quizá la ingenuidad que esperaba una de las partes, no existiese, simplemente se fingía porque era más bonito hacerlo, Verónica pensaba que artistas ya había muchos en la vida y, de todos ellos, pocos en el mundo del arte.
Con Angel las cosas eran como siempre, como aquella veleta que va y viene según soplase el viento, tan pronto las estrellas y la música celestial invadía sus conversaciones, como venían los cómicos de antaño revelando chistes y disparates de todo tipo, ellos eran así. Tenían una relación amistosa, hechicera y ocurrente. Se entendían en casi todos los aspectos, amistad, amor, lujuria... Eran un espejo el uno del otro. Las carcajadas no solían faltar, las sonrisas con sonrojo incluido tampoco, las lágrimas cuando eran tiempos de tormenta, las profundidades del alma, la filosofía de lo que les gustaría y lo que era. Dos bohemios unidos por la pasión. Podían pasar meses para tener un contacto físico, un beso, una caricia... Pero gracias a aquella complicidad formada por las largas conversaciones, por las miradas cautivas y escapadas, por algo que solamente ellos serían capaces de entender, a Verónica le obligaba a continuar. Necesitaba aquella pequeña dosis de paz, de saberle ahí, necesitaba sus labios y sus abrazos pero el saber que los tendría en algún momento, le daba la fuerza necesaria para continuar con aquella condena dulce y misteriosa que ambos se habían impuesto.
Quiso odiarle hacía unos meses, porque pensaba que era lo que debía hacer por el bien de ambos, juntos sufrían pero separados tambien, en realidad era todo muy extraño, porque no estaban realmente pegados las veinticuatro horas del día, con lo que no estaban juntos, pero sabían que estaban en aquel rinconcito que los dos se reservaban para ellos, eso les hacía sentir vivos. Pero si se planteaban el hecho de abandonar aquel hueco que se tenían destinado... Sufrían. Uno por la otra y la otra por el uno. Ella pensaba que Angel ya tenía algo más claro lo que le movía tras sus pasos pero, de repente, él esa mañana se despertaba con el día revoltoso y ya no, volvían a lo de siempre, lo cual a ella le hacía pensar en el típico encantador de serpientes. Pero él que era demasiado inteligente jugaba bien sus cartas.
La indecisión, la cobardía, el temor... No solo existía en Angel. Inundaba todos y cada uno de los poros de Verónica, pero su temple intentaba no mostrarlo tan descaradamente como lo hacía él. Ella había esperado un par de meses para conseguir aquello que tanto le daba, aquella noche... La preparó desde que la última vez se dijeron aquel adios que se convirtió en un hasta luego semanas más tarde. Lo tenía todo organizado casi al milímetro, teniendo que estropearlo a causa de su gran habilidad para cargarse ese tipo de momentos, su ineptitud. Era parte de su encanto, según decía él, pero ella lo consideraba su peor defecto. Llegaba el momento... Su momento... ¿lo estropearía?
miércoles, 15 de febrero de 2012
Parte 25
Verónica durante semanas intentó recoger la fuerza necesaria para aclarar con Jorge lo que sentía, para ella era una persona especial, no podía hacerle daño ya que él la había tratado con todo el mimo que había sido capaz. No quería que la sonrisa q se pintaba en su cara al verla, se borrase. No sería capaz de aguantar una mirada triste o hundida por su culpa pero tampoco quería dar unas esperanzas falsas, cuando solo sentía una amistad.
En esas semanas se sentía asfixiada, ahogada, fingir ante todo y todos una sonrisa que no sentía, como actriz no tenía precio cuando quería. Si estaba con Angel, olvidaba todo o casi todo y reía sin más, a veces desconectandose a otro lugar, si el movil sonaba o veía algo que le recordase a Jorge, entonces se le ponía un dolor en el estómago, parecido a cuando te dan un puñetazo entre el pecho y la tripa, se sentía mal por ambos.
Gracias al trabajo, una vez más, conseguía evadirse un poco de los dos, de sus vidas, de la suya propia. Llevaba meses intensos de un lado a otro, con el teléfono ardiendo de temas laborales de otras personas, arreglando, desarreglando. Cara a la gente parecía tener una vida muy aburrida y monótona cuando realmente no era así... Disimular era su palabra fetiche. Parecía la calma absouta, o que se acordaba de los demás por aburrimiento, pero realmente tenía una agenda en su mente para no olvidar ni un solo detalle. En todo aquel barullo de horarios, gente, problemas ajenos... Consiguió que sus ideas se aclarasen un poco y sacar aquello que debía hacer. No podía seguir en medio de aquel triángulo.
Jorge llevaba días insisténdola en lo mucho que la echaba de menos, ella no era tonta y sabía que esa insistencia ocultaba el deseo de leer o escuchar lo mismo, pero no le salía decir algo que durante ese tiempo no había sentido, así que cobardemente y a través de un correo electrónico le hizo saber que no podía seguir mintiéndose a si misma y sobre todo a ellos, ya que aunque los dos eran conscientes de la situación, ella no quería seguir mirando al suelo. Ella adoraba a Jorge pero amaba a Angel y no era capaz. El chico no entendía nada, se preguntaba si todo había sido mentira, él estaba seguro que lo que había vivido no había sido una confusión... Ella pensaba que quizá no, no lo era pero que el sentimiento no era lo suficientemente fuerte como para seguir con una lenta agonía. Intentaron que la amistad se mantuviese, Verónica no era de esas personas que revolucionaba vida ajena y desaparecía, solía hacerse responsable de sus actos e intentaba apaciguar el dolor, si existía.
Unos días despues ella seguía manteniendo esa relación de amistad, a la vez que con Angel las cosas fluían de otra manera. Le gustaba mucho la situación y el momento que estaban pasando, de forma extraña habían conseguido no tener aquellos ataques de moral que enturbiaban su relación tan cómplice y tan mágica. Hasta que a ella se le ocurrió soltar una frase que no debía, tenían tanta confianza, o al menos ella en él, que se contaban todo, lo primero que se les pasase por la cabeza, todas las preguntas se las respondían con la misma ingenuidad e inocencia sin darse cuenta que quizá estaban diciendo algo que pudiese herir o hacer mella en el otro. Era lo bueno y lo malo que tenían, la sinceridad entre ambos. Quizá en cualquier relación, sería lo idóneo pero en aquellas circunstancias no debería.
Verónica no quería estropear aquel velo de dulzura, de pasión, de felicidad que apestaba el ambiente cuando se unían, o cuando hablaban pero estaba preocupada por él, por lo que les depararía tambien. A veces veía cerca el final, no de la amistad pero sí de aquel halo de romanticismo. Le dejaba fluir, no quería que nada influyese en sus pensamientos, no quería ser ella quien los cambiase o modificase en algún momento, por eso en ocasiones prefería hacerse a un lado, quería ser amiga pero su posición no se lo permitía. Sentía impotencia. No debía mostrar tampoco estos sentimientos porque sino Angel, dejaría de hablar, se volvería a echar el cerrojo y a tragar la llave, haciéndose así daño a si mismo solamente.
En aquella ocasión, ella solo trató de convencerle que, por la parte que a ella le tocaba, no le consideraba lo que pensaba de si mismo pero lógicamente sabía que aquello no era sólo por ella... Verónica intentaba no juzgar, ni meterse en lo que no debía, aunque a veces quisiera, no podía. Las dos posturas eran tanto o más difíciles. Ella se ponía en su lugar y entendía todo a la perfección pero a veces sentía que él no se ponía en el lugar de ella, aunque en el fondo sabía que lo hacía.
La relación del tira y afloja, del nunca acabar... Pero tan bonita como dolorosa. Tan mágica como triste, atisbando donde irían a parar...
Pintar sonrisas era su meta, su fin... Así continuaban...
En esas semanas se sentía asfixiada, ahogada, fingir ante todo y todos una sonrisa que no sentía, como actriz no tenía precio cuando quería. Si estaba con Angel, olvidaba todo o casi todo y reía sin más, a veces desconectandose a otro lugar, si el movil sonaba o veía algo que le recordase a Jorge, entonces se le ponía un dolor en el estómago, parecido a cuando te dan un puñetazo entre el pecho y la tripa, se sentía mal por ambos.
Gracias al trabajo, una vez más, conseguía evadirse un poco de los dos, de sus vidas, de la suya propia. Llevaba meses intensos de un lado a otro, con el teléfono ardiendo de temas laborales de otras personas, arreglando, desarreglando. Cara a la gente parecía tener una vida muy aburrida y monótona cuando realmente no era así... Disimular era su palabra fetiche. Parecía la calma absouta, o que se acordaba de los demás por aburrimiento, pero realmente tenía una agenda en su mente para no olvidar ni un solo detalle. En todo aquel barullo de horarios, gente, problemas ajenos... Consiguió que sus ideas se aclarasen un poco y sacar aquello que debía hacer. No podía seguir en medio de aquel triángulo.
Jorge llevaba días insisténdola en lo mucho que la echaba de menos, ella no era tonta y sabía que esa insistencia ocultaba el deseo de leer o escuchar lo mismo, pero no le salía decir algo que durante ese tiempo no había sentido, así que cobardemente y a través de un correo electrónico le hizo saber que no podía seguir mintiéndose a si misma y sobre todo a ellos, ya que aunque los dos eran conscientes de la situación, ella no quería seguir mirando al suelo. Ella adoraba a Jorge pero amaba a Angel y no era capaz. El chico no entendía nada, se preguntaba si todo había sido mentira, él estaba seguro que lo que había vivido no había sido una confusión... Ella pensaba que quizá no, no lo era pero que el sentimiento no era lo suficientemente fuerte como para seguir con una lenta agonía. Intentaron que la amistad se mantuviese, Verónica no era de esas personas que revolucionaba vida ajena y desaparecía, solía hacerse responsable de sus actos e intentaba apaciguar el dolor, si existía.
Unos días despues ella seguía manteniendo esa relación de amistad, a la vez que con Angel las cosas fluían de otra manera. Le gustaba mucho la situación y el momento que estaban pasando, de forma extraña habían conseguido no tener aquellos ataques de moral que enturbiaban su relación tan cómplice y tan mágica. Hasta que a ella se le ocurrió soltar una frase que no debía, tenían tanta confianza, o al menos ella en él, que se contaban todo, lo primero que se les pasase por la cabeza, todas las preguntas se las respondían con la misma ingenuidad e inocencia sin darse cuenta que quizá estaban diciendo algo que pudiese herir o hacer mella en el otro. Era lo bueno y lo malo que tenían, la sinceridad entre ambos. Quizá en cualquier relación, sería lo idóneo pero en aquellas circunstancias no debería.
Verónica no quería estropear aquel velo de dulzura, de pasión, de felicidad que apestaba el ambiente cuando se unían, o cuando hablaban pero estaba preocupada por él, por lo que les depararía tambien. A veces veía cerca el final, no de la amistad pero sí de aquel halo de romanticismo. Le dejaba fluir, no quería que nada influyese en sus pensamientos, no quería ser ella quien los cambiase o modificase en algún momento, por eso en ocasiones prefería hacerse a un lado, quería ser amiga pero su posición no se lo permitía. Sentía impotencia. No debía mostrar tampoco estos sentimientos porque sino Angel, dejaría de hablar, se volvería a echar el cerrojo y a tragar la llave, haciéndose así daño a si mismo solamente.
En aquella ocasión, ella solo trató de convencerle que, por la parte que a ella le tocaba, no le consideraba lo que pensaba de si mismo pero lógicamente sabía que aquello no era sólo por ella... Verónica intentaba no juzgar, ni meterse en lo que no debía, aunque a veces quisiera, no podía. Las dos posturas eran tanto o más difíciles. Ella se ponía en su lugar y entendía todo a la perfección pero a veces sentía que él no se ponía en el lugar de ella, aunque en el fondo sabía que lo hacía.
La relación del tira y afloja, del nunca acabar... Pero tan bonita como dolorosa. Tan mágica como triste, atisbando donde irían a parar...
Pintar sonrisas era su meta, su fin... Así continuaban...
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