Llevaba demasiado tiempo guardando silencio, casi tanto que se había acostumbrado a su soledad. No sabía cómo lo aceptaría o entendería él. No sabía cuál sería su reacción al enterarse de aquello. En un principio ella sintió ganas de adorarle y venerarle por la comprensión, pero, para variar, la mente de Verónica iba a mil por hora, siempre alerta... Siempre pendiente de los fantasmas que pudieran atacar. Despues comenzó a pensar si aquello no le haría cómodo, no le haría pensar que si ella movía pocos dedos, él movería menos. Por eso le decía en tantas ocasiones que no quería que fuese por ella, sino por él... Que lo que él hiciera en su vida, diaria, futura o pasada, fuera porque él quería hacerlo y no porque nadie se lo pidiese, tenía que estar seguro de lo que quería.
Lo que Verónica no quería por nada del mundo era que ahora se estropease aquello, ahora que habían conseguido o, al menos un poco, mantener el equilibrio sobre aquella cuerda sin final. Que todo se mantuviera como estaba y que el tiempo decidiera lo que debía pasar. Sólo vivir, sentir e imaginar. Sería un proceso lento, lentísmo, para ambos... pero juntos podían. No debían dejarse influir por nada externo, simplemente estar el uno para el otro.
Angel aquel día no había parado ni un segundo de adular, de sonreir, de brillar... Ella se llenaba de todo aquello, le hacía sentir de nuevo la alegría de su vida, su aire. No quería que aquello se esfumara. La magia volvía, la inquietud ya no existía, sabía que él se había quedado intranquilo tras aquella noticia pero ella era experta en esquivar ciertas conversaciones. O al menos en ciertos momentos... Prefirió soltar la bomba para allanar el terreno y despues ir aclarando puntos, perspectivas, si era necesario.
Por momentos sentía que no lo era, que era suficiente así, pero no lo era. Debían seguir debatiendo... Pero lo harían en otro momento, ahora eran tiempos de sonrisas, de recuperar la vida perdida en días de intranquilidad y tristeza. El orgullo y el rencor no formaban parte de su diccionario particular. Angel decía que estaban condenados a escucharse, entenderse, comprenderse y sosegarse... Tenía toda la razón.
Ella nunca encontraría aquel todo en uno que sin buscarlo había aparecido sin más... Su condena era su mayor felicidad. Cuando él empezó a hablar a la cara, a los ojos, a ella le parecía tan inverosímil que no daba crédito, le parecía estar en una nube extraña pero cómoda... Aunque a veces sintiera el temor de que nada fuese cierto y simplemente oía lo que quería oir... Verónica y sus tormentas a mil por hora.
Aun quedarían muchas batallas por librar, muchos miedos por vencer, de ambos, no solamente de él. Quizá habían estado rodeados de tantos desastres humanos que les parecía un poco traumático todo lo que pudiese suponer... Pero lo más increíble era que lo dos pensaban igual en ciertos aspectos... Solo que los agentes externos quizá eran los que no pensaban como ellos y podrían jugarles una mala pasada.
Lo completo en lo imperfecto y lo perfecto en lo incompleto, como decía aquella canción que a ella tanto le gustaba. Sentirse llenos en lo que no se debía pero medio vacíos en lo que tenía que ser...
Verónica encaminaba el rumbo a la felicidad... momentánea... o no. Solo el tiempo hablaría por ellos...
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