Miles de conversaciones que siempre llevaban el mismo trasfondo, "vivir el momento", cada uno lo veía como le daba la gana, no se querían poner de acuerdo en la definición pero sí era cierto que el argumento sería el mismo para ambos. Eran formas de autoprotegerse al dolor que ni el uno ni el otro se causarían, porque eran incapaces, no por la amistad que les unía como decía Angel. Cuando los sentimientos más profundos entran a formar parte del juego, la amistad suele quedar relegada a otro plano.
La reconciliación sería su quitapenas particular, cuando aquellos ansiados besos estarían en sus pieles, sus manos jugando a no encontrarse pero unidas por un mismo fin, las sonrisas de paz iluminaban sus rostros, las carcajadas a medias, los mimos que nunca buscaron en nadie o podrían llegar a aborrecer de otras manos. Uno porque quería la independencia y autosuficiencia, la otra porque era lo que siempre había tenido. Pero juntos se formaba un campo magnético que no podían evitar. Verónica por una vez sentía estar en sintonía con lo que ambos pensaban y querían, por primera vez no vería a Angel como aquel hombre esquivo que rechazaba cualquier parte de su presencia. Largos meses, largas conversaciones le costó... Pero al fin conseguía lo que tanto necesitaba de él. Que no le hiciese sentir el mayor error de su vida sino lo que ella pensaba que significaba realmente para él. No es que ella quisiera cambiarle puesto que se había enamorado de él en todo su esplendor, en sus contradicciones, sus indecisiones... Pero quería que si realmente sentía algo, lo dejase salir, que no engrilletase más a ese corazón que al final terminaría explotando y sería peor el remedio que la enfermedad. Ahora todo parecía fluir en orden dentro de todo aquel desorden.
Ella no buscaba los piropos diarios, ni la dulzura con que ahora le trataba, no, tampoco buscaba eso, pero le encantaba tanta adoración... Aún estando lejos ahora le sentía más cerca y eso era lo que ella quería.
Jorge por su lado... Pasó unos días un poco despreocupado de ella, como más a su aire, ella le echaba de menos pero tampoco en exceso. Unos días más tarde le escribiría un correo describiendo el día que la conoció. A ella le pareció algo muy bonito, algo que salía de alguien tan duro... Un gesto que le indicaba lo que él haría por ella en un momento dado. Días más tarde, al verle, en su movil la contraseña era el día que la conoció, ella solía acordarse de todo ese tipo de cosas, de las fechas y las bobadas románticas estas... Pero de él, ni lo recordaba. Y para una vez que no lo hacía ya se encargaba Jorge de recordárselo...
Ahora la calma invadía su vida... Por fin estaba tranquila, aunque no sabía por cuanto tiempo, pero tampoco le preocupaba...
No hay comentarios:
Publicar un comentario