Llegó la noche mágica, aquella en la que todo el mundo compraba o alquilaba trajes para despedir el año y sus problemas, dejando entrar al nuevo. Aquel día Verónica no estaba precisamente todo lo feliz que debiera, ya que despedir ese año significaba dejar muchas cosas atrás. Los momentos especiales de su vida junto a aquel que le devolvió su verdadera forma de ser, las ausencias de otros que por motivos dispares habían ido dejando el mundo, la llegada de nuevas personas que le habían hecho pensar que aun tenía corazón... No solía gustarle nada de esto, porque eran días en los que la armonía no reinaba en ningún sitio y tampoco en su interior.
Había planeado irse junto a unos amigos fuera del país pero debido a motivos externos, dejaron pasar ese plan para otro momento. Tamara, ahora muy unida a ella, pasaba aquella noche junto a ella. No sabía dónde llevarla que no le recordase nada de su vida, pero al final algo siempre se lo recordaría. Aquellas fechas solía pasar una noche con su madre y la otra con Andrés, pero al no estar éste, la niña se quedaba colgada porque su madre hacía otros planes con sus amigos y le molestaba su presencia. Así que Verónica haría un año más de amiga fiel.
Se pasó el día entero intentando simular que la alegría le salía por cada poro de su piel, no siendo así. Pero debía hacerlo por tanta gente que incluso ella misma ya se lo creía. Durante la cena sucedieron hechos que ella no soportaba, no podía ver como culpaban a una personita de siete años de causar un problema que realmente residía en los que discutían. Se levantó de la mesa, cogió al pequeño que no paraba de llorar y angustiarse, salieron a la calle y estuvieron jugando a "aquí no pasa nada"...
- No entiendo cómo esos dos personajes pueden comportarse así Vero... Y lo que tampoco entiendo es como tu, siendo como eres, no has pegado un bocinazo de los tuyos para poner orden...- Le comentaba Tamara mientras veían al enano jugando solo.
- Pues es tan sencillo como que muchos matrimonios acumulan errores, dolores, palabras... En resumen, silencio. Y eso les lleva a cometer el fallo más grande de sus vidas, creerse felices cuando no lo son. Tami, eso era lo que le pasaba a tu padre, lo que me pasaba a mi, lo que les pasa a muchos. Y al final todo sale, todo rebosa por algun lado haciendo culpables a los que menos culpa tienen, a vosotros. Ahora mismo, ese niño se encuentra en el mismo punto que tu te encontrabas y el día de mañana pensará como tu. Que no existe el amor real, que todo hay que fingirlo para que fluya... ¿no?- Mientras le explicaba esto, las lágrimas caían para adentro y no hacia fuera, recordando todo lo que había intentado explicar a aquellos a los que quiso.
- Puedes tener razón... Pero es tan injusto para todos. Ahora estamos los tres aquí sin cenar, ellos arriba sin cenar y matándose... Ahora es cuando echo de menos las hamburguesas tirados en el suelo ¿te acuerdas? ¡Cómo me gustaba cuando os unía a papá y a ti!, si te sirve de algo, gracias a ti, creo que el corazón existe y que se puede luchar por lo que él dice y no lo que la cabeza quiere decir... Me enseñaste muchas cosas.- La niña hecha ya una mujercita, le expresaba lo que a ella le hubiese gustado escuchar de tantos. Verónica solo sonrió sintiéndose bien, recordando aquellos ojos que le hacían perderse en mundos de sueño y paz.
Poco rato despues se incorporaban a la mesa haciendo que todo había sido una tontería para que aquel niño volviese a sonreir. Todos frente a la televisión, esperando que comenzaran a sonar las primeras campanadas del año. Un rato antes de empezar, un mensaje al movil.
"Te iba a desear feliz año, pero ¿sabes qué? Que en vez de deseartelo, me voy a encargar de realizarlo, de hacerte feliz mi niña. Te quiero."
En ese momento pensó que era la mejor promesa y el mejor deseo que le habían mandado en todo el día. Jorge no paraba ni un segundo de mostrarle toda su atención, todo lo que pensaba en ella, todo lo que le hacía sonreir. A ella le llenaba ver todo aquello. Pero en ocasiones, su mente se iba a otro lugar. Él lo sabía e intentaba que no se fuese, que su imagen inundase su mente.
- Verooooo, despierta... ¿Qué te han dicho? Te has quedado embobada.- Le devolvía Tamara a la tierra.
- Nada, que me quieren... Pero como yo soy como soy... Pues no se si querer, si creer... Ya me conoces ¿qué te voy a explicar? No entiendo cómo una persona puede quererme, a mi, tan rápido. Sin embargo... Si entiendo cuando yo empiezo a querer en un segundo... Tonterías nena, tonterías...- Intentaba explicarle pero no sabía cómo hacerlo porque ni ella misma sabía lo que le pasaba por la cabeza. Angel volvía a recordarle sutilmente un "¡Eh! que sigo aquí..." y si ya de por si, ella no podía olvidarle tan facilmente... Pero en el fondo ella deseaba que siguiera recordándoselo.
Y así... Perdida en un mar de dudas, de pensamientos almacenados en la mente, de dolores recogidos en el alma, cogió la botella, la copa y comenzó a mezclar todo como una cocktelera. Se fueron a aquel lugar donde la música parecía sacada del peor recopilatorio de los años sesenta, se apoyó en la barra quitándose el abrigo, al hacerlo... Veinte ojos mirando, algunos cuchillos clavándose en su cuerpo para matarla, otros desnudándola con la mirada. Ella reía por dentro a lo diablesa, y diciéndose a sí misma que no tendrían valor ni unos, ni otras. Tamara intentaba hacer de guardaespaldas mirando a todo aquel que la deseara. Fue en aquel momento cuando Verónica desapareció de repente. Dejando a la chica con los demás y ella con su copa en un rincón de la sala. Oscuro, donde nadie la veía, observaba a todo el mundo, desde la pareja cincuentona a la que le importaba un bledo si se reían de ellos o no, hasta aquel chico pesado que no dejaba a nadie en paz, ni unos ni otros. Y se preguntaba si alguien era de verdad, auténtico...
Allí en aquel rincón intentaba poner la distancia suficiente entre su cabeza y su corazón, intentaba saber a quién echaba de menos realmente... Lo sabía pero no lo diría. No. Por mucho que le doliese el silencio. No era momento, ni lugar, ni... nada.
No hay comentarios:
Publicar un comentario