Entre Ángel y Verónica llegarían de la mano, la paz y los
mimos inagotables, serían días para ella en que no reconocerle, el cambio que
estaba dando, para bien, le parecía un sueño. Poder ser ella sin miedo a nada,
sin tener las uñas preparadas para el ataque. Las risas y la magia inundaban
todas sus conversaciones.
- La confusión es muy clara… No, si lo digo por mi.-Verónica
veía aquel mensaje en el chat del grupo que había formado y se volvía a poner
el antifaz. Le llamaba por teléfono y Ángel, en el mismo momento rectificaría
aquella actitud. Ella no quería escribirle para no agobiarle y, si lo hacía, sería
por el chat en que estaban todos sus amigos para que no se sintiese atrapado
otra vez. Él respondería.
-Y perdona por lo de antes, cuando esté así, por favor dame
dos hostias para que espabile, que hasta yo me estoy cansando de comportarme
así.- Intentaba evitar que ella cayese en ese pequeño agujero que se iban
hundiendo. Tras hablar un poco sobre algunas personas que revoloteaban por su
vida, ella le diría el estado de nervios que había pasado aquella mañana, no
sólo por él, sino por ver cómo muchos de sus amigos se iban cayendo por miles
de problemas y no podía hacer nada por evitarlo. El tema empezaba a retomarse
de nuevo, él intentaría hacerla ver que, para él en aquel momento, era lo más
importante pero, Verónica tenía sus reticencias, reconociendo los errores en su
actitud y no dando por hecho que la chica fuese a estar siempre ahí. Por una
vez, la joven, sería todo lo clara que podría con él.
- No quiero que seas un abalorio que uso hoy y mañana me
canso de él. Todo lo contrario. Quiero tenerte presente.- La convencía y a ella
se le dibujaba una sonrisa de oreja a oreja.- Lo único que tengo claro ahora.
Eres tú. Por eso te decía antes que me iría a la cara oculta de la luna
contigo. Perderme contigo. Es lo único que siento ahora. TU. A ti. Tus besos,
tu comprensión. Te queda claro que eres tú la que me da, hoy por hoy, la vida.-
Ella intentaba no dejarse convencer sin saber por qué, pero al ver lo que la
decía se le deshacía el alma y solo quería arroparle entre sus brazos. Sonreía continuamente
leyendo, y él continuaría con aquel desate emocional que había iniciado.- Lo
que prometo, lo cumplo.-
- Pues prométeme que no me vas a hacer llorar más.-
Suplicaba ella entre ojos empañados y sonrisas.
-Te lo prometo con un beso sin fin.- Le decía él, conquistándola
cada segundo solo con ser él mismo.
- Quiero volver a lo de antes, a las risas… los piropos… a
hacer que los días que llegan sean algo más bonitos para ti y sonrías pensando
que me vas a ver al día siguiente. Sabes que a mí tampoco me gustan pero el año
pasado fueron mejores porque estabas tú. Me dabas la ilusión que había perdido,
hacía meses que faltaba mi tío y conseguiste que me olvidase mientras buscaba
un regalo para ti.- Sin que Ángel lo
viera, ella lloraba en su habitación, con una mezcla de saturación, alivio y
ruego.
- Te prometo que estas serán mejores. Porque me estaba
convirtiendo en lo que no soy, y lo siento, pero soy más fuerte y cojo al toro
por los cuernos y a ti por la cintura.- Arrancaba aquel hombre que a ella le
apasionaba, el coraje que le enamoró de él. Las ganas de vivir y de sentir que
le había ido contagiando poco a poco.
Más sosegados y liberados de todo silencio que habían
fraguado sin querer, continuarían hablando, con aquella confianza que se tenían
pero más consolidada, sin tantos temores, sin tanta búsqueda de las palabras,
dejándose volar el uno al otro, batiendo las alas juntos y sin dañarse,
sonriendo y viviendo aquel momento de dulces, premios. Todos los “te quieros”
que no se dijeron, salían cada dos segundos.
Bruno se iba haciendo casi invisible, ya no daba señales de
vida, estuvo un día entero sin mirarla a la cara, pero algo tenía la chica que,
a ellos, les impedía no hacerla caso. Esa tarde hablaban por temas laborales,
ella seguía manteniendo aquella actitud fría casi seca, viendo cómo había
podido perder a lo que más quería en el mundo pero a su vez, sintiéndose mal
por el chico, ya que no era tan malo como para hacerle eso.
Esa noche dormía tranquila, con aquellas conversaciones
desatadas que tenía con su chico. Y soñando el momento de tenerle entre sus
brazos. Al despertar, mientras se tomaba el café perdida en el mundo de sus
recuerdos, apoyada en aquella barra que le hacía de ventana a la imaginación,
sonaba aquel timbre que indicaba la presencia del ser que le sacaba una sonrisa
en los peores momentos. Comenzaban a darse los buenos días y de repente, un
pequeño plan, verse como en sus inicios, cobijados por la oscuridad y con la
luna cómplice de sus secretos de amor. Ella se revolucionaba en décimas de
segundo. Corría hacia sus labios para sentir todo aquello que le estaba
regalando, más de cerca. Al verle allí, esperándola, se la encendió la chispa
que hacía tiempo se había fugado, sonrió y se tiró a sus labios.
- Te quiero mi amor.- Irrumpía Ángel aquel beso de alivio. Un
golpe la atravesó el estómago y sus ojos se pintaron de ilusión, sonriendo como
hacía un año. Le besó con más sentimiento aún, le abrazaba fundiéndose con él. Se
tranquilizaron entre sus manos. Verónica le admiraba como si fuese algo irreal,
tocándole queriendo palpar la veracidad de aquel momento. No podía dejar de sonreír
y sentir.
- Y a Bruno… buf…- Confesaba él aquellos celos que había
tenido al saber de la existencia del chico. Justamente aparecían esas letras
que a ella le decían tanto y siempre había callado con él por temor a
asustarle. Los celos que sentía cuando alguien la robaba su atención o la
sonrisa amplia que se le ponía al verla. Frente con frente, tarareaban aquellas
frases. Mimándose y sin despegarse.
Ella se tenía que ir obligada por el horario. Mientras corría
hacia su lugar de trabajo, escuchaba de nuevo la campanilla y la dejaba para
cuando pudiera leer tranquilamente. Tardaría unos minutos más de lo habitual.
Cuando estuvo asentada ya, abrió aquel mensaje. “TE AMO.” Se quedaba sin
palabras, sin reacción. No podía creer que todo aquello estuviese aconteciendo.
Notaba cómo la fantasía y el entusiasmo la inundaban la mirada, ella misma se
percataba de la luz que salía de sus pestañas al ver aquello. Ángel parecía
haberse propuesto liberar su corazón para regalarla todo lo que había ido
dejando perder en el camino de las dudas y los pozos de negrura. Y lo empezaba
a conseguir. Ella no quería que aquellos momentos terminasen, se sentía
perfectamente completa. La hacía olvidar todo, borrar toda lágrima de decepción
y angustia. Hablaban más asiduamente por teléfono que por mensajes ya, ella
adoraba oírle, esa voz de hombre mezclada con la de un niño en plena
ensoñación, le dolían las mandíbulas de tanto reír pero “qué dolor más dulce” pensaba.
Pasaban horas y horas hablando, escribiéndose, riendo. No se
cansaban de saberse ahí. Ni de ellos mismos.
Ese día pasaría Bruno por allí mucho más temprano de lo habitual. Traía
cara de pocos amigos, pero al verla le cambió por completo.
- Buenos días… Hoy sí paso por aquí, que como tenéis al mono
encerrado en la cubitera…- Decía refiriéndose a aquel compañero que llevaba la
indiscreción por cartel. Ella no haría ni un solo guiño a lo que acababa de
decir, ya que le parecía ofensivo que hablase así de un compañero suyo, e
incluso la molestó.
- Buenos días, que lo pases bien.- Diría seca y cortante.
Mientras el chaval se vestía de decepción por tal respuesta.
Unas horas después sonaba el teléfono del trabajo y Verónica
sin mirar, contestaba, encontrando a Bruno al otro lado.
- Solo te llamo para informarte de estas personas, que ahora
te paso por el programa. Deben estar a dos minutos de llegar. Y si no te
importa, podrías sonreír de vez en cuando, estúpida .Ja.- Buscaba la manera de
no distanciarse tanto.
- Es que me parece fatal que hagas esos comentarios porque yo
a tus compañeros los respeto ¿vale?, tanta clase y alcurnia ¿para qué?... Para
ser un clasista maleducado y absurdo… Claro, se me olvidaba que la gente como
tú seguían adorando la esclavitud por encima de todo…- Irónica y con toda su
mala fe le haría reaccionar.
- Vale perdona, sabes que no me cae bien y encima esto de despertar
sin ningún tipo de alegría como días atrás… Pues como que me está amargando de
más. Pero tranquila que no se volverá a repetir.- Resignado se lamentaba.
- Bueno, no pasa nada, pero no vuelvas a hacerlo porque tú
no eres así. Y sonríe que si no, no aparecerá lo que tanto buscas, idiota. – Le
trataba como un amigo más al que sacar de la
monotonía y la tristeza. Colgaba él sonriendo, ella se ponía a barajar
la opción de haberle abierto una puerta a alguna esperanza, pero no, no recibió
mensaje alguno y suspiró aliviada, dando por finalizada una etapa. Había
prometido al hombre de su vida que nadie la volvería a tocar, porque ella no
quería que la tocase nadie que no fuese
él. Pero no quería prometerle cosas que no era ella quien controlaba, como la
desviación de ilusión de un lugar a otro. Eso, solamente él tenía el poder de
conservarlo. Era él quien tenía la carta en su mano, la de conseguir que su
calma se encontrase en sus labios, en sus brazos… Y, hasta la fecha, era el
único capaz de continuarla y mantenerla.
Noches de sonrisas… De amor. De paz. De felicidad en todo su
esplendor, dando alas a las almas que se encerraban en el miedo a lo increíble.
Abriendo los ojos a la realidad de sus sentimientos… Sin límites, sin
condiciones. Viviendo