viernes, 26 de octubre de 2012

Parte 57


Ese día viviría en un huracán de situaciones que la llevarían a estallar, a gritar, cuando quizá en otro momento habría callado todo lo habido y por haber. Bruno que no paraba de mandar mensajes, no cesaba en su empeño por saber. Y  en su casa las cosas no eran un camino de rosas. Le costaría dormir unas cuantas horas, intentando recolocar todo en su cabeza y su cuerpo, sin encontrar salida ni entrada, mostraba toda la calma que podía pero en realidad estaba en modo volcán a punto de erupción. Sonaba el teléfono por vigésima vez en toda la noche y hasta que no lo cogiese, no iba a parar de sonar.

- ¡Dime!- Gritaba, harta de tanto escuchar aquella música. Al otro lado, Bruno suspiraba.

- Vero, vaya día de no coger el teléfono ¿qué te pasa? Déjame que te ayude, mira que eres…- Se desesperaba ante tanto silencio.

- Bueno, ya te he contestado, ¿no te vale con eso?, no quiero meter a nadie en mi vida. ¿Tan difícil es de comprender?- Exasperada ya, se proponía echar a aquel chico de su vida como fuese. Tuvieron un par de palabras más sin llegar a ninguna conclusión y él conformándose con saber que seguía viva.

Al  despertar… Un testamento por mensaje.

Mira que me costó decidirme. No pensé que fuese por algo como esto. No hay quien te entienda. Parece que soy el mayor error de tu vida. No soy ningún muñeco con el que jugar. Tengo paciencia, pero es que contigo no hay que tener de eso, hay que tener GANAS, y yo no las tengo. Paso de ti, de tus historias. Lo que más rabia me da, tener que ver esos puñeteros ojos que me envuelven todos los días. No sé… Pero consigues mi rabia y mi ilusión en dos minutos. Eres tan desesperante que… No creo que sea eso lo que me está pasando. Algún día lo sabré. Y quizá sea tarde para que te des cuenta. Que descanses, porque yo no podré. Buenas noches.

Verónica apenas lo leería, pasaría rápidamente al otro método de conexión entre Ángel y ella. La despertaba disculpándose por no haber podido hablar aquella noche. La chica sonreía y, a la vez, lloraba aliviada de encontrarle, aunque fuese de aquella manera, siempre le daba aquel aire que necesitaba, con solo moverse por delante de ella. Una pregunta y un plan, de aquellos que surgían sin más, ella encantada, se animaba el día sin apenas nada más.

- Buenos días. Se te ve demasiado radiante ¿no?- Preguntaba Bruno por el móvil aquel día. Ella no le había contestado a aquel testamento que había dejado y, él, de nuevo insistiría.

- Pues mira, sí. Estoy muy tranquila ahora mismo y no me apetece discutir. Siento mucho no haberte contestado estos días. Soy así. Y siento que tengas que ser tú quien lo pague, de verdad. No te has portado mal conmigo como para ello. Perdóname.- Se disculpaba con él, viendo cómo podía estar descolocándole por momentos.

- Gracias, la verdad que gracias. Yo ya no sabía que había hecho para llegar a esto. Me sentía impotente. Solo quiero ser tu amigo, creo que tenemos algo en común que no todo el mundo tiene y no quisiera perderlo. Aunque esté con otra, otras… Quiero que sigamos teniendo esos ratos de risas y de contrastes, tú con tus formas y yo con las mías.- Le pedía el chico ante la posibilidad de que ella se estuviese marchando.

- Tranquilo, mi amistad no se la niego a nadie, pero es que yo soy así, además que no me gusta que me saturen y… Me estabas saturando mucho. No me gusta sentirme encerrada, lo siento.- Explicaba ella como podía, pues sabía que era complicada de entender y llevar. Sólo existía una persona capaz de razonar con ella, de hacerla entender y de calmarla. Y ese, no era Bruno.

- Entonces… ¿amigos?- Pedía el chico con una cara sonriente por icono.

- Amigos. Ja. Pero, no me agobies.- Advertía.

Todo quedó ahí, mientras Ángel volvía poco a poco a su ser, viendo como ella volvía al suyo. Parecían globos, que se hinchaban hasta casi reventar y después soltaban todo el aire volviendo a su misma forma. Ella decidió meterle en su grupo de imprescindibles, porque quería que estuviese siempre, pasase lo que pasase. Contaba con los dedos de una mano, a esos amigos de verdad. Entablaron conversación, mientras ella se sorprendía de verle aparecer por allí pero se alegraba de ello y reía como hacía semanas que no conseguía.

A la mañana siguiente Ángel se volvía hacer importante en su vida, iría a buscarla, a rescatarla de aquel nido de angustia que tenía por casa, él parecía tener necesidad de darle lo que tenía, su paz. Ella se despertaría temprano y nerviosa por lo cerca que estaba ese momento. Dudaba entre cómo peinarse, vestirse, tenía aquel zoológico al completo retumbando en su estómago y se uniformaba de ilusión.

- ¿Hoy espero yo?- Preguntaba Ángel mientras la tenía a escasos metros. Ella estaba esperando en otro lugar. No imaginaba que pudiese estar allí ya. Al ver su coche, le empezaba a temblar hasta el alma. Se montó, no sabía si besarle, si acariciarle, se quedaba petrificada en su presencia. Esperando que fuese él quien diese el paso. La sonrisa estaba ahí, no faltaba. En cierto modo, le notaba tenso. Ir juntos en su coche no era algo habitual, era un pequeño detalle que, a ella, le hacía sentir mejor a su lado. Al llegar al punto que habían comentado, sus labios se acercaron de nuevo, de repente el tambor de su estómago frenó en seco, dejándola sin respiración y, a su vez, con aquella vida que meses atrás le regalaba.

Caminaron y hablaron de sus cosas comunes, de sus “amigos”, de sus historias, se paraban a cada momento para gozar de sus labios y su presencia. Eran imanes el uno para el otro, no podían dejar lugar a conversaciones normales, cada momento se besaban, abrazaban, acariciaban. Verónica tocaba el cuerpo de su chico como si fuese algo más, diferente, no sabía expresar con claridad aquella sensación, pero parecía no existir nada más a su alrededor. Nunca había estado montada en una nube pero suponía que debía ser algo similar. Mirándose a los ojos, examinando sus labios con su mirada, transformando aquella seriedad en sonrisas.

Ella a cada minuto agarraba su mano, la que le daba aquella tranquilidad, la única que era incapaz de soltar y por la única que se dejaba guiar. Él hablaba poco, aunque lo poco que decía era para hacerla seguir adelante. Se entendían de la misma manera que lo hacían dos gotas de agua. Verónica seguía andando y le agarraba sus dos manos, entrelazándolas con las suyas y acercándole a su espalda, para sentir ese calor y ese cobijo, esa armonía. Cerraban los ojos dejando que el aire les refrescase rostro y mente, suspirando y aliviando todos aquellos demonios. Él continuaba nervioso aunque lo disimulaba ante ella. Al estar cerca y frente al otro, parecía que todo aquello que les había enfrentado en un momento de sus vidas, les unía mucho más, transformándolo en un amor fuera de lo normal. Ella notaba su corazón subido en sus labios, diciendo todo lo que nunca se atrevió a decirle y mil veces había sentido, acoplándose en su personalidad seductora para enamorarle con su mirada, con sus palabras, con su alma. En pocas palabras, siendo ella misma. La que en algún momento encerró por miedo a que Ángel la desterrase al olvido, por temor a ser tan vulnerable como fuerte, por no asustar a aquel hombre que cada día la miraba más por dentro, dejándola que liberase su mente y alma, su cuerpo en su cuerpo, que se convirtiera en escultora de sus más mágicos y preciosos momentos.

Un día más de aquellos a guardar en el álbum de recuerdos que iban formando, uno de aquellos que les hacían sonreír en sus peores momentos. Verónica no daba crédito a lo que estaba viviendo pero la hacía sobrevivir al miedo.

Buenos días, no quiero saturarte, ya sé que te agobias con nada, solo quería saber de ti, si sigues bien y si necesitas algo. Hoy no te he visto y te he echado de menos. No es lo mismo tu sonrisa que la del gafitas. Esta noche monto una cena para algunos compañeros y amigos, me encantaría que vinieras aunque ellos te vean, las reacciones iban a ser geniales y yo me iba a reír como nunca. Si quieres estás invitada, si hace falta, voy a por ti pero no te prometo que duermas en tu casa, ja. Un besote enana.”

Bruno daba señales de vida pero ella ignoraba tal señal. Estaba con Ángel y no permitía que nadie interrumpiese aquellos momentos excepto sus imprescindibles. Al dejarla él en el mismo punto de partida y despedirse con aquel beso tan cálido, ella sonreiría sin más. Pensando en lo increíble que era vivir la locura a su lado. Recuerdos imborrables.

2 comentarios:

  1. Aire al aire.
    Tormento al tormento.
    Armonía que llama a la puerta.
    Descansa el alma al sentirse acompañado.
    Por su alma gemela.

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  2. Sonrisas inundan los ojos que tanto anhela...Al sentir esa paz.
    Fuego para el aire...Aire para el fuego.
    Besos que caminan de la mano del silencio...del que ya no existe,pues se siente,al fin,completo...Vuela,sueña,vive...simplemente,ser uno mismo.Felicidad con nombre.

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