martes, 23 de octubre de 2012

Parte 55


Bruno recapacitaría sobre todo aquello que habían hablado, dándose cuenta que ambos buscaban, o habían encontrado, aquello que perdieron en lo que llevaban dentro del corazón. Había muchas similitudes entre unos y otros frentes, sólo que ellos lo completaban con algo más, la ilusión del desconocimiento. De no conocerse de años pero querer hacerlo. Hablaron detenidamente, sabiendo que querían seguir siendo amigos, los dos, pero dejando al tiempo que hiciera lo que tuviese que hacer.

Ángel por otro lado, se dio cuenta que no quería, o no le gustaría perder, aquello que la chica le había dado, esa confianza ciega, esa fe en él por encima de todo. Hacerle sentir importante. Ella sentía muchísimo por él y era incapaz de dejar de creerle, siempre había un motivo o aliento para hacerlo. Él pasó días investigando la manera de reencontrarla, viendo que dejaba de lado lo que ya tenía, observando cómo allí no sentía nada más especial que un “estar” y no un  “ser”. Le daba igual ya si perdía lo que no tenía, porque no lo tenía hasta que no reaccionaban. Vendrían días de paz intensa entre ellos pero de tormentas en su lugar habitual.

Al  fin su voz callada, arrancó un “ya está bien”, no podía continuar fingiendo algo que no sentía o que no le salía desde dentro. Iba recopilando recuerdos, buenos y no tan buenos, viendo cómo había sido una pelota de tenis, ahora aquí, después allí. Se sentía manejado por una vida idílica, por lo que había podido llegar a perder muchas cosas en el camino. Verónica quería ser amiga y comprender, lo hacía, le quería tanto que ese amor en lugar de encerrarla en ira contra él, sólo podía procesárselo cobijándole y arropándole.  Quería devolverle aquella vida perdida, las sonrisas eternas y el brillo de los ojos.

Esa mañana, se vieron. Verónica llegaba con sus habituales nervios por verle, con sus ganas de morderle entero, por un lado, y por otro estaba como fría. No sabía por qué tenía aquella sensación. Al bajar del coche, se fundieron en un abrazo, ella sintió que algo no iba bien, ese abrazo de Ángel no era de ilusión y alegría por verla, sino de refugio, notó su tristeza en dos segundos pero no sabía si preguntar.

- ¿Qué te pasa?- Finalmente hizo la pregunta, esperando que la boca de él dijese lo que tuviese que decir. La miraba y parecía no querer soltar aquello.

- Que he discutido.- Empezaría a ver la agonía en sus ojos, la pena, la tristeza… Ella le abrazó más fuerte, queriendo curar aquella desazón. Empezaron a caminar, ella pensaba en qué hacer para remediar aquello, si hacer de su capa un sayo y reír sin más, jugar al “aquí no pasa nada” o ser valiente y enfrentarse a la dureza de aquel momento. Pasaron un rato sin mencionar nada, intentando olvidar aquel suceso. Estuvieron más juntos que nunca, sintiéndose el uno al otro muy cerca, el gran amor que se tenían les llevaba a unirse tanto física como mentalmente. Ella le había echado tanto de menos que no sabía cómo hacer para que él  lo sintiera. Cuando ya estaban tumbados y relajados entre sus brazos. Ella decidiría empezar esa conversación, sabía que lo necesitaba y le abrió las puertas para que lo hiciese. Quería que se apoyase en ella y que se sintiese protegido.

Ángel empezó a contar sus batallas mentales por sus labios… Verónica solo podía escuchar pacientemente, sintiendo dolor con cada frase, pero no por ella ni sus celos, sino por saber cómo se estaba sintiendo y no poder hacer nada para remediarlo. Le cubriría de besos, abrazos y caricias. Intentando que el dolor del alma se fuese, queriendo apaciguarlo con su sonrisa. Los “te quiero” que nunca dijo salieron juntos de su boca. Esa mañana ella se sintió, por fin, especial en sus brazos.  Pero sabía que al marcharse algo no estaba del todo bien.

Aquel día al llegar a casa, él soltaría todos sus demonios fuera, como quizá debiera haberlo hecho tiempo atrás para evitar toda esta situación. Las respuestas allí fueron de lo más habitual, lo más normal. Era muy duro ver cómo se iba perdiendo todo. Aunque ella misma lo estuviese viendo… Intentando recuperar aquello. Ver cómo todo lo que se ha ido haciendo durante años tira por tierra cualquier tipo de palabra que quieras emplear, era frustrante, Verónica no quería dar su opinión para que no influyese en él, pero pensaba que las cosas no había que recuperarlas, simplemente no dejarlas perder entre silencios, cuando se sabe que existe un problema pero no se tiene el valor de afrontar la conversación que acababa de abrir él, al menos él había mostrado más interés, real, en esa relación… Siempre daba paso al dialogo y no esquivaba las conversaciones, sin miedo, de frente, aún teniendo que ocultar a Verónica, había sido mucho más valiente, por su parte, aquel acto y sensato, ya que dejó a un lado a aquella pieza del puzle que nada tenía que ver en aquellas desganas. Ángel estaba saturado por toda la situación, no sabía qué camino había que elegir, porque como él decía, independientemente de todo aquello, sabía que también estaba Verónica.


Verónica intentaba mantenerse tranquila ante tal situación, seguía viviendo en su habitual mundo sin pensar en aquello. Esa tarde estuvo con Bruno.

- ¿Qué pasa Vero?... – Preguntaba el chico, sorprendido por la manera de cambiar la cara de ella.

- Que alguien a quien quiero está sufriendo mucho y no puedo hacer nada para remediarlo. Y su dolor, es mi dolor.- Explicaba ella resignada.

- Mi experiencia, que ya sabes cuál es, me dice que no debes dejar que la tristeza de nadie haga la tuya. Tienes que apoyar y aconsejar, estar ahí pero no hacerte una mochila con tus problemas y los de los demás. Eres tan buena que no dejas…- En ese momento le cortó sus palabras.

- No digas que soy buena o dejo de serlo ¿vale?, no me conoces, no tienes ni puta idea de cómo soy o dejo de ser. Y además sí, su dolor es el mío porque es parte de mí, le tengo aquí. En mí. Sé que es difícil entender ese concepto, lo sé. A mí me ha costado media vida darme cuenta y sobre todo, reconocerlo. Pero es así y…- Tal como terminó de decir eso, se marchó al baño a respirar. No llegó a llorar, pensó en aquel momento en que sus abrazos interrumpían palabras y se calmó. Al volver, Bruno estaba en el mismo sitio y con la misma cara.

- Enana, no me seas… Joder, es que me da una  impotencia no poder hacer nada… ¿Qué hago? Dime…- El pobre muchacho no sabía cómo hacer olvidar a la chica aquel momento. Pero era algo normal. Aquel problema era de tal envergadura que tenía que afectarla de una manera u otra.

- No puedes hacer nada niño, solo aguantarme y si quieres, ja. Pero es que nadie puede hacer nada. Es él quien tiene que aclararse y abrir o cerrar los ojos. Yo ya no puedo hacer más que estar cuando me necesite, si es que lo hace. Es así de sencillo. Así que ahora tú y yo, nos vamos a reír un rato, ¿quieres?- Cogió su brazo, le tiró como una niña pequeña de él y se fueron a andar por un parque, mientras iban hablando de la vida de él, de las tonterías del trabajo. Verónica iba pensando en el paseo del día anterior, por un momento se desconectó, estaba en aquel lugar que les vio quererse como no lo hicieron antes, que les vio estar en calma absoluta, aquel que escuchó todos los lamentos de Ángel.

- Has dicho él… ¿quién es él? ¿Qué pasa?- Preguntaba el chico intrigado.

- Nada corazón, cosas mías. Ja. Déjalo y sigamos con tu vida…  Es más interesante.- Mostraba un interés fingido, solo por ocupar su mente en otra cosa. El chico seguiría contándola todas sus batallas.

- Pues el otro día, cuando traías el pelo hacia atrás, causaste impacto… Me estuve riendo por dentro, todo lo que quise y más. Me decía Hugo que nunca había reparado en ti y que eras muy atractiva, que habías dejado de parecer una adolescente loca para ser una señora que mostrar en cualquier galería de arte. Y yo le dije que se olvidara de la gente de aquí, que nos podían traer problemas y demás. Y me dijo que por una mujer como tú, los problemas se quedaban en minucias. Y yo pensando por dentro… Ay, pequeño, no tienes que aprender. Me reí lo que no me he reído nunca. Si te conociera… No se atrevía a decir algo así… Pues no eres tú nadie…- Hablaba sobre lo sucedido una mañana en el trabajo, Verónica cuando cogía una manera de vestir, de arreglarse o peinarse, siempre se quedaba con la misma, pero si le daba por cambiar un poco, solía crear ese tipo de revolución y confusión en el ambiente.

Seguirían pasando las horas… Ángel no daba señales de vida… Suponía que estaba bien. Iría al encuentro de su paz… Su gran amiga, la que siempre guardaba abrazos para ella, fuese el momento que fuese… Siempre estaba, o lo intentaba. En el último año se habían unido más que nunca. Ella estaba ahí desde el principio de toda la historia y solo ella podía sacarla aquello que nadie hacía, excepto Ángel…

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