jueves, 18 de octubre de 2012

Parte 54


- Buenos días enana, espero que hayas dormido bien y algo mejor que yo. No, hoy no trabajo, puedes estar tranquila, y gracias por escribirme.- Respondía Bruno al mensaje de ella para despertarle, no sabía muy bien por qué lo hacía pero la apetecía hacerlo. Le mandó también una foto de aquella película que a los dos les gustaba.

Verónica pasaría la mañana en calma, sabiendo que le había hecho sonreír un poco. Intentó hacer reír también a Ángel, no quería dejarle mucho en el olvido, se sentía viva escuchándole reír. Habló con sus otros dos amigos, uno se desviviría por ella en elogios y comprensión, dejando de confiar en aquello a lo que tanto animó, viendo que cabía la posibilidad de que Ángel no estuviese tan enamorado como él defendía. El otro, seguiría con sus cuentos dramáticos, necesitando su apoyo y cariño. Mientras tanto pasaría la mañana de trabajo como en tiempos anteriores, riendo por todo, sacándole punta a cualquier cosa, contagiando a sus compañeros de fatigas. Hacía tiempo que no veía tanta comunicación entre todos. Parecía que su felicidad era la conexión entre unos y otros.

- ¿Y tú crees que los dos no son sentidos? Todos y cada uno de los que doy, lo son. Y los tuyos más aún.- Respondía Ángel a aquel mensaje de ella. Al verlo en la pantalla de su móvil, se helaría, haciéndole una broma más, no le afectaba en absoluto ninguna frase de aquellas suyas, aunque él no lo hiciese con mala intención. Ella ya lo veía así, como un acto de niños, de risas involuntarias y poco más. De buscar la esencia perdida entre tanto rebosamiento.

Pasaban las horas y Bruno se hacía rogar. No quería darle señales de vida aunque de vez en cuando le llegaba una cara dando un beso, de esas que le mandaba en señal de que la tenía en su pensamiento. En una de aquellas ocasiones, Ángel estaría delante y ella no supo fingir aquella sonrisa de medio lado. Él preguntaría y ella cambiaría radicalmente de tema, sumergiéndose en la alegría y el alborozo para distraer aquella atención.

Al salir, llamaría a Bruno, quedaron media hora después en casa de la chica, la recogería y la llevaría con él a su guarida. Reían por el camino con los símiles del chico, la sorna que utilizaba para hablar de su trabajo, de sus cosas y de su vida en general, a ella le hacía dejarse el pecho en las carcajadas. Al llegar a su casa, él la había preparado aquella bañera a conciencia, la acompaño hasta el cuarto de baño del dormitorio principal, la cerró la puerta y ella se hundió en aquel baño cítrico y caliente, con el olor del perfume del chico, con las luces secundarias encendidas dejando a la oscuridad hacer su función. Al salir de aquel cuarto, con la camisa del pijama del chico, lo cual siempre había soñado hacer en algún momento de su vida, la mesa de centro estaba rodeada por la fruta y el chocolate, a él le gustaba mucho lo natural, sano, ella era de otro tipo de comida pero… Tampoco le disgustaba la merienda preparada.

- ¿me dejas tu portátil, por fi?- Ella necesitaba poner al día sus cuentas en la red, él no tenía ni idea de lo que pasaba por la cabeza de Verónica. Se lo acercó, lo inició y decidió mostrarle su pequeño mundo, ese que la devolvía a donde se perdía.

- Pero… Esto… ¿es tuyo?-Decía tan impresionado como si hubiese visto un fantasma, ella sonreía sonrojada a la vez que se comía aquel trozo de manzana y asentía con la cabeza. Cual niña de cinco años.- No, me estás engañando… ¡Que la rubia piensa! Ja… Ahora en serio… Alucinante… Todo eso guarda tu voz… Quiero que me lo leas en voz alta, por favor.- Bruno se arrodilló a la altura de sus labios y ella se negó.

- Puedes leerlo, pero ¿qué te lo lea yo?, estás alucinando. Mira, vamos a escribir ahora mismo, los dos juntos, lo que acaba de pasar aquí, en un momento. ¿Te parece?, pero… Luego tú te vas a hacer tus cosas, yo le doy forma, lo publico y lo lees. Luego borraré todo rastro para que no puedas seguirlo a diario. No quiero que… Bueno, que solo lo leerás cuando y como a mí me apetezca, ¿capisci?- Ordenaba ella sin más y él asentía.

Comenzaron a escribir aquello juntos, tardaron un par de horas en ello, no se ponían de acuerdo en qué ni en cómo, finalmente él se marchó a hacer la cena y ella quedó formando aquel texto para después enseñárselo. Iban haciéndose muy amigos. Al menos, Bruno, tenía un cerebro contra quien pelear, aunque le faltase aquella rapidez que da la picardía.

Miraba el reloj y… Las velas enmudecieron ante la arena perdida… Se arrinconó en aquel trocito reservado para el intelecto del chico…Su pequeño salón de sueños, donde transformaba toda su imaginación en arte y ahora quería compartir con ella… “sabía que no me equivocaba…” afirmaba él con todo el resplandor de sus pestañas mirándola como si fuese un espectro…La joven le miraba aturdida y desconcertada ante tal frase, no entendía qué pasaba por su cabeza. Al girar su cuello hacia un lado vio todos aquellos álbumes de fotos, de él, fotos a la mitad… Empezaba a oler a desamor por todos los rincones de aquella casa.

- Mmmmm… Niño ¿y esto?-Señalaba a la estantería que contenía un montón de cuadernos, desgastados en sus tapas, llenos de marcas por todos lados.

- Digamos que yo sigo prefiriendo el papel ante las nuevas tecnologías, toma este… a ver qué tal.- Le entregaba uno de aquellos blocs que parecía tener más años que ellos dos juntos. Se perdió ante aquella letra enrabietada, sencilla pero enmarañada. Se sumió en un mundo lleno de paradojas del destino y de la coincidencia, o no. Estaba cada vez más sorprendida de lo que estaba viendo y viviendo. No podía creer que existiese su análogo en hombre. Reía para sí misma.

Pasó media noche leyendo todo lo que guardaba en sus entrañas, mientras decidía volver a aquellos lugares que había abandonado por ver como la soledad se hacía más intensa ante tanta gente. Hizo borrón de todos los rastrojos que la perseguían de un lado a otro y continuó sin mirar atrás. Hablaba con sus verdaderos amigos, los que la habían apoyado con mensajes continuos y dándola las manos para salir de allí donde se había sumido. Poco a poco encontraba su esencia, la que Ángel quería hacerla recuperar. Cuando estaba en casa de Bruno apagaba todas las conexiones del teléfono para que él no volviese a regañarla como a las niñas pequeñas.

- Puedes dejarlo encendido, lo que no quiero es que hagas de los problemas de los demás, tu propia tristeza. Mira como reías el otro día sin cobertura. – Le decía el chico pacientemente y con aquella cara de angelito que ponía.

Amaneció diez horas después de haberse dormido en el sofá envolvente, Bruno estaba en su cama dormido como si fuese un bebé. Ella aprovechó para conectar el teléfono, tenía un mensaje de Ángel, un “buenos días, que tengas buen despertar.”Ella sonreía ante ese simple y pequeño gesto, porque sabía que era como una manera de mostrar que seguía ahí. El día anterior su “luego hablamos...” se quedó en la nada. Él era consciente de los desplantes que le hacía e intentaba remediarlos de la mejor manera que podía o sabía. Y ella sabía que, en el fondo, valoraba aquella relación extraña que tenían. Intentaba por todos los medios no ofenderla, no hacerla más daño del que le hubiese podido hacer. Pero no sabía cómo. Tenía que acompañar a Bruno a lugares varios, sin él habérselo pedido a ella le apetecía ir con él, así salía un poco de aquella rutina. Pasaron media mañana por el centro de Madrid, sin parar de una calle a otra, de un portal a otro. Hasta que llegaron a casa, donde les esperaba la comida que el día anterior habían preparado juntos. Comieron entre conversaciones literarias, de sus respectivos cuadernos.

- Era una manera de mostrarle a ella que mis silencios sí guardaban o escondían amor, mientras se dedicaba a recriminarme porque nunca le decía aquellas dos palabras. Pero no porque no quisiera decirlas, sino porque nadie me había enseñado a sentirlas, y decirlas porque sí, no me parecía correcto.- Explicaba sobre su antigua relación. Guardaba unos cuantos cuadernos acerca de ello. A Verónica le daría para mucho... Y para muchos recuerdos.

Al terminar de comer ella recogía la mesa, llevándolo todo a la cocina, al llegar de nuevo al salón, Bruno había volcado su cabeza en el reposabrazos. Ella reía ante tanto cansancio acumulado, le tapó con aquella media colcha hecha por la madre del chaval y se fue al símil de biblioteca ya que estuvo manteniendo una larga conversación con Ángel y no quería despertarle.

Ángel habría pasado de nuevo por un episodio laboral de aquellos que a él le saturaban, fuera de la situación personal que estuviese viviendo y a nadie le importaba, él se involucraba mucho en las vidas o sentimientos de los que creía sus amigos, intentaba escucharles y apoyarles sin darse cuenta que a él nadie le entendía ni se ponía en su lugar. Verónica era como un pequeño vertedero donde volcar toda la basura que salía de la boca de él y de la gran mayoría de la gente que habitaba aquel lugar. Viendo cómo iban cambiando las versiones de unos y de otros. Cómo cada uno, realmente, lo único que hacía era proteger lo suyo sin ver que estaban jugando con personas que tenían corazón, que se habían dejado el hielo en la nevera para las fiestas. Y aquello, analizado desde fuera y con la frialdad suficiente, la hacía ver lo justo y lo injusto, lo correcto y lo incorrecto… Le escuchó una vez más, le dejó que se calmara con ella, como hacía siempre. Intentaron buscar aquel punto de inicio donde los dos eran la vida y la sonrisa en persona. Cuando le dijo aquello… A ella el pecho le dio un vuelco…A ella le pasaba lo mismo, se asfixiaba y sentía la necesidad de gritar un sí bien alto, que lo oyese cualquiera. Pero es que a nadie le importaba realmente aquella respuesta, les daba igual, lo que se les escapaba a su mente, era el interés que mostraban algunos, algunas en sacarles aquel sí y quizá todo aquello se juntaba en otros pensamientos. Pero es que, incluso con Bruno no podría gritar aquel sí, sobre todo porque a nadie le incumbía, eran sus vidas, las de nadie más. Ella preguntaba cuándo se verían, él proponía un día y una hora… Quedaron en nada… Pero hablarían.

Al llegar la hora de la clase de Bruno, ella le pidió que la llevase a casa...

- ¿Te quedas a verme? Anda… Sé que no te he hecho ni caso hoy pero… Me hace ilusión. Por fa...-Le suplicaba.

- Mmmmm... No sé... ¿te lo mereces?- reía por dentro viéndole la cara de espera.- No puedo niño, me tengo que ir. –Realmente no tenía nada que hacer pero de nuevo le apetecía estar sola y que él tampoco la metiese tanto en su vida por si tenía que salir corriendo. Le besó en la mejilla, como siempre y se marchó a su casa, que también le apetecía pisarla de vez en cuando. Y tenía muchas cosas pendientes en ella.

Ya en casa, estancada en sus pensamientos, sus recuerdos, releería todos aquellos cuadernos que le había dejado el chico e iniciaría una conversación escrita con él... Una conversación que no sabían si cerraba o abría puertas, pero sí sus almas, sus dolores, sus miedos, sus por qué si, o por qué no... Empezaban a conectar de manera diferente. Y Verónica empezaba a comprender tantas ganas de sacarla de aquel hoyo sin conocerla... Bruno sufrió muchísimo la pérdida eterna de aquella a la que nunca supo ilusionar... Pero ella le hacía ver que no debía convertirse en su reto personal, ni hacerla ser lo que no era... Debía verla como Verónica y no como aquella que perdía en esa madrugada...


 

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