Al día siguiente, por circunstancias, terminó
dándole señales de vida, no queriendo, pero siendo su único refugio ante
ciertas cosas. Lo tomaron con un poco más de humor, ella empezaba a adaptarse a
la nueva situación de otra manera, le costaba por todo el zoológico que tenía
en el estómago pero ya lo tomaba de distinta manera. Al verle, su reacción
cambió, volviendo a ser la de meses atrás, la de las ganas de que la mirase y
sonreír enrojeciendo sus mejillas. Se empezó a poner nerviosa, de manera que se
escudaba en su falsa capa de seriedad. Todo el que pasaba en frente de ella se
daba cuenta que miraba de forma diferente. No eran ilusiones, simplemente la
aceptación de unas migajas que ambos querían.
Verónica, para no perder costumbre, desde otra
perspectiva, reconstruía los hechos que les habían llevado a aquella situación,
el día anterior hablaría con uno de los pocos amigos en común que tenían y que
no sabía nada de lo que tenían entre ambos, éste, le haría comprender ciertas
cosas que, a la chica, le daban mil vueltas en la mente y encajaban
perfectamente en el puzzle.
- Yo también
se jugar a ajedrez ¿sabes?, y… Bueno, cosas que prefiero callarme para que no
tengas que mentir por mí. – Le decía aquel corpulento hombre pero niño a la
vez.
- Pues es un
gran gesto de amigo, la verdad, eres de los pocos que me ha dicho eso.
Precisamente todo lo contrario…- Contestó ella y empezó a cavilar para sus
adentros.- “precisamente todo lo
contrario hace el que me cuentas, que en lugar de callar, prefiere,
rastreramente malmeter contra lo que él sabe que me importa… No podré
entenderlo…”- Y con aquel pensamiento se quedó durante toda la noche. Tanto
que, en sus propias pesadillas, aparecía todo ello. Revelándole su
subconsciente todo lo que debía haber dicho y no dijo. Todo lo que adornó con
otras cosas que también pensaba y eran igual de importantes.
Al quedarse sola en aquel zulo de dos por dos, su
cabeza emprendía el viaje a la aceleración continua, sin pisar el freno, a su
vez, las manos describían todo aquello que se guardó, sin ningún tipo de
maquillaje, toscamente lo transcribió en un correo electrónico y… Envió. Sin
miedo de nada, ni de que él no pensase que no era cierto. Le daba igual. Ahora
había decidido perderlo totalmente, así que al menos, se quedaría a gusto al
cien por cien. Cuando de aquella nube, le despertaba una llamada.
- Hola… ¿qué
pasa? ¿No me has contado que le vas a regalar a tu chico?, que recuerdo que su
cumpleaños es cercano al de la mía, sino ha sido ya, claro.- Aquel hombre,
incapaz de matar a una mosca, pero muy sutil para ir dejando a Verónica sin
aliento.
- Pues la
verdad, había pensado en algo pero no es factible, recorrí unas cuantas
joyerías y nada. Así que… creo que este año, nada de nada. Además que como lo
hemos dejado, o… no lo hemos continuado, o llámalo X, ja ja ja. No creo que
piense en nada, no es necesario, ya está todo más que regalado.- Decía ella
entre ironía y desazón. Por no echarse a llorar en el momento.
- Venga ya
Vero… Tú no eres esa, tú tienes más categoría que todo eso. ¿Desde cuando te ha
importado algo así para tener un detalle?, siempre has sido de otra manera… El
año pasado, estabais prácticamente por el estilo, ¿y qué hiciste?... Que tienes
clase tía… Va…- Su coach la animaba, parecía tener más ilusión él en esa
historia que la propia chica. Él decía
que era su creación, en sus inicios fue quien siempre la aguantó lágrimas
convirtiéndolas en risas de esas que te duele la tripa.
- Es que,
ahora no es igual que el año pasado. Ahora le amo de más. Y no quiero jugar con
mis sentimientos ni con su nobleza. El año pasado, le quería, aun habiendo sido
tan poco tiempo, le quería con toda mi alma, pero es que ahora… Ahora es
demasiado, niño. No sé si podré.- Le contaba mientras suspiraba, dudaba,
pensaba en todo, los pros, los contras… Y se veía en lo que se había
convertido, ni en la sombra de lo que era. No tenía ni la mitad de ilusión,
pero algo le llevó al centro de su esencia.
- Se que lo
vas a hacer, porque sí, porque tu lo vales y porque sabes que se lo merece.
Además, que un detalle no significa nada. No alientas nada. Sólo es un
recuerdo, sin más…- Mientras él pronunciaba todo esto, ella pensaba para sí
misma “pues es verdad, es solo un recuerdo, que puede alimentar más la agonía,
pero un recuerdo. El decidirá si lo coge o no.”
Al salir de trabajar, con todo el peso que tenía en
el cuerpo, había quedado con otro amigo, bueno, ella los llamaba amigos pero en
realidad eran solamente gente de compañía, los amigos de verdad estaban en sus
noches en vela, en sus titubeos y para llevarla a lo más alto aplaudiendo
aquello que decidiese. Antes de acudir a aquella cita, hizo una visita a una de
esas tiendas de cabecera que tenía para ella misma y para los pocos afortunados
que compartían su sentir. Sabía que allí lo encontraría… Tuvo como una especie
de visión mientras hablaba con su coach, como si tuviese en frente, justo lo
que ella quería para él. Llegó corriendo, porque le cerraban. La dependienta se
quedó algo perpleja al verla entrar así.
- ¿estás bien?...-
Preguntaba aquella alma sin mundo y, casi ya, sin edad.
- Perfectamente,
es que… Buah, déjelo porque si se lo cuento, se va a reír de mi.- La chica
se avergonzaba mientras miraba de un lado a otro. No podía ser… Estaba, donde
lo había imaginado. Tal cual lo había visto. – pero… ¿es que esto existe? Sal de mi, Satán…- Decía en voz baja
mientras reía como una loca.
- Pues, sí.
Existe. Lo que no existen son las casualidades, y me da que lo mismo que has
pensado tú, ya lo había pensado yo. Créeme, le gustará y reirá, que es lo que quieres.-
Explicaba aquella mujer extraña, Verónica pensó que algo debió decir en voz
alta, porque si no, no había manera de explicar lo que esa señora estaba
diciendo. No estaba en su mente para saberlo. - No me mires así bonita. Y además se de que año es la persona a quien se
lo vas a regalar y que es tan o más noble que tú. Y sí… Lo está pasando tan mal
como tú. – La chica guardó silencio, cogió su regalo en sus pequeñas manos,
mientras lo metía en el bolso, la señora se despedía con una advertencia.- Ten cuidado, la envidia te persigue.- Ella
salió de allí como alma que llevaba el diablo, pensando “la envidia no sé, pero la locura, fijo… Vamos no me jodas… Pero si es
que… ¿y si tiene razón?.. Va Vero, ni lo pienses.”
Se fue a la cita prevista y no estaba donde tenía
que estar, así que optó por el café rápido y se marchó sin más. Sin una
conversación decente al menos. Necesitaba descansar…
Ya en casa… Planearía la forma de entregarle aquel recuerdo…
Ya que, no sabía si, tanto él, como ella, querrían quedar para celebrar su
cumpleaños. Además de que ella ya no quería entrometerse más en su mundo, a
pesar de encantarle aquello de subir, asfixiarse, bajar y caerse… Tendría que
haber otra opción. Pero tenía que parecer que Ángel tenía el control de la
situación para que no se saturase… Demasiados requisitos juntos para un dichoso
detalle.
Se rendía por momentos… Pero en los brazos de Morfeo…
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