viernes, 5 de octubre de 2012

Parte 50


Al día siguiente, por circunstancias, terminó dándole señales de vida, no queriendo, pero siendo su único refugio ante ciertas cosas. Lo tomaron con un poco más de humor, ella empezaba a adaptarse a la nueva situación de otra manera, le costaba por todo el zoológico que tenía en el estómago pero ya lo tomaba de distinta manera. Al verle, su reacción cambió, volviendo a ser la de meses atrás, la de las ganas de que la mirase y sonreír enrojeciendo sus mejillas. Se empezó a poner nerviosa, de manera que se escudaba en su falsa capa de seriedad. Todo el que pasaba en frente de ella se daba cuenta que miraba de forma diferente. No eran ilusiones, simplemente la aceptación de unas migajas que ambos querían.

 
Verónica, para no perder costumbre, desde otra perspectiva, reconstruía los hechos que les habían llevado a aquella situación, el día anterior hablaría con uno de los pocos amigos en común que tenían y que no sabía nada de lo que tenían entre ambos, éste, le haría comprender ciertas cosas que, a la chica, le daban mil vueltas en la mente y encajaban perfectamente en el puzzle.

 
- Yo también se jugar a ajedrez ¿sabes?, y… Bueno, cosas que prefiero callarme para que no tengas que mentir por mí. – Le decía aquel corpulento hombre pero niño a la vez.

 
- Pues es un gran gesto de amigo, la verdad, eres de los pocos que me ha dicho eso. Precisamente todo lo contrario…- Contestó ella y empezó a cavilar para sus adentros.- “precisamente todo lo contrario hace el que me cuentas, que en lugar de callar, prefiere, rastreramente malmeter contra lo que él sabe que me importa… No podré entenderlo…”- Y con aquel pensamiento se quedó durante toda la noche. Tanto que, en sus propias pesadillas, aparecía todo ello. Revelándole su subconsciente todo lo que debía haber dicho y no dijo. Todo lo que adornó con otras cosas que también pensaba y eran igual de importantes.

 
Al quedarse sola en aquel zulo de dos por dos, su cabeza emprendía el viaje a la aceleración continua, sin pisar el freno, a su vez, las manos describían todo aquello que se guardó, sin ningún tipo de maquillaje, toscamente lo transcribió en un correo electrónico y… Envió. Sin miedo de nada, ni de que él no pensase que no era cierto. Le daba igual. Ahora había decidido perderlo totalmente, así que al menos, se quedaría a gusto al cien por cien. Cuando de aquella nube, le despertaba una llamada.

 
Hola… ¿qué pasa? ¿No me has contado que le vas a regalar a tu chico?, que recuerdo que su cumpleaños es cercano al de la mía, sino ha sido ya, claro.- Aquel hombre, incapaz de matar a una mosca, pero muy sutil para ir dejando a Verónica sin aliento.

 
- Pues la verdad, había pensado en algo pero no es factible, recorrí unas cuantas joyerías y nada. Así que… creo que este año, nada de nada. Además que como lo hemos dejado, o… no lo hemos continuado, o llámalo X, ja ja ja. No creo que piense en nada, no es necesario, ya está todo más que regalado.- Decía ella entre ironía y desazón. Por no echarse a llorar en el momento.

 
- Venga ya Vero… Tú no eres esa, tú tienes más categoría que todo eso. ¿Desde cuando te ha importado algo así para tener un detalle?, siempre has sido de otra manera… El año pasado, estabais prácticamente por el estilo, ¿y qué hiciste?... Que tienes clase tía… Va…- Su coach la animaba, parecía tener más ilusión él en esa historia que la propia chica.  Él decía que era su creación, en sus inicios fue quien siempre la aguantó lágrimas convirtiéndolas en risas de esas que te duele la tripa.

Es que, ahora no es igual que el año pasado. Ahora le amo de más. Y no quiero jugar con mis sentimientos ni con su nobleza. El año pasado, le quería, aun habiendo sido tan poco tiempo, le quería con toda mi alma, pero es que ahora… Ahora es demasiado, niño. No sé si podré.- Le contaba mientras suspiraba, dudaba, pensaba en todo, los pros, los contras… Y se veía en lo que se había convertido, ni en la sombra de lo que era. No tenía ni la mitad de ilusión, pero algo le llevó al centro de su esencia.

 
- Se que lo vas a hacer, porque sí, porque tu lo vales y porque sabes que se lo merece. Además, que un detalle no significa nada. No alientas nada. Sólo es un recuerdo, sin más…- Mientras él pronunciaba todo esto, ella pensaba para sí misma “pues es verdad, es solo un recuerdo, que puede alimentar más la agonía, pero un recuerdo. El decidirá si lo coge o no.”

 
Al salir de trabajar, con todo el peso que tenía en el cuerpo, había quedado con otro amigo, bueno, ella los llamaba amigos pero en realidad eran solamente gente de compañía, los amigos de verdad estaban en sus noches en vela, en sus titubeos y para llevarla a lo más alto aplaudiendo aquello que decidiese. Antes de acudir a aquella cita, hizo una visita a una de esas tiendas de cabecera que tenía para ella misma y para los pocos afortunados que compartían su sentir. Sabía que allí lo encontraría… Tuvo como una especie de visión mientras hablaba con su coach, como si tuviese en frente, justo lo que ella quería para él. Llegó corriendo, porque le cerraban. La dependienta se quedó algo perpleja al verla entrar así.

 
- ¿estás bien?...- Preguntaba aquella alma sin mundo y, casi ya, sin edad.

 
- Perfectamente, es que… Buah, déjelo porque si se lo cuento, se va a reír de mi.- La chica se avergonzaba mientras miraba de un lado a otro. No podía ser… Estaba, donde lo había imaginado. Tal cual lo había visto. – pero… ¿es que esto existe? Sal de mi, Satán…- Decía en voz baja mientras reía como una loca.

 
- Pues, sí. Existe. Lo que no existen son las casualidades, y me da que lo mismo que has pensado tú, ya lo había pensado yo. Créeme, le gustará y reirá, que es lo que quieres.- Explicaba aquella mujer extraña, Verónica pensó que algo debió decir en voz alta, porque si no, no había manera de explicar lo que esa señora estaba diciendo. No estaba en su mente para saberlo. - No me mires así bonita. Y además se de que año es la persona a quien se lo vas a regalar y que es tan o más noble que tú. Y sí… Lo está pasando tan mal como tú. – La chica guardó silencio, cogió su regalo en sus pequeñas manos, mientras lo metía en el bolso, la señora se despedía con una advertencia.- Ten cuidado, la envidia te persigue.- Ella salió de allí como alma que llevaba el diablo, pensando “la envidia no sé, pero la locura, fijo… Vamos no me jodas… Pero si es que… ¿y si tiene razón?.. Va Vero, ni lo pienses.”

 
Se fue a la cita prevista y no estaba donde tenía que estar, así que optó por el café rápido y se marchó sin más. Sin una conversación decente al menos.  Necesitaba descansar…

 
Ya en casa… Planearía la forma de entregarle aquel recuerdo… Ya que, no sabía si, tanto él, como ella, querrían quedar para celebrar su cumpleaños. Además de que ella ya no quería entrometerse más en su mundo, a pesar de encantarle aquello de subir, asfixiarse, bajar y caerse… Tendría que haber otra opción. Pero tenía que parecer que Ángel tenía el control de la situación para que no se saturase… Demasiados requisitos juntos para un dichoso detalle.

 
Se rendía por momentos… Pero en los brazos de Morfeo…

No hay comentarios:

Publicar un comentario