Ángel
había aprendido algo de ella, a sacar una sonrisa de donde no la hubiese.
Después de aquella petición de tiempo y silencio, Verónica no sabía cómo
actuar, le flaqueaban las fuerzas queriendo escribirle un correo, un mensaje,
algo. No podía soportar la idea de dejarle así, en momentos de dudas, de
interrogaciones, cada uno pensaba más en el otro que en sí mismo. Esa mañana,
ella se levantaba encolerizada con el mundo, pero en lugar de mostrar tanto
incendio en su cuerpo, ponía la más falsa de sus sonrisas, la chulería, la
soberbia, las indirectas que se clavan en la espalda y en la mente. Decidió
escribir un texto que no sabía si enviar o no, y decía…
“Fui creando un universo sobre cenizas que
aún estaban calientes, de tal manera que la vida no podía florecer por ningún
lado, por mucho que las regase. Se quemó la esperanza, la ilusión y la
confianza en un bosque de árboles naturales, cuando quise plantar lo
artificial, no dio ningún fruto.
Esa noche en la que
se encendió la primera chispa y provocó la llamarada de aquellos rastrojos, fue
consumiéndose lenta y suavemente la selva de mi piel.
¿Quién me diría a mi
que estaría mucho más a gusto sin saber?... Hace unos días, cuando perdí toda
expectativa de lucha, mi mundo se derrumbaba, todo iba cayendo como las piedras
de aquel camino al paso de un camión. Todo sueño a los pies, rompiendo en mil
pedazos los jirones que había ido dejando mi alma. Me faltaba el aire, me
ahogaba ante un mundo sin lo que era mi sonrisa. Imaginaba todas aquellas
situaciones que nos habían llevado hasta allí, y me ponía en dichos momentos
sin esa complicidad, sin esas miradas, parecía que me quitaban la vida allí
mismo. Viendo aquella mirada entre impotente, frustrada, aquellas manos que
querían alejarse pero no podían. Me sentía tremendamente angustiada y con un
dolor superior al de la pérdida de aquella persona que me hizo sobrevivir.
Hoy… Ciertamente me
siento a gusto, cómoda, con la decisión tomada, con saber que la felicidad no
está en mí sino donde habías de encontrarla. Sabiendo que luchas por algo, por
alguien, aunque no sea yo. Me siento muy en paz conmigo misma, porque sé que
como te amé, y hoy te quiero, nadie lo hará jamás. O quizá sí, pero ese ya no
es mi problema. Ahora tienes la posibilidad, todo en tus manos para crear un
mundo de ilusión, tanto para ti como para quien quieres.
La vida no se acaba
para ti, ni tampoco para mí, aunque se quede en stand by durante un tiempo.
Todo volverá a su cauce, tú podrás hacerte una foto y verte completo. Estoy segura.
Y continuar con aquellos planes a África que tenías en aquel momento, esto solo
ha sido un paréntesis. Un kit kat necesario por tanto y tanto estrés, agobio y,
quizá, falta de comunicación por evitar crear problemas donde has de dar estabilidad, les pasa a muchos, por no
decirte a todos.
La parada del tren
está aquí. Donde las campanas de llamada no suenan, donde el silencio es
nuestra única condena. Donde las miradas regaladas se pierden en la noche. Y
donde la verde luz de nuestros ojos alimenta nuestra pena. Pero nuestras penas
no han de ser nuestra condena. Sino aquel motivo de orgullo que comentabas. El
orgullo de saber que regalo tu amor a quien más lo merece, sin ser yo. Porque
yo no lo quiero, ni lo merezco. Porque yo solo vine a enseñarte una realidad
que nunca habías barajado.
En dos ocasiones, has
decidido que el deber forma parte también del querer. En dos y alguna más… Por
ello ahora has de querer de verdad, con toda la intensidad que lo hiciste
conmigo, con toda la ilusión y energía que te entregan día a día, y volver a
ver florecer ese inmenso jardín repleto de flores solo para ti, dejar de ver
una flor que te obstaculice la visión. Porque quieres hacerlo. Quieres
sobrevivir a lo que pudiera ser el final de una vida llena de recuerdos, de
momentos buenos, y no tanto.
Olvídate de ese falso
sentimiento que te empujaba a estar conmigo, que no era más que la obligación
de recomponer lo que se iba marchitando. De volver a ver la cara que conociste
y, que difícilmente volverás a ver, no
por indiferencia, ni desprecio, ni odio, sino porque esto también me ha
enseñado a mi. Me ha devuelto al mundo real que había dejado por corretear tras
nubes de juegos y fantasías inexistentes. Pero preciosos. No debes sentirte
responsable de mí, ni de lo que haya pasado entre ambos, que ha sido
maravilloso, pero solo ha sido fruto de la soledad mutua. Del consuelo de esa
soledad.
Una ventana a la
libertad… Una vía de escape… Y una ilusión que ha llegado a su final. Pero
sonríe, lo mereces tú y tus raíces. Sed felices por mí.
No hay experiencias
buenas ni malas… Solo aprendizaje.
Aunque
no te guste… Siempre tuya."
Finalizaba
aquella carta con una promesa, de aquellas que endulzan los oídos y el alma,
como regalo de despedida y del día que se acercaba. Se sentía algo más segura
de sí misma, no por nada en especial, sino porque sabía que ella podía
conseguir lo que quisiera y cómo quisiera. Aunque en aquel momento sólo le
quisiera a él. Pero atrapándole solo sería egoísta.
Ese
día hablaría con ese amigo, con su fiel consejero.
-
A ver Vero, relájate, retoma lo que me
estabas contando del verano. ¿Tu de verdad te ves así? Con él, como pareja,
saliendo, aguantando sus neuras, sus malos sueños, sus futuras discusiones
familiares, sus no discusiones, sus momentos en los que necesite estar solo,
que los tendrá, o los momentos en que tenga y quiera estar con su familia…
Venga, sinceramente, segura y valiente. Contesta.- La chica pensaba en todo
aquello que le decía, se ponía en esas situaciones y se miraba a sí misma, en
ese momento. No supo responder. Se calló sin más, porque ella misma sabía que
era una completa locura, pero su corazón le gritaba que sí. Y cada vez latía
más fuerte. Su amigo al oír el silencio que se hizo, continuó.- Bueno, creo que es momento de echar el freno
¿no?, venga anda, que te has quedado muda, ja. Con lo que tú vales, que mal
aprovechada estás.- Intentaba hacerla reír de la manera que él sabía, y lo
conseguía. Era único para hacerla dejarse el estómago en una carcajada.
La
historia llegaba a su punto final. Ella lo sabía. Se dejaba llevar al mundo del
que vino… A su soledad… Su mundo que se quedó estancado en aquel cajón, donde
sus cuentos a mano, se amontonaban sin ver la luz. Lo que siempre había sido su
particular, salvación.
Ella, sus pensamientos, su ironía, su filosofía y su libertad...
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