Tras aquella lluvia del alma y el cielo, Angel sentía todo el agradecimiento del mundo a aquella muchacha. Ella decidió olvidar sus sentimientos para poder estabilizar un poco todos aquellos cortocircuitos que ahogaban al hombre en una pecera de un sólo pez. Prefirió dejarle volar con sus palabras, sus sentimientos, sus pensamientos para que nadase al menos en un sitio más amplio.
Todo aquello ya le había sucedido a ella en la época en que Andrés aparecía en su vida. Para ella no era fácil pues suponía enfrentarse a diversas contradicciones morales, por ese motivo quería ser un poco más radical y ser una cosa u otra, pero no las dos juntas, porque tenía que usar toda su objetividad dejando a un lado el corazón ardiente que estuvo a punto de estallar o, arder en pasión y amor sin consentir que las bocas se abrieran nada más que para leerse los labios con el tacto del otro, pero en esta ocasión había comprendido todo, desde la madurez que le habían dado los golpes, desde la mujer que había dejado de ser por conseguir la sonrisa de esa persona, esta vez no estaba solo. Quería estar, que él se sintiera con aquella seguridad de no ver sólo un túnel. Primero, por agradecimiento a todo lo que él le había dado, que no había sido poco, pero despues por aquella confianza, complicidad, amistad que les unía desde el principio. La amistad era algo que nunca podría negarle porque se formaron de ella. Sin mezclar unas cosas con otras, ella pensaba que las únicas "relaciones" que funcionaban eran esas, las sólidas. Y esa fortaleza no se conseguía con silencios sino con tardes de largas conversaciones, con noches de risas y mañanas de ilusión, lágrimas derramadas, abrazos sentidos, apoyo y atención.
Aquella mañana despertaría con una sonrisa por y para él. Con aquel mensaje "Ilumina el día con el resplandor de tus ojos al abrirlos. Porque sin ellos el día será triste y gris." Al leerlo, miró la hora de llegada del mismo y pensó para sí misma ciertas cosas que prefería callar pero que le pintaban el día otoñal de un color diferente y más vivo. Le mandó una sonrisa y un beso, a su pregunta, ella respondió que sí, pero se calló aquello de... "sin tu sonrisa el sol no saldría ni en pleno quince de agosto...".
Angel se encontraba en aquel punto en que Verónica optó por la comodidad cuando conoció a Andrés. Era mucho más joven y aún tenía tiempo de rectificar y volar si fuese necesario. Él se encontraba en otra edad, en otros pensamientos, en los de ver cómo se van al traste todos tus deseos, tus ilusiones, tus inquietudes por un sacrificio que no sabía si le merecía la pena. Posiblemente eran muchos años, demasiados, viendose en un lugar que no era para él, en que se sentía desplazado sutilmente, pero que él había elegido, nadie le obligó. El mismo escogió devolver algo que no debía a nadie, porque nada le dieron. No había sentido nada más especial que agradecimiento hacia la que fuera su "condena". Cuando le contó a Verónica su pequeño principio de historia, se dió cuenta que él no se había enamorado nunca, que solamente seguía el curso que la vida le había ido marcando. Que los "tengo que" habían sido los protagonistas de su vida, más que los "quiero hacer". Posiblemente, el problema se enraizase en que la otra parte sabía cómo ir mostrándole que debía agradecer todo lo que recibía, o quizá eso él ya lo llevase en su educación y se utilizase como arma arrojadiza contra él. Por eso la chica no quería que le agradeciese nada, ni que pensase que le debía nada, porque nadie debe nada a nadie. Cada uno debía ser consciente de sus limitaciones, de sus maneras, de su ser. Y ser sin más, sin tener que pensar en que uno merece o deja de merecer. No hay cadenas que nos aten sino pensamientos y falsas morales que nos inculcan desde que nacemos.
A la única persona que alguien se debe, es a sí mismo, y a lo que forme parte de él, nada más. De aquello quería convencerle, pero no sabía cómo hacerlo sin que su doble moral la traicionase. Cuando dos personas están a veinte centímetros físicos y años luz de sus almas... No había nada que hacer. Posiblemente él fuese el culpable, posiblemente no. Aquello se dividía al cincuenta por ciento. Tanta culpa era de los silencios del uno, como de las ordenes que volaban por aquel lugar.
Cada uno da lo que recibe, y no se puede dar amor si se recibe hostilidad, no se puede dar todo sino se recibe nada. ¿Qué sacrificios había?...¿Las ilusiones de uno o de la otra?... Al fin y al cabo, ella había conseguido su objetivo... El hombre que se le resistía a estar atado y una familia, rota, pero una familia. Aquella con la que ir de vacaciones para enmarcar fotos en las que él no fuese capaz de sonreir para despues enseñarlas y alardear ante amistades cercanas. El sueño de toda mujer realizada, irónicamente hablando. Aunque Angel siempre se posicionaría al lado del más débil, pero no se daba cuenta, que en esta ocasión, la debilidad estaba en él.
Por supuesto que la ilusión podía formar parte de ellos, cuando la cuerda se alejaba demasiado. Durante años, se descuidaban para despues ver cómo se caía todo por un lado u otro de la montaña. Era entonces, cuando podían reaccionar, pero ¿Qué les llevaba a reaccionar? ¿Amor, vida, cariño, agradecimiento? Y el problema era que en esta caída estaba el colchón Verónica, a la cual Angel no quería utilizar como tal, como paracaídas o colchón. No se quería escudar en ella para acobardarse ante la culpa. Ella sabía muy bien de lo que hablaba. Por eso le decía que no eran destino, sino el camino.
Verónica estaría... Su abrazo lo tendría siempre, aunque aquella palabra no le gustase. Sus lágrimas ya tenían hombro sobre el que caer y su alma unos pequeños brazos que le arropasen. Una "madre" sin serlo, una "hermana" sin serlo, una "amiga" intentando serlo.
La vida no era fácil... Solo, había que vivirla.
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