jueves, 27 de septiembre de 2012

Parte 44

Esa noche el vaivén de sentimientos provocaría en ella lo que tantas otras veces, el insomnio. Su mente parecía una montaña rusa, tan pronto se le encendía la llama de la ilusión como se le apagaba completamente. Todo radicaba en que anteriormente, tenía aquellos fieles amigos a quienes soltarles todos sus berridos, sus reproches, pero no quería seguir llorándole a nadie sus desdichas, esto solo formaba parte de ella y él.

Todas sus nubes, sus tormentas, eran provocadas por otras conversaciones antiguas con unos y otros, cuando le explicaban cómo había funcionado en sus vidas este tipo de situaciones, y se sentía como "ellas", aquellas a las que ella despreciaba por el simple hecho de luchar por lo que querían. Se veía reflejada en todas aquellas palabras, en todo lo que pensaban ellos de esas chicas, que al fin y al cabo, hacían lo mismo que ella. Pero no quería sentirse así, no quería ver cómo destruía la vida de una persona, o alguna que otra más.

Tras la calma momentánea, comenzaron a hablar y a reír como tiempo atrás, sacándole punta a lo que se les pusiese delante. Parecían cuatro personas en lugar de dos. Verónica quería que él expulsase todos sus tormentos, que hablase con la sinceridad que siempre le había caracterizado para con ella. Y él, indudablemente lo hacía. Sin pensar quizá el dolor que podía provocar o no en ella, pero porque ella también le incitaba a que hablase así. Parecían un par de amigos más, sin temores, con todo su alma puesto sobre la mesa. Hasta que Angel decidió decir... "para iluminar tu mirada"... La calma de ella se iba al garete en un segundo. El volcán entraba en erupción. Aunque ya era más bien la resaca del lodo anterior.

Si Angel sabía, sobradamente, que aquello además de iluminar su mirada, le daba la vida, la ilusión de luchar por tenerle de nuevo en sus labios, las ganas de olvidar todo y continuar con aquella venda en los ojos, ¿por qué lo hacía?... Verónica se desestabilizaba por momentos, sin comprender exactamente qué quería de ella, si su amistad, sus oídos, que le siguiese haciendo sentir importante, que le diese la misma vida que él le daba a ella. No entendía nada ya de él, de bipolar había pasado a ser tripolar.

- Y yo tambien lo he hecho de corazón. Como quieres que te lo diga. Ha surgido espontáneamente.- Se excusaba él ante tantos ataques de la chica. Ella habría contestado que todo lo que había dicho anteriormente, tiraba por tierra esa frase. Podía llegar a ponerse en su lugar, podía llegar a sentir lo que él sentía pero lo que no podía era interpretar de ninguna manera tanta contradicción junta.

Verónica decidió escribir un correo eléctronico, dado que su cabeza estuvo cinco horas funcionando a dos mil por hora, con sacudidas de recuerdos constantes, con aquellas miradas que se dedicaban entre la oscuridad, con las miradas que tenían ante los demás, con las miradas del reencuentro. No podía dejar de ver sus ojos llenos de felicidad allá por donde iba, pasaban como una diapositiva constante, su sonrisa con sus pupilas llenas de tanta alegría como ilusión. Y le era inverosímil todo lo que le contaba, que quizá fuese cierto, seguramente, pero no podía creer que aquel mal sentimiento fuera tan prolongado como para olvidar todo aquello. En cuanto le dio al botón de enviar, se arrepintió. No por decirle lo que sentía sino por ver tanto rencor en él. Quería pedirle perdón desde el segundo cero, necesitaba saber de él, verle la cara, abrazarle, escucharle, pero aquel día sería prácticamente imposible. El día se le hizo eterno, le pesaba el cuerpo, el alma, el dolor que podía llegar a causar un sentimiento estaba empezando a traspasarle de tal manera que su pecho se encogió.

Poco despues decidiría escribirle o llamarle, no podía más con aquello, no podía reprimir esa angustia contenida, quería hacerle sentir de nuevo importante y feliz, quería verle sonreír por encima de lo que fuese, ella ya no importaba, solo él. Así que cogió el telefono, pidio permiso y marcó. Pocos segundos de espera, pocos tonos, su cuerpo parecía un flan, parecía que en cualquier momento se caería redonda allí en medio de aquella gran superficie. Su voz entrecortada contestó al otro lado, apenas le oía con el ruido del centro comercial, el suyo de fondo y aquel leve susurro.

- Que...¿Me perdonas?- Ella no sabía cómo entonar aquella frase, era de las pocas veces que le salían de dentro y no sabía cómo decirlo ni cómo actuar. Fue entonces cuando se hizo el silencio al otro lado del teléfono y de pronto escuchó.

- Joder...- Seguido de un suspiro, de una voz quebrada por la asfixia, por la saturación de tanto y tanto. Ella se tuvo que apoyar en una salida de emergencia porque le temblaban las rodillas, las manos, la voz, empezó a llamarle por su nombre pero sólo se escuchaban sollozos. De repente quiso hablarle en un tono más jocoso para tranquilizarle y hacerle reír, pero se volvió a hacer el silencio y se colgó la llamada. En ese instante ella ya no sabía qué hacer, si volver a marcar, si dejarle su espacio, no podía escucharle así, ni verle, no sabía si llamando quizá empeoraría más las cosas.

Pocos minutos despues llamaría él, ya tenía un tono de voz algo más sosegado pero aún resquebrajado por la presión. Verónica no podía hablar en ese momento y hubo de dejarlo para momentos despues...

La conversación giró en torno a todo lo que había detrás... Entendía todas aquellas lágrimas que eran más de temor por lo que pudiera suceder que de impotencia o rabia. Con cada explicación, el puñal se le hincaba en el pecho y el estómago, empezando a hacer mella en su garganta. Intentaba sacarle algo de punta al tema para que él riese, no merecía estar así por mucho que él lo opinase. La culpa siempre había podido con él, desde casi el principio de aquella historia. Pero Verónica pensaba que cuando alguien de verdad te quería, no te cambiaba, sino potenciaba todo lo que te hiciera feliz.


Verónica sabía que sobraba en ciertos aspectos, pero en otros... Sabía que debía estar ahí pero sobre todo... QUERIA estar ahí, merecía su ayuda. Su apoyo y lo que necesitase de ella. Aunque por otro lado, dejase su vida aparcada...

Nunca había encontrado su lugar en el mundo, pero en los últimos años creía estar puesta allí por alguien que quería que arreglase ciertas cosas, que ciertas personas se sintieran protegidas y que tuvieran el aliento suficiente, aun a costa de sus lágrimas. Debía llevar en volandas a algunas personas para encontrar su felicidad. Con el tiempo, la ganancia sería más abundante. Las sonrisas de aquellos a los que quería con toda su alma, y los que a éstos les importaban, su entorno.

Buscando la felicidad...

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