Inevitablemente Verónica necesitaba explicar todo lo que le había llevado hasta ahí, ya que, a veces, daba por hecho que él sabía al dedillo de lo que le hablaba, no siendo así. Porque, por muy iguales que fuesen, había ligeras diferencias.
Aquella noche, él se quedó dando vueltas, o más bien buscando entre los renglones que la chica le dedicaba casi a diario. Quería, según él, buscar una explicación, una excusa... Era una manera sutil, como siempre, de enseñarla todo lo que habían ido viviendo y que reconociera que él había hecho sus esfuerzos. Sin entrar en la típica guerra hombre contra mujer, de reproches, de malas palabras, ni desaires, no era el estilo de ninguno de los dos. Sibilinamente se decían todo removiendo los recuerdos y los latidos de cada uno de sus corazones. Era una manera perspicaz de empezar a buscar un nuevo cielo.
Ella buscaba las palabras, examinaba con detalle cada gesto, intentaba provocar una sonrisa que no le salía, le salía la carcajada pero aquella de años atrás, aquella que no le gustaba. La mala, la insensible, la de "ni tu, ni veinte, jugais conmigo", intentaba no ser expresiva para no hacer daño, o lo que es peor, para no hacerse daño. Porque en la vida, nadie es mejor que nadie, nadie da más que nadie, y ella tambien tendría algo de lo que arrepentirse, seguro. Por eso no quería usar aquella soberbia, ni aquella furia que guardaba en su pequeño cuerpo. Pero, por otro lado, sabía que eso le quemaba por dentro. Manifestandose en forma de lágrimas, de dolores de cabeza, de insomnio, de ganas de romper las paredes a patadas...
Algo había cambiado, pero no sabía bien el qué. Algo por dentro le hacía no ser ella, no reía como antes, ni tenía la fuerza para salir. Se había convertido durante aquel tiempo en una persona extremadamente inestable, que ya lo era de por sí pero esto le estaba dejando aún más desquiciada y quería encontrar la solución de alguna manera. Quería frenar todo ese vendaval en que se había convertido su cabeza, su cuerpo y su vida. Llegó incluso a tener unos celos, que jamás había tenido con nadie y eso la desestabilizó, porque no quería tenerlos, porque no los merecía nadie, no él, nadie.
Tenía miedo de ser tan arrolladora que él se fuese para siempre y no volviese, ya no como hombre, sino como amigo. No quería perderle del todo pero tampoco tenerle, quería que dejara de hechizarla con su sonrisa, con sus ojos ilusos, con sus manos suaves, con el susurro de su voz... Y cuando todo aquello se amontonaba en su mente se airaba, quería partir su cara en dos y a la vez besarle para pedirle perdón. Tanto amor como odio, tanta pasión como desilusión. Tan unidos y tan despegados. Tan fríos y tan ardientes. Todos los extremos, parecía que si estaban una temporada en un mundo templado, se aburrían, teniendo que remover todos sus sentidos para despertar.
¿Qué podía hacer ella?¿Qué podía hacer él? Ella sentía la ira de pensar que él siempre la dejaría ir, pero atrapándola a su vez, él la dejaría ir porque sabía que volvería. Como decía la canción... "Te vas a otros cielos y regresas como los colibrís..."
Era experto en hacerla explotar... En todos los sentidos. El problema no es que lo consiguiera, el problema es que ella tenía la certeza de que solamente él podía conseguir apaciguarla con cualquier nimiedad.
Cuando llegaba a estos extremos con él, huía, se veía encerrada en sueños inexistentes, en ilusiones que ella no quería tener nunca, en mundos de armonía que se rompían en pedazos cuando escuchaba un no. Y tampoco quería ni pedirle, ni exigirle nada, porque ella no era nadie, porque ella no consentiría que nadie se lo hiciese. Él mostraba todo lo que la quería, la amaba, aunque no lo dijese porque les daba miedo usar esas palabras. Pero cuando venían las tormentas a su cabeza... Irremediablemente se iba tras él. Porque pensaba que estaba provocando en él lo que no quería, ni quiso desde un principio. La elección.
Cuando algo empieza siendo un juego, continua gustando, sigue enganchando y termina atrapando. Se les había ido de las manos hacía mucho tiempo, lo que sentían ya era tan increíble para ambos que el miedo se apoderaba de ellos. Veían como habían sido capaces de cambiar sus actitudes, sus maneras, sus pensamientos... ¿por qué?... La inmensa mayoría de las personas responderían que por amor. Ellos solamente dirían que por necesidad, via de escape, libertad....
Se mentían solo a ellos mismos... Para no rasgarse las vestiduras aún más de lo que ya las tenían...Cuando los actos no justifican los sentimientos siempre quedan las palabras, pero cuando éstas no son suficiente... No queda nada
No hay puertas que se cierren eternamente, ni llaves que se pierdan en el fondo del mar... Solamente hay que saber buscarlas y querer hacerlo.
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