sábado, 21 de julio de 2012

Parte 36

Y... Como no podían faltar, las acometidas de la vida, de la gente, de su  maldad, de sus injustas inferioridades que pagaban los demás... Verónica empezó de nuevo a sentir las cuchilladas de unos y otros, de otros y unos... Se sentía acorralada en un nido de viboras del que no sabía como salir. Quería gritarles, darles de puñetazos, decirles con su lengua viperina todos los defectos que les llevaban a sentirse así contra ella. Pero no podía, debía guardar silencio por la lealtad.

Aquella tarde llegó a casa, se rompió en lágrimas que nadie debía ver sino ella misma, gritó en silencio, mientras el agua de la ducha recorría su cuerpo quemando su piel por si, con suerte, la convertía en humo y desaparecía del mundo que no la dejaba vivir a su manera. Mientras el movil no paraba de sonar, aquel moreno tan fiel como elegante, no dejaba de decirla, de intentar adorarla pero la daba igual lo que le dijese, el chaval debió comprender el silencio en la última frase... "no lo soy, solo vivo y dejo vivir."... Tardó más tiempo del normal en contestar y decidió dejarla. Ella lo necesitaba. Poco más tarde, aquel otro amigo que se nutría de la alegría de ella, de su vida, no quería que esto le provocase lo que sabía que vendría y de hecho, sin querer, escuchó... Verónica, bajo el agua se consumía en la ausencia de aquel que realmente necesitaba, y se salía de su propio cuerpo para reprocharse por ello y decirse lo tonta que era, no podía estar haciendose la coraza y derruirla por una minucia como esta. Volvía aquella contradicción en su mente.

Normalmente, se habría quedado dormida en cuanto saliese de la ducha, pero aquel día no. Aquel día le darían las horas muertas en la rabia y la impotencia de no saber cómo actuar, cuando de repente... Aparecía. Angel estaba ahí. A ella se le formó una sonrisa humedecida por las lágrimas de alivio por ver su nombre en la pantalla de su movil. Hablaron lo justo, lo necesario para que ella sacase el coraje que necesitaba. Recordando aquellos momentos en que a él le robaron la sonrisa y ella solo sintió la llamada de la muerte ajena. Entonces fue cuando despertó y pensó que aquello no tenía que afectarla más que lo justo.

Al día siguiente, ella se levantaría, con muy pocas ganas de mover un pie, ni el otro. La ilusión con la que se drigía antiguamente a aquel lugar, desaparecía por la maldad de otros. Café, ducha, contorno de ojos y rimel, por ese orden... Arrancaba el coche, una canción... La canción que le transportaba a aquella noche perfecta en que las lágrimas de felicidad corrían por la espalda de aquel a quien odiaba amar. Se pintó una sonrisa en la cara y en los ojos, con toda su fuerza llegaba a aquel destino. Pasaban las horas y mientras veía a aquel que llevaba su sangre, se decía a ella misma lo mismo que en días anteriores... "si puedes ser indiferente con tus genes... Puedes serlo con los demás...", pero lo que no entendía era por qué necesitaba a Angel sino quería hacerlo. Y así se lo hacía ver... Escribiéndole una vez más, lo primero que le pasaba por la cabeza.

Angel le contestaría de un modo, que a ella le dejó descuadrada y volvió a contestarle, pero esta vez no hablaba su cabeza, sino que gritaba su corazón los silencios que nunca pronunció. Al recibir de nuevo la contestación de él, ella no pudo más que reactivarse y enmascararse contra todo aquello que quería borrarle la sonrisa. Quedaban pocas horas para perder de vista lo que le empezaba a preocupar cada vez menos.

Tras esas horas que parecían ir aun más lentas... Llegó a casa, se duchó, se miró al espejo y optó por darle la oportunidad de explicarse a aquel que en su día no lo hizo. Iban a celebrar el cumpleaños en que estancaron sus supuestos sueños... Se vieron y ella sentía la fuerza suficiente para darle con todos los látigos que tenía acumulados. Él de repente empezó a empequeñecerse ante la atitud de la joven....

- Vengo en son de paz, solo quería comprobar que soy capaz de mandarte a donde te mereces sin que duela. - La advertía ella, mientras él ponía cara de no haber roto un plato mientras que tenía en sus manos las marcas de la vajilla entera.

- Lo siento, sé que no hice bien, pero yo tambien estaba ilusionado tanto contigo, como con todo lo que nos estaba pasando, no podía creerme que tras tantos años te pudiera tener entre mis brazos y al empezar a conocerte más aún, me asusté porque eres fuerte, muy fuerte y podías hundirme solo con una mirada.- Confesaba mientras el alcohol invadía su estómago.

- Mira Rober, tu no sabes las ilusiones que yo puse en ti, ni lo que te di, ni toda la sinceridad que esparcí por tus oidos de mierda, no serás capaz nunca de reconocer todo lo que viste de mi que solamente dos personas más han visto. Y tú lo conseguiste en una semana, si tanto te molestaba aquello por lo que me mandabas de vuelta a casa, haber puesto la solución, sino... No crees un problema, y si es posible, deja de intentarlo ya porque yo solo puedo verte como un conocido. Nada más.- Ella le dijo cara a cara, lo que tantas veces por teléfono le dijo pero él parecía no entender.

- ¿ya no hay vuelta atrás?- Preguntaba con sus ojos llenos de brillo, tanto de ilusión como de impaciencia.

Verónica prefierió guardar silencio, pedir la cuenta y marcharse. Al montar en el coche, lo primero que hizo... Pensar en Angel, aquel que le daba la libertad y se la quitaba sin pedirlo. Le escribió un mensaje y todo lo que había vivido aquella tarde se esfumó al recibir su respuesta...

Por mucho que intentase acorazarse, él era su talón de aquíles, su debilidad... Pero seguiría jugando a la máscara, a la sonrisa pícara, a las miradas que solo entenderían ellos... Sin adicciones, sin preocupaciones... Solo sonreir por y para ellos. Disfrutarse en silencio. Su pensamiento se fugaba ahora a aquellos momentos de torpezas compartidas, a aquellas risas contagiadas entre sabanas, a aquellos paseos que iluminaban las mañanas, a aquellas frases cortadas por el otro para continuarlas, a aquellas conversaciones naturales y sin tapujos sobre sus deseos... Nada era más importante que eso. Nada.

No hay comentarios:

Publicar un comentario