viernes, 17 de agosto de 2012

Parte 37

Pasados estos no tan buenos momentos, llegarían días de dulces y premios, de ilusión recuperada, de vida ganada... Para ella, ya no todo giraba en torno a Angel, su visión estaba centrada en quién debió serlo siempre, en ella misma. En qué sentía, cómo lo sentía y cómo lo vivía. No le daba igual lo que sintiese él, pero no podía dejar que toda aquella sensación de culpa, de miedo, de intranquilidad le invadiese. La coraza conseguía su efecto y disfrutaba, como lo hacía al principio, sin mirar alante ni atrás, solo fijaba su mirada en la del hombre que la conquistó, que volvía a ser la que era.

Aquel día que tanto esperaba que llegase, llegó. El momento de tener el reloj en sus manos, sin tener que atrasarlo para que pareciese más tiempo, ni estar pendiente de él continuamente. Allí, bajo la inmensidad del cielo, escuchando el agua y sus latidos, de única compañia sus besos y sus abrazos, sus miradas cómplices, sus sonrisas juguetonas y la naturaleza por testigo. Las horas parecían minutos, daba igual el tiempo que pasase, lo que hablasen, lo que se hiciesen porque nunca se les acababa la fuente. Incluso con los ojos cerrados por el agotamiento, Verónica no quería irse, quería quedarse agarrada a su espalda, que no la moviesen de su calma, de su único consuelo, de su aliento. Pero al cerrar la puerta, la coraza aparecía. Prefería seguir vistiéndose de altanería. Aquellos días fueron muchísimas horas pegados, tanto en presencia como en ausencia. A veces le parecía agotante tanta conversación pero quería más, no podía ni quería desperdiciar un solo minuto de su ser. Recuerdos que bordar en sus lunas de soledad y transformarlos en una amplia sonrisa.

Otro de sus sueños cumplidos llegaría un par de días más tarde, cuando recorrería libremente la calle junto a su mano, mirándole de reojo y de lejos, observándole sin saber si él se daba cuenta, escuchaba cada movimiento de su cuerpo, analizaba cada mirada que echaba a un lado u otro. Mientras andaban, sonaba una música que no sabían de dónde venía... No, no estaba en sus mentes, era el eco de un mini concierto que estaban haciendo en plena calle. Se acercaron más hacia el lugar y vieron el fin que conllevaban aquellos acordes, solo decir una frase... Y huir cual ladrones. Ella se carcajeó en silencio viéndole salir de allí como alma que lleva el diablo... Continuaron andando y mirando aquellos edificios que a ella le recogían en tardes o noches de gran soledad. Él observaba como recordando tiempos atrás. Ella le enseñaba su mundo pero no a su manera, completaron cada uno la forma y el espacio.

Al entrar a aquel local vacío, oscuro y lleno de tantas trampas como las que tenía su dueño, se miraron, daba igual estar solos, acompañados, ella pensaba que estaba con él, independientemente de la cantidad de gente que les rodease. Sus manos se buscaban el uno al otro, los besos no podían reprimirse. Eran imanes el uno con el otro.

Se tomaron la última copa y salieron a la calle con la intención de continuar en algún pub más pero sus besos necesitaban de sus cuerpos, una vez más. Mientras se dirigían al coche, las paradas fortuitas por la pasión contenida, las miradas a otro lado acompañadas de la frase "esto es una locura"... Le encantaba oirle decir eso, aunque ante sus ojos lo negase, porque al menos le hacía sentir algo más que aburrimiento y costumbre.

Tras aquellos momentos de furtividad compartida, se sentaron a la orilla de un parque, con medio cuerpo tumbado en césped y hablando al cielo, escuchando mientras giraban la cabeza hacia la cara del otro. Parecían dos quinceañeros realizando el rodaje de cualquier mini producción nacional. Si por un momento, se saliesen de sus cuerpos, se hubiesen reido el uno del otro, lo  que no se rieron nunca. Las palabras apenas salían de la boca ya estaban a medio camino de sus corazones.

De repente ella comenzó a sentir algo que, con nadie, nunca le había pasado. Su corazón hablaba. Se sorprendió en la primera frase, pero le resultó tan cómodo que siguió, le gustaba esa sensación. Como si una presión en el pecho no te dejase respirar y de repente saliese todo haciéndote sentir aire.

. Lo que  me pasa contigo es que no estás encima mía. No me saturas.- Aquella fue la frase que abrió el cerrojo de su alma. Y sin apenas quebrar su voz, como solía sucederle. De ahí que nunca quisiese hablar tan abiertamente.

- Si lo estuviera...- Continuaba él...

- Te odiaría, no podría ni verte... o quizá no... No lo se.- Terminaba ella la frase, como era costumbre, uno empezaba y el otro continuaba, juntos podrían escribir extensas trilogías.

- Y tambien, has sido la única persona, a parte de... que me ha demostrado que está.- Al llegar a este punto de la conversación, ella miró al cielo y en su garganta se formó el nudo habitual pero lo masticó y lo tragó. Se tiró a su pecho, le abrazó y él pronunció...

- Siempre voy a estar.-

Ella suspiró por dentro y pidió a aquella noche, testigo de su sinceridad, de su amor, de su felicidad, que las palabras siempre y nunca, dejaran de existir. Para que los siempres no se tornaran promesas y los nunca no fuesen errores... Que sólo se quedase el momento. Solo el momento para que fuese eterno...

2 comentarios:

  1. Como en la mayoría de las veces, Verónica sabia plasmar en el papel los pensamientos de él. Lo que tanto tiempo quiso hacerla entender con disfrutar y aprovechar el momento. Sentirse el uno al otro, sin pasado pero tampoco sin futuro. Aprovechar el paso de una nube, subirse y disfrutar de ella. Por que para el eso fueron esos días. Días de ........ Busca tu las palabras, por que yo no las encuentro. Disfrute, pasión, paz, armonía, se quedan cortas.
    Solo esperar las siguientes nubes a las que subirse. Rescatando de su retina, la visión de la ultima vez que se vieron

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  2. Verónica SIEMPRE entendió lo que Ángel quería decir con todas y cada una de sus palabras, quizá era cuando hablaba o escribía ella cuando no se la entendía... A pesar de todo, ella prefería que siguiese sin entendersela...

    Días de mucho más... Pero no será ella quien los defina... Dias de CARPE DIEM.

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