miércoles, 18 de julio de 2012

Parte 35

Angel partía en calma, o con una poca más, hacia aquel lugar que le habían preparado de repente, lugar a donde, según él, no tenía ningunas ganas de ir. Verónica ya había pasado estos capítulos en su vida, tanto de ella misma como de los ajenos. Pero en esta ocasión, no sabía muy bien por qué, lo estaba llevando mucho peor. Aquellos días de silencio, de incertidumbre, de lágrimas ahogadas, de impotencia... La chica decidió romperse en dos. No quería que todo aquello le afectase como lo estaba haciendo, tampoco se lo diría a él, ni se lo haría ver, pero ahora todo sería diferente, a su manera. No a la de nadie. Tenía clarísimo lo que quería y a quién quería pero aquello no le iba a costar la vida. Decidía ser amiga... Solo amiga. Con sus momentos de pasión entrecortada pero solo amiga. La coraza que tantos años le costó bordar, volvió a su cuerpo. Prefería estar, escuchar, calmar pero no sentir. Volviendo a aquella línea imaginaria de meses atrás. Aunque innegablemente sintiese.

Ella sabía cuál era su sueño, su mágico mundo de vida, de color y fantasía. Cuando le conoció vivía en una burbuja creada por ella misma, durante los últimos torbellinos de pensamientos decidió ponerse a buscarla de nuevo, encontrándola dentro de sí misma. Las dudas, los miedos y los tormentos de él, la llevaban a infiernos de dolor, pero de dolor real. Una punzada en el pecho que la dejaba sin respiración, cuando aquella mañana amaneció sin poder respirar, su cerebro quedó tan aturdido que halló de nuevo ese halo de ilusión que buscaba.

Volvió a ser la fría y seductora, la pícara viborita como él la llamaba, la mujer sin miedo, sin alma. Aunque por momentos le invadiese la ternura. Pero no se dejaría arrastrar de nuevo por aquella capa de victimismo que él se ponía cuando todo le agobiaba. La encantaba tenerle entre sus brazos, pero hasta la línea, cuando el latido comenzaba a ser más intenso, el cerebro llamaba fuertemente diciendole que parase que se iba cuesta abajo y sin frenos.

Tras aquellos días, ella no sabía qué había pasado por la cabeza de Angel pero tampoco quería saberlo, no la importaba. Le daba igual, él había decidido con sus propios pies ir de nuevo en su busca, pues adelante, pero no preguntaría razones, ni nada.

Se volvieron a ver en un rincón asiduo a sus locuras, a sus lágrimas, a sus risas, a sus complicidades... Compartieron aquel momento como hacía meses que no lo tenían. Ella se daba cuenta de que la cabeza de él, por momentos, se aturullaba. Se enredaba en un huracán de pensamientos, pero no sería quién le preguntase. Porque siempre era ella quién lo hacía, quién pensaba por los dos, él se limitaba a observar y ver reacciones para despues, creer que siempre serían las mismas. Pero ya no eran tan iguales.

Verónica decidía coger su vida de nuevo donde la había dejado... En el manto del silencio y la sonrisa. Donde siempre la iba viento en popa y nadie conseguía aturdirla. Ahora él era su candado y su llave a la vez... Él tenía todo en sus manos pero nada al mismo tiempo...

Juego y misterio... Solo eso.

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