Verónica pasaría aquellos días en su soledad más cruel, la del silencio. No quería seguir apareciendo en la vida de Angel por ningún sitio, quería borrarse del mapa como solo ella sabía hacerlo.
Unos días despues volverían a verse, ella simulaba que no sentía dolor, que no había pasado nada, para facilitarle a él aquella visita imprevista. Reían y se contaban historias sin importancia, mientras él hablaba, ella le miraba analizando sus gestos, sus miradas, no podía fingir por mucho que lo intentase, la incomodidad que él notaba se debía a todo lo que ella regaló durante meses, su corazón. Lo que él no quiso dar ni en su tercera parte, pero algo asomó. Para que se calmase, le dio un abrazo, intentando que así Angel volviese a ser el de siempre. Mientras se abrazaban, él suspiraba y besaba el cuello de Verónica, como en aquellos momentos que pasaban de tensión tiempo atrás. Al separarse, él lanzó un beso a no sabía muy bien donde pero terminó en la barbilla de Verónica, la cual le miró deseando que continuase hacia arriba pero odiándole por ello.
Salieron de aquel lugar, hablaban, reían, como siempre. Mientras andaban, ella se decía "¿lo hago o no lo hago?¿le abrazo o no le abrazo?", lo hizo. Se puso frente a él, mirándole entre sus gafas de sol y tendió sus brazos hacia su cuello casi sin pensar, el apretó fuerte contra su pecho, tanto que le crujió la espalda.
- Tienes una contractura aquí, te acaba de saltar.- Verónica quería no dar muestra ninguna de amor. El la cogió de la cintura y la levantó en un abrazo. Al soltarse, de nuevo los besos escapados al aire. Continuaron hacia el vehículo de él, ya en el lugar, se despedían sin él saber cómo hacerlo. Verónica lo tenía bastante claro, eran amigos, dos besos y hasta siempre. Él rodeaba, seguía rodeando hasta que al fin se acercó al rostro de la chica y la dió dos besos, a cual más cercano a sus labios.
Tras aquel encuentro, a ella se le quedaron millones de preguntas en su cabeza. Como era habitual. Al día siguiente decidiría hacerlas. Provocando en Angel de nuevo la tormenta que días atrás les llevó a estar así. Ella por su lado pensaba que quería mantener lo de antes, que la chica estuviese ahí contra viento y marea pero teniendo claro que solamente eran amigos, cuando no era así.
Él a los pocos días preguntaba... - ¿Por qué tengo la sensación de que cada palabra, hecho o gesto, he de justificarlo?- A ella le pilló a contrapie, no quería ser irascible, ni suspicaz, pero tampoco podía evitarlo, le hubiese contestado que era una sensación suya y ella no tenía por qué saber la respuesta sino que estaba en él. Mantendrían una conversación fría, que a ella le llenaba de desazón. Poco después diría... "¿Por qué?Pues simple... porque nadie tenemos un botón off/on para sentir o dejar de hacerlo. Pero si para fingirlo", queriendo decir que, él sentía que debía justificarse porque posiblemente su sentimiento seguía siendo fuerte, seguía pensando que le debía algo a ella. Cosa que a Verónica no le sucedía, porque le había dado todo.
Él, que era el huracán mental continuo, se volvería a poner en contacto con ella, a través de otro de los medios. Diciéndole todas sus ambigüedades, todas aquellas frases que nunca cerraban nada, que todo lo dejaban en el aire.... Y Verónica decidió desaparecer...
Tras aquellos días de encuentros y desencuentros, Verónica decidió parar, reflexionar y descubrir. No quería seguir sintiendo aquel medio rencor que le guardaba a Angel por la bajeza de aquel acto, basicamente porque aquel era una sentimiento que no se podía permitir, ya había regalado todo su amor, su bondad, su alegría... Creía inconveniente y no merecido, regalarle cualquier tipo de sentimiento, ya fuese bueno o malo. Ahora su alma le pertenecía a ella misma, a nadie más.
Aquel día intentaba explicarle todo lo que había recabado en días de silencio y soledad, quería que supiese que él se había encargado no sólo de romper su corazón, sino de quemar las ganas de amarle que tenía, le había dado muchos buenos momentos, que quizá no eran tanto sino que debido al sufrimiento provocado en la mayoría de ocasiones, aquellos instantes que podían ser normales, le parecían increíbles.
Ya era indiferente si la quería o no, si la deseaba o no, por eso ahora sí estaba preparada para la amistad que él tanto anhelaba. Pero si realmente sentía algo hacia ella, él mismo se daría cuenta que aquella amistad no era factible. Pues sentiría lo que ella sintió en aquellos días.
Verónica lo intentó desde el minuto cero, pero sintiendo aquella rabia, impotencia, amor, todo mezclado, era prácticamente imposible, por ello guardó silencio y distancia, hablaría por última vez de ese tema, de lo que a él tan descolocado le había dejado, ya no daría más explicaciones a quien no las merecía, al hombre. Era momento de empezar de cero, una amistad básica, sin lamentos, sin recuerdos, sin dolor, sin pasión, sin nada. Sin coqueteos con el peligro, sin miradas lascivas, sin besos ardientes.
Ya no le daría más pautas sobre cómo actuar, ni pistas, ahora debía ser él mismo si quería recuperar aquella complicidad, aquellas risas, aquella paz de sentirse bien con la decisión tomada, si era acertada o no.
Se cerraba un capítulo más, en que las balanzas volvían a decantarse en su contra.
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