viernes, 24 de febrero de 2012

Parte 28

Poco tardaría en llegar aquella resaca de sentimientos por la sobredosis de ternura vivida, de las culpabilidades, de los fantasmas. Aquellos momentos en que ella creía estar robando. O esos en los que él pensaba que no podía entregar todo lo que quería.

Verónica no estaba en su mejor momento, pasaba horas ensimismada en el techo de su habitación pensando en qué color pintarlo, pero desde ese día le decoraba con las imagenes más bonitas que pudiera recordar. Sin embargo hubo una que marcó aquella noche y que la perseguiría durante todo el día, necesitaba hablar con él, decírselo todo, pero por otro lado, sentía que si lo hacía crearía de nuevo aquella angustia que ella quería evitar a toda costa.

Aquella mañana un "¿qué tal estás?" preguntaba Angel, ella se debatía entre contar la verdad o simular como sólo ella sabía hacerlo, optó por la simulación. Hecho que le dejó aún con más dolor en su interior, no le gustaba ocultarle nada, mucho menos sentimientos. Él parecía estar asombrosamente bien, para lo que ela había visto días atrás. Pero en el fondo Verónica sabía que Angel quería terminar con aquello de alguna manera, le superaba aquella situación, esa en la que, en lugar de identificar su hormigueo de estómago con ilusión, lo hacía con miedo. Los miedos insuperables.

Horas más tarde sería ella la que preguntaría reclamando su atención, intentando decir todo lo malo que tenía en su cabeza, expresar lo que su corazón temía. Comenzaron recordando los coletazos de aquella noche mágica, de la felicidad recabada en aquellos instantes, siguiendo por el momento triste que vivieron a causa de los miedos. Se centraban en Angel, en cómo se sentía tras aquello.

- Sabes como soy, me encanta cuando estoy contigo pero luego lo paso fatal con los remordimientos. Pero tu no tienes la culpa. De lo único que tienes la culpa esde hacerme reir con el corazón.-  Se explicaba él queriendo suavizar un poco sus reacciones, mientras ella intentaba hacerle ver que no debía pasarlo así, que haría lo que pidiese para que sonriese, que le pidiese que se fuese de su vida si fuera necesario.

Tras un rato de titubeos, de rodeos, de intentar decir las palabras justas y oportunas, de no herir más sus sentimientos al fin ella tuvo el valor de decir, o traducir, lo que él no se atrevía. Sin decir nada, sabían que debían dejarse, que tenían que alejarse. Que aquello solo tenía tres opciones y aquella era la más correcta. El río debía volver a su cauce y había un bote que debía quedarse en el camino. A Verónica le tocaba bajarse en la siguiente parada, en aquella llamada soledad, la que siempre le esperaba al final de cada camino recorrido, la que al fin y al cabo le adoraba con toda su alma.

Angel debía seguir su camino como lo tenía marcado, con su casa, con sus coches, con su vida... Ella sólo había sido una intrusa que tuvo el valor de robar a trocitos la felicidad de otro lugar. Y ahora debía dejarle ir en muestra de todo lo que sentía por él. Porque no merecía que su vida se revolucionase aún más. Aquella noche, a parte de los ojos de Angel, se le quedaron aún más grabados otros ojos. Que según los vió, le punzó el corazón y miró a otro lado intentando aparentar frialdad, cuando por dentro ardía en rabia por lo que podía causar.

Pretendían mantener aquella amistad tan especial que habían fraguado poco a poco, pero era doloroso, Verónica necesitaba desadmirarle de alguna manera, encontrar el fallo, el defecto que le hiciera caer aquel velo de amor sin límites. Lo necesitaba tambien por ella misma, porque imaginaba aquellas situaciones futuras que pudieran producirse y sólo sentía ganas de huir. Angel por su parte... No sabía si necesitaba algo o no, sabía que quería estar ahí para enmendar un poco el error que hubiese podido cometer pero por otro lado no sabía si era conveniente para los dos.

Verónica podía parecer la mujer chollo, la que no ponía pegas de ningún tipo, la que no discutía, la que simplemente enviaba dagas hirientes directas a la conciencia, podía parecer de todo menos lo que era realmente, una niña asustada jugando a ser fuerte. A luchar por un ideal, por una fantasía que se desvancería en su punto más alto.

Por milésima vez, el sueño se esfumaba convitiéndose de nuevo en pesadilla y oscuridad, la chica volvería a vestirse la coraza de antaño, la de la altivez, la de la soberbia y el silencio. Nunca hacia Angel, porque no podía negarle su dulzura pero si hacia el resto del mundo, que ya lo había hecho hacía tiempo pero por unos meses quiso despojarse de ello para que el mundo viese lo que él le había hecho creer que era, una princesa. Pero que sólo había sido fruto de su amor.

Daba la despedida a la viveza, saludando al vacío más grande que había sentido en mucho tiempo.      

4 comentarios:

  1. Nadie dijo q está vida fuera a ser fácil...Lucha por lo q quieres...se fiel a ti misma...

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  2. Eso diselo a Verónica... jajajajaja. Creo que ya ha hecho todo lo que podía.Lucha por lo que quiere, la felicidad de Angel. Esa es su única manera.

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  3. Angel estaría eternamente agradecido por cada uno de los momentos vividos junto a ella. La llevaría consigo para los restos, nunca podría olvidarla.

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  4. Debian olvidarse por el bien comun.Hacer aquellas lagunas mentales que les evadian del dolor,retomar el tiempo como si aquello nunca hubiese sucedido,como si jamas hubiesen existido para borrar las lagrimas de sus ojos.Simular al menos la felicidad que habian perdido.

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