El cuerpo de Verónica decidió dar un pequeño frenazo en medio de todo aquel huracán de sentimientos, trabajo, problemas ajenos, propios. Ya venía avisando meses atrás con sus problemas de nutrición, pero determinó que pararía en forma de rotura. Un percance que le costaría limitar todo. En fechas invernales no podría seguir haciendo su vida de una manera un poco más normal.
A ella no le gustaba andar dando explicaciones de aquello o lo otro, le gustaba la libertad de poder elegir, ir, venir sin tener que contar sus planes a nadie y si lo hacía era porque realmente quería, daba quizá coletazos de lo que iba a hacer o no pero para profundizar solamente contaba con los dedos de una mano en quién lo hacía.
Durante ese tiempo de hastío se dedicó a la observación, a comprobar quién era cada cual o, al menos, intentar corroborar lo que pensaba. Jorge tardó poco en mostrar cómo era y no le gustó nada, le parecía una persona buena, con un corazón grande pero muy desconectado con ella. No seguían el hilo de niguna conversación, sus mensajes o sus palabras eran como lanzadas al aire, como si no se escuchasen y ni siquiera leyesen. Serían buenos amigos pero no conseguirían trazar aquello como les hubiese gustado. Quizá la ingenuidad que esperaba una de las partes, no existiese, simplemente se fingía porque era más bonito hacerlo, Verónica pensaba que artistas ya había muchos en la vida y, de todos ellos, pocos en el mundo del arte.
Con Angel las cosas eran como siempre, como aquella veleta que va y viene según soplase el viento, tan pronto las estrellas y la música celestial invadía sus conversaciones, como venían los cómicos de antaño revelando chistes y disparates de todo tipo, ellos eran así. Tenían una relación amistosa, hechicera y ocurrente. Se entendían en casi todos los aspectos, amistad, amor, lujuria... Eran un espejo el uno del otro. Las carcajadas no solían faltar, las sonrisas con sonrojo incluido tampoco, las lágrimas cuando eran tiempos de tormenta, las profundidades del alma, la filosofía de lo que les gustaría y lo que era. Dos bohemios unidos por la pasión. Podían pasar meses para tener un contacto físico, un beso, una caricia... Pero gracias a aquella complicidad formada por las largas conversaciones, por las miradas cautivas y escapadas, por algo que solamente ellos serían capaces de entender, a Verónica le obligaba a continuar. Necesitaba aquella pequeña dosis de paz, de saberle ahí, necesitaba sus labios y sus abrazos pero el saber que los tendría en algún momento, le daba la fuerza necesaria para continuar con aquella condena dulce y misteriosa que ambos se habían impuesto.
Quiso odiarle hacía unos meses, porque pensaba que era lo que debía hacer por el bien de ambos, juntos sufrían pero separados tambien, en realidad era todo muy extraño, porque no estaban realmente pegados las veinticuatro horas del día, con lo que no estaban juntos, pero sabían que estaban en aquel rinconcito que los dos se reservaban para ellos, eso les hacía sentir vivos. Pero si se planteaban el hecho de abandonar aquel hueco que se tenían destinado... Sufrían. Uno por la otra y la otra por el uno. Ella pensaba que Angel ya tenía algo más claro lo que le movía tras sus pasos pero, de repente, él esa mañana se despertaba con el día revoltoso y ya no, volvían a lo de siempre, lo cual a ella le hacía pensar en el típico encantador de serpientes. Pero él que era demasiado inteligente jugaba bien sus cartas.
La indecisión, la cobardía, el temor... No solo existía en Angel. Inundaba todos y cada uno de los poros de Verónica, pero su temple intentaba no mostrarlo tan descaradamente como lo hacía él. Ella había esperado un par de meses para conseguir aquello que tanto le daba, aquella noche... La preparó desde que la última vez se dijeron aquel adios que se convirtió en un hasta luego semanas más tarde. Lo tenía todo organizado casi al milímetro, teniendo que estropearlo a causa de su gran habilidad para cargarse ese tipo de momentos, su ineptitud. Era parte de su encanto, según decía él, pero ella lo consideraba su peor defecto. Llegaba el momento... Su momento... ¿lo estropearía?
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