Verónica durante semanas intentó recoger la fuerza necesaria para aclarar con Jorge lo que sentía, para ella era una persona especial, no podía hacerle daño ya que él la había tratado con todo el mimo que había sido capaz. No quería que la sonrisa q se pintaba en su cara al verla, se borrase. No sería capaz de aguantar una mirada triste o hundida por su culpa pero tampoco quería dar unas esperanzas falsas, cuando solo sentía una amistad.
En esas semanas se sentía asfixiada, ahogada, fingir ante todo y todos una sonrisa que no sentía, como actriz no tenía precio cuando quería. Si estaba con Angel, olvidaba todo o casi todo y reía sin más, a veces desconectandose a otro lugar, si el movil sonaba o veía algo que le recordase a Jorge, entonces se le ponía un dolor en el estómago, parecido a cuando te dan un puñetazo entre el pecho y la tripa, se sentía mal por ambos.
Gracias al trabajo, una vez más, conseguía evadirse un poco de los dos, de sus vidas, de la suya propia. Llevaba meses intensos de un lado a otro, con el teléfono ardiendo de temas laborales de otras personas, arreglando, desarreglando. Cara a la gente parecía tener una vida muy aburrida y monótona cuando realmente no era así... Disimular era su palabra fetiche. Parecía la calma absouta, o que se acordaba de los demás por aburrimiento, pero realmente tenía una agenda en su mente para no olvidar ni un solo detalle. En todo aquel barullo de horarios, gente, problemas ajenos... Consiguió que sus ideas se aclarasen un poco y sacar aquello que debía hacer. No podía seguir en medio de aquel triángulo.
Jorge llevaba días insisténdola en lo mucho que la echaba de menos, ella no era tonta y sabía que esa insistencia ocultaba el deseo de leer o escuchar lo mismo, pero no le salía decir algo que durante ese tiempo no había sentido, así que cobardemente y a través de un correo electrónico le hizo saber que no podía seguir mintiéndose a si misma y sobre todo a ellos, ya que aunque los dos eran conscientes de la situación, ella no quería seguir mirando al suelo. Ella adoraba a Jorge pero amaba a Angel y no era capaz. El chico no entendía nada, se preguntaba si todo había sido mentira, él estaba seguro que lo que había vivido no había sido una confusión... Ella pensaba que quizá no, no lo era pero que el sentimiento no era lo suficientemente fuerte como para seguir con una lenta agonía. Intentaron que la amistad se mantuviese, Verónica no era de esas personas que revolucionaba vida ajena y desaparecía, solía hacerse responsable de sus actos e intentaba apaciguar el dolor, si existía.
Unos días despues ella seguía manteniendo esa relación de amistad, a la vez que con Angel las cosas fluían de otra manera. Le gustaba mucho la situación y el momento que estaban pasando, de forma extraña habían conseguido no tener aquellos ataques de moral que enturbiaban su relación tan cómplice y tan mágica. Hasta que a ella se le ocurrió soltar una frase que no debía, tenían tanta confianza, o al menos ella en él, que se contaban todo, lo primero que se les pasase por la cabeza, todas las preguntas se las respondían con la misma ingenuidad e inocencia sin darse cuenta que quizá estaban diciendo algo que pudiese herir o hacer mella en el otro. Era lo bueno y lo malo que tenían, la sinceridad entre ambos. Quizá en cualquier relación, sería lo idóneo pero en aquellas circunstancias no debería.
Verónica no quería estropear aquel velo de dulzura, de pasión, de felicidad que apestaba el ambiente cuando se unían, o cuando hablaban pero estaba preocupada por él, por lo que les depararía tambien. A veces veía cerca el final, no de la amistad pero sí de aquel halo de romanticismo. Le dejaba fluir, no quería que nada influyese en sus pensamientos, no quería ser ella quien los cambiase o modificase en algún momento, por eso en ocasiones prefería hacerse a un lado, quería ser amiga pero su posición no se lo permitía. Sentía impotencia. No debía mostrar tampoco estos sentimientos porque sino Angel, dejaría de hablar, se volvería a echar el cerrojo y a tragar la llave, haciéndose así daño a si mismo solamente.
En aquella ocasión, ella solo trató de convencerle que, por la parte que a ella le tocaba, no le consideraba lo que pensaba de si mismo pero lógicamente sabía que aquello no era sólo por ella... Verónica intentaba no juzgar, ni meterse en lo que no debía, aunque a veces quisiera, no podía. Las dos posturas eran tanto o más difíciles. Ella se ponía en su lugar y entendía todo a la perfección pero a veces sentía que él no se ponía en el lugar de ella, aunque en el fondo sabía que lo hacía.
La relación del tira y afloja, del nunca acabar... Pero tan bonita como dolorosa. Tan mágica como triste, atisbando donde irían a parar...
Pintar sonrisas era su meta, su fin... Así continuaban...
No hay comentarios:
Publicar un comentario