jueves, 5 de enero de 2012

Parte 19

Días despues, Verónica volvería a encontrarse con Jorge, abriendo puertas a la libertad de jugar, de reir, de hablar, de caminar por cualquier lado sin mirar al resto. Varios días sin noticias de Angel, sin saber qué pasaba por su mente, si estaba bien, mal... Hubo momentos en que logró olvidar y dejar de preocuparle su sentir.

Durante aquellos días infinitos, ella seguía con su vida, con sus cosas, parecía que la Navidad había activado los radares de la gente que la conocía y no la dejaban parar un segundo, sin dar tregua a sus emociones o pensamientos, manteniéndola ocupada hasta el último segundo. No tuvo tiempo de recordar ni uno, ni otro. Pero el chico de ojos verdes no le dejaba olvidarle. Ahí estaba siempre. Sin querer, en alguna conversación ella dijo palabras que él entendería como un reproche de agobio, cuando realmente tampoco era así.

Iba a trabajar, sin ganas, con las piernas como si le hubiesen colocado plomo en ellas, deseaba que llegase la hora de salir. Aquella tarde allí la esperaría, como un clavo... Al verla llegar, la sonrisa le invadió la mirada. Pasaron más tiempo del normal juntos, riendo, hablando, abrazando... En una conversación...

- Se que a veces te vas... a veces no estás. - Decía Jorge con una mezcla de temor y pena. Ella inmediatamente se desconectó, desvió la mirada, los ojos empezaron a empañarsele recordando y, lo peor, a sabiendas que a él eso le dolía. La abrazó casi sin darle el respiro de las lágrimas, no permitiría que salieran. Ella suspiraba mirando al cielo, se heló. Su cuerpo estaba rígido, no era capaz de derretirse ante el calor de esos brazos, quizá él no se dio cuenta pero ella no podía en aquel momento relajarse. Una punzada en el pecho, se aceleraba, respiraba intentando controlar la ansiedad que le estaba provocando esa situación. Él con su manera cómica de quitar hierro a estas situaciones, consiguió que empezase a reir y no pensar. Camino al lugar que ambos tenían obligación de ir, no les apetecía nada, habrían ido a cualquier otro sito, excepto a ese.

Al llegar, entraron juntos por aquella puerta, las miradas de acoso y derribo eran puñales. Allí estaba un amigo de él y compañero de ella, era el único que tenía conocimiento del secreto. Además de varios ojos más. Ella se fue a su sitio y él quedó allí esperando. Ya en aquel lugar, al llegar empezaron a acosarle con preguntas, con indirectas, con intromisiones... A él no le hubiese importado gritarles que si, pero le podía más el proteger aquello. No lo iba a perder por un absurdo comentario o ironía.

Veronica ya sola, pensaba, miraba el movil y, sorprendentemente, no esperando noticias de Angel. Aunque un día antes había leido algo que le dejó el alma un poco descolocada, suponía que era su intento de autoconvencimiento, de querer y no querer poder. Pero a ella ya no le incumbía, sí como amiga pero como nada más. Era difícil separar amistad de sentimientos y, a veces, ella quería salir corriendo y no estar ni para escuchar, pero tampoco podía, no era su forma de ser. Pasó aquella tarde gélida mirando cómo la escarcha caía sobre su cuerpo y le calaba hasta el alma, tiritando por el frío interno más que el externo. Al finalizar le esperaban sus ojos verdes en la puerta, no podía abrazarla en aquel momento aunque sus brazos querían lo contrario, se les fueron las manos en un par de ocasiones pero rápidamente las retiraron y se echaron a reir. Jorge no lo hacía porque ella se lo había pedido exclusivamente, no porque no lo deseara, la respetaba muchísimo. Lealtad... Eso iban consiguiendo. Al llegar al coche...

- No se tu pero yo... ya no aguanto más... - Jorge se giró hacia ella, la cogió como un muñeco que no oponía ninguna resistencia y la besó sin límite, sin miedo, con mucha energía y viveza. Al conseguir despegarse el uno del otro, el suspiro de él lo decía todo. Ella le miraba con los ojos como platos, medio sonriendo, admirando todo aquel arranque de coraje. Se marcharon a un lugar alejado de ojos indiscretos.

Aquella noche Verónica ya no pensaba en Angel, dormiría con la imagen de aquellos labios que querían que fuese solamente suya.

Al día siguiente necesitaba cada mensaje de él, era ya como un poco adicción. Mientras conducía a aquel lugar en que iba a por regalos para todos por las fechas que eran, un mensaje, otro, otro... Ella ya no sabía cuál le hacía sonreir más, de repente el miedo había empezado a desaparecer, conviriténdolo en ilusión. Tuvo una reunión con algunos amigos y otros no tanto, pero lo pasó bien, rió mucho, hacía tiempo que no se sentía tan integrada en el lugar donde estaba, tranquila, sin disipar su mente a ningún lugar, estando.

Al llegar la noche llamó a aquel amigo que le devolvía a la realidad de un plumazo, rompiendo de repente su calma y colmandola de dudas. Le dió una información que ella más o menos había imaginado días atrás pero que aquel día apenas se había parado a pensar. Y de repente su rostro cambió. De pronto comenzó a pensar que Angel ya no pensaba en ella, ya la había borrado de su mente, que le había dado la libertad eterna. Se le rompió algo por dentro. Jorge desapareció de su cabeza por unos momentos, dejando sitio a la tormenta provocada por la sonrisa hechicera.

Una hora despues...

- Hola, ¿cómo estamos?- Angel tocaba a su puerta... Reaccionó con una sonrisa que quería borrar en el mismo momento. Se decía a si misma que no, que le negara la oportunidad, pero era amiga ante todo. Hablaron unos minutos hasta que, para variar, rompió aquella magia con la frase. La que le mataba a ella por dentro. Estaba físicamente dolorida, cansada, agotada pero de repente el sueño se le fue... Ya no podía dormir. Otra vez.

Cuando su mente frenó el vendaval de emociones, su cuerpo se rindió al sueño, cayó sin más. Las pesadillas aquella noche volvieron a su mente. Abrir los ojos cada media hora asustada, viendo pasar todas las horas del reloj. No descansó absolutamente nada. Y despertó maldiciendo la hora en que apareció en aquel lugar, que debía desaparecer...

"Un mal día lo tiene cualquiera..." se autoconvencía...

1 comentario:

  1. Angel estaba pasando por la misma situación que verónica, durante esos días los paso mirando el teléfono con la incertidumbre de llamar o no. Cada situación le recordaba a ella, no podía quitarsela de la cabeza. Nunca le había pasado algo parecido. Pero sabia que debía dejarla ir, ante todo por el bien de ella, se lo merecía, no debía y podía seguir reteniendola. Si fuera necesario dejaría de llamarla para siempre.

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