Tambien era cierto que Angel no sólo le hizo sufrir... No. Más bien, todo lo contrario, le hacía tan feliz que ese era el dolor, perderlo sin haber hecho nada, sin que nada entre ellos se hubiese roto, sino que fuese culpa más de las circunstancias y de la situación.
Habían pasado momentos de muchas risas, de decir una palabra y saber la que continuaba, de hasta darse cuenta por un simple mensaje al movil del estado anímico del otro. La gran amistad que habían conseguido no se la iba a quitar nadie.
Verónica estaba acostumbrada a conformarse, a pensar que sólo podía aspirar a lo que tenía, ya que si se ilusionaba con algo más sabía que el golpe sería más grande. Pero la pasaba desde pequeña... Recordaba cuando iba pidiendo de todo a los supuestos Reyes Magos y solo la traían una cosa, encima era lo que no había pedido... Ahí empezó a conformarse, a no pedir nunca nada porque si llegaba algo, le haría triplemente feliz. Con Angel decidió hacer algo parecido... No pensar, no pedir y no soñar para poder disfrutar muchísimo más si algo recibía.
En su soledad encontrada, buscaba en su recuerdo, sacaba los besos, las palabras, los gestos... Y reía como las locas por haber tenido lo más bonito entre sus manos. Aquella suplica de perdón, no la quería, la rechazaba porque sentía que la única que tenía que pedir perdón era ella. No es que no pudiese perdonarle a él porque como ella se decía a si misma... "¿Qué hay que perdonar?¿Que haya conseguido hacerme tan feliz durante este tiempo?" Y porque no hay culpables, sino situaciones...
Como cada mañana, al despertar, ahí estaba él, el chaval de ojos verdes que no quería dejarla caer ni un segundo. Que quería llenarle de colores los días, de besos, de caricias... Hacerla sentir la tranquilidad en un abrazo, hacerla sonreir con su recuerdo. Y por un lado, lo conseguía...
- Quiero ser tu vicio todos los días...- Le escribía a través de un mensaje. Ella al leer esas palabras, se ponía en su lugar, revivía las conversaciones con Angel, cuando ella le quería transmitir ese mismo deseo... Quizá ahora se sentía un poco como él, no sabía manejar la situación, sentía estar dejandose llevar a un lugar que no sabía si quería conocer. Pero, en el fondo, le gustaba. A todos nos gusta sentirnos queridos y adorados...
Pasaron los días, los momentos, las caras, los reencuentros... A Verónica le pesaba el andar, a sus espaldas el dolor de un adios que le dejó el vacio más grande que pudiese imaginar, lo llenaría con pequeños remiendos, con absurdas ilusiones y sueños. Volvía a la eterna melancolía... Al recuerdo. A alimentarse de ello. Cuando aquellos labios la besaban, sentía que le gustaba, que no quería despegarse de ellos pero cuando se marchaba... Tormenta...
Cuando Jorge le decía que nadie destruiría su mundo, ella sentía una punzada en el estómago que no sabía clasificar correctamente, no entendía si aquel pichazo era de angustia, de felicidad o de que.
Durante varias noches anduvo por lugares inhabitados, dejando escapar esa rabia e impotencia en forma de lágrimas, no sintiendo el frío exterior sino el de su cuerpo. Deseando perder de vista los ojos, la sonrisa pero contradiciendose y anhelandolo más que nunca.
En algún momento... En algún lugar... Cerrarían el capítulo con lágrimas de felicidad...
No hay comentarios:
Publicar un comentario