domingo, 27 de noviembre de 2011

Parte 9

Volverían a pasar meses hasta la siguiente fiesta... Entre tanto hacían una vida normal, común de pareja. Ella ya no sentía lo mismo y eso se dejaba ver en actitudes que el hombre nunca entendía, no sabía cómo podía haber cambiado tanto. La miraba en silencio intentando indagar en su mente para saber por qué se había perdido aquella conexión tan fuerte de años atrás. Se preguntaba si quizá era por lo prohibido de su anterior etapa, que posiblemente aquello era lo que avivaba la razón de unirse, se lamentaba en su alma por no haber aprovechado el amor que emanaba de aquellos ojos, no supo hacerlo y ahora no lo encontraba.


- Morena, creo que hay algo en ti que ha cambiado mucho. Que ya no sientes lo mismo y te ves obligada a estar a mi lado por algo, que no se lo que es, pero yo no quiero que estés conmigo sino deseas hacerlo. Eres libre y siempre lo fuiste.- Desesperado por encontrar el motivo, se explicaba ante sus labios dulces.


- Nada me obliga a estar contigo, se que siento algo por ti, lo se, sino no estaría aquí ya. Yo tambien intento encontrar ese sentimiento perdido pero, en cada raya que te metes o cada copa que te bebes, atizas con un látigo mi esperanza de que esto vuelva a ser lo que era. Porque quizá tu no recuerdes lo que haces o dices, pero son pensamientos y acciones verdaderas, ahí dejas salir a tu yo real y lo que has sentido o sientes por mi. Haciéndome ver que no fui, ni soy, ni seré el amor de tu vida, sino el error más grande que pudiste cometer... Eso es lo único que va minando mi ilusión.-  Le explicó con toda la valentía que fue capaz, dejándose muchas cosas en el tintero por miedo a su reacción.


Andrés quedó en silencio, sopesando la verdad de sus palabras, hundido en sus lagunas mentales y sabiendo que había mucho de cierto en todo aquello. Siempre sería la culpable de que su vida se fuese al traste, aunque él no quisiera verlo así, porque tambien sabía que el único que no supo conducir su situación fue él mismo, por encarcelarse en su razón en lugar de dejar volar su corazón. Ahora debería tratarla como lo que siempre quiso, como su princesa, como aquella a la que dar todo su ser y su alma pero ello conllevaba tambien lo malo que había en él...


Días más tarde de esta conversación volvieron a salir, esta vez solos, para que nada ni nadie arruinasen una buena noche. Anduvieron juntos por los lugares donde antaño se escondían, esta vez en libertad, riendo y, como niños, jugando con lo que se iban encontrando por el camino. De repente él cayó en la cuenta de estar cerca de uno de esos locales a los que antiguamente iba, cogió la mano de ella y fueron hacia allí. Al entrar... Melenones, chupas de cuero, guitarras y baterias azotando los altavoces, un antro de escasos metros cuadrados, el camarero parecía sacado de la banda heavy más antigua del mundo... Realmente ese sí era su ambiente, aunque tambien le rodeaban las penurias del sentirse vivo con algo químico, pero era diferente. Pidieron un par de copas y mientras se las ponían, ella pensaba que si hacía lo mismo que él, quizá consiguiera encontrar el por qué a sus respuestas agresivas...


- ¿Te quedas aquí un momento? Voy a por una sorpresa...- Le preguntó con una sonrisa misteriosa de esas que le volvían loco. Dejándole allí con el estómago del revés, cuando a Verónica se le ocurría algo de repente... Nunca esperaba que fuese nada bueno.


Al llegar de nuevo al rincón donde se habían asentado, sacó de su bolsillo una bolita de papel... Andrés la miraba negando con la cabeza, ella insitía en que sí, el que no, ella que sí... Pasaron treinta minutos y ya no quedaba nada de aquella bolita... Él apenas lo había probado, ella consumió todo casi de un golpe. No sentía nada, absolutamente nada diferente a lo que sentía una hora antes. Se bebió hasta el agua de los hielos que caía al suelo, eso sí que lo sentía, la sed, tenía mucha sed. Sin saber cómo, se vió subida en un bordillo que había haciendo de guardarropa y bailando como si fuese la stripper del local. Un grupo de hombres le jaleaban como si nunca hubiesen visto una mujer bailando. Andrés se empezó a sentir muy incómodo con la situación, sabía que no podría pararla, al igual que tampoco podía con seis rockeros... Decidió irrumpir el baile, agarrarla por la cintura y llevársela en volandas como si fuese un llavero.


Salieron de allí, él la colocó el abrigo mientras ella bailaba ya sin música y reía sin saber por qué, tarareando la última canción que sonaba en aquel local. De pronto se sintió el padre de la mujer a la que convertía en su cuerpo en noches de pasíón. Peleaba con ella por llegar al coche, se sentía el ser más despreciable del mundo viendo lo que había conseguido, sabía que debía dejar todos aquellos remedios de felicidad artificial, ahora se había dado cuenta. No podía seguir haciendo aquello. Había conseguido corromper a su angel, a la que , con veintiún años, le había mostrado tener más sentido común que él con treintaicuatro y una hija, años atrás, ahora eran un poco más adultos. No quería aquella vida para ellos... no. No servía de nada tenerla así.


Al llegar a la cama, ella se volvió loca, empezó a quitarle y quitarse la ropa arráncandola de cuajo de sus cuerpos. Le rompió varios botones de la camisa, él intentaba atar sus manos y reducirla para que durmiese, que lo necesitaba más que cualquier otra cosa que le apeteciese hacer en aquel momento, pero era puro nervio, no se dejaba. Entre lágrimas le decía, "¿esto es lo que buscabas?¡Pues aquí lo tienes!¡Vamos valiente!" No le gustaba nada el espectáculo que estaba viendo pero... era un hombre...


A la mañana siguiente, cuando la resaca de alcohol y drogas dejaron paso a la de los pensamientos y sentimientos, fue él quien decidió tomar la iniciativa de dejarla en libertad, en libertad total. No quería arruinar su vida como ya lo había hecho antes con otras personas. Tumbado a su lado, besaba su espalda, su cuello, observando sus pestañas, sus labios que le hacían perder el control, tocaba las puntas de su pelo suave, con aquel olor tan especial, tan suyo... Sus dudas volvían a su mente, perder y dejar vivir o vivir con ella y destrozarse a ambos...


- ¿Qué me miras? - Despertó sonriente, preguntando. Mientras le miraba, recapacitaba sobre lo afortunada que se sentía de estar allí en aquel momento con él, viendo su sonrisa brillando, sus manos tocándola solamente a ella. Sabiendo que la noche antes no habían tocado nigún cuerpo más que el suyo.
- Nada, te miro y pienso en que no puedo quererte más fuerte.- Le respondió. Suspiró y continuó.- Por eso creo que tu sitio no está aquí morena. Tu sitio está con un chico que sea solo para ti, que solo te mire a ti y no tenga tantos miedos ni traumas creados por nada ni nadie. Tú no eres para mi. Ni yo soy para ti.- Al fin decía todo lo que sentía de verdad. Las lágrimas de ella empezaron a caer sobre su mano.
- ¿Eso piensas de verdad? ¿eso es lo que de verdad quieres? ¿quieres que te odie el resto de mi vida? - Le reprochaba ella entre sollozos. - Muy bien Andrés, te has lucido cariño. No te preocupes que dejaré de ser tu problema para siempre ¿vale? No volverás a saber de mi. Tranquilo.- Sentenció mientras se levantaba de la cama y comenzaba a recoger los restos de la noche anterior.


Ese mismo día ya había recogido sus pocos trastos, al llegar la noche ya tenía la mochila y una caja en la puerta para marcharse. Él, inmóvil en el salón, mirando al suelo sin decir nada. En silencio, como solía hacer cuándo no tenía el valor suficiente. Verónica le miró por última vez, se colgó la mochila al hombro, la caja entre sus brazos y se marchó dejando las llaves de la casa encima de los zapatos de él. Mientras bajaba las escaleras, ya no lloraba, sólo anidaba rabia en su interior, recuerdos, todo lo que a partir de aquel día dormiría con ella durante mucho tiempo. Los sueños y pesadillas se repetirían contínuamente despertándola en mares de lágrimas. Decidió apagar aquel teléfono que solamente tenía para él. No quería tener la tentación de llamarle o escribirle. El miedo había podido con ellos y con su amor. Quizá no era tan fuerte como quisieron aparentar en su día...

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