jueves, 24 de noviembre de 2011

Parte 8

Ella no iba a reaccionar, no pensaba darle ni un solo motivo de felicidad ni de odio, directamente la indiferencia que merecía. Con su silencio, se marchó a la habitación cerrando la puerta a cal y canto, sentandose tras ella y derrumbando su cabeza en sus rodillas. Mientras cerraba los ojos e imaginaba todo lo que había soñado en su momento, en un intento por recuperar la ilusión que se le había ido perdiendo en este tiempo. Buscaba en su interior el motivo que le llevó a enamorarse y no lo encontraba, sólo el rencor aparecía en el estómago, un ardor extraño que le empujaba a querer golpear todo lo que tuviese en frente. No merecía explicaciones, no quería dárselas. Cogió su cuaderno y empezó a garabatear todo lo que se le estaba pasando por el alma y la cabeza en aquel momento, rellenó una decena de hojas con todos aquellos sentimientos sin enlazar, solo palabras sueltas, repetidas y sobre todo una que le marcaría para unos cuantos años despues...

Andrés mientras tanto se quedó perplejo, sentado en el salón, con su café ya que no había alcohol de ningún tipo en casa, escuchando su vieja música y haciendo el intento de recordar qué había hecho... Venían a su mente de repente flashes de la noche, la cara de su niña ilusionada, risueña, como solía ser ella... Lamentablemente era de las personas que solo recordaba lo bueno, no solía recordar lo malo que podía haber hecho.

- Vero... nena... abreme la puerta...- rogaba desde el otro lado. Esperando que la puerta se abriese de repente, pero pasaban los minutos y las horas y no abría. Solo quería escucharla reir de nuevo pero desde el otro lado se escuchaba el sonido de intentar respirar cuando se te congestiona la nariz, supuso que se estaba hartando a llorar. Fue hacia el salón, cogió un papel y escribió:
"Preciosa, no sé qué ha sucedido esta vez, solo quería celebrar que al fin tu y yo eramos lo que siempre quisimos ser... No se, explícame porque estoy perdido. Ahora me voy, sé que necesitas estar sola, sino ya me habrias abierto la puerta. No se cuando volveré... Quizá duerma en casa de Luis. No te preocupes. Tomate el tiempo que haga falta." Lo metió bajo la rendija de la puerta y se marchó.

Verónica al leer estas letras, solo supo seguir llorando de rabia, pensando en que no sabía dónde se había metido. No sabía qué estaba haciendo con su vida, ni por qué lo estaba haciendo si todo había terminado. Cuando una puerta se cierra, no vuelvas a abrirla nunca. Quería huir, pero no podía, salir corriendo pero no sabía si debía... Quería ayudarle pero quizá ella no era la persona indicada, quería ser su fuente de paz inagotable pero sentía que solo le atormentaba más de lo que ya lo estaba. Por otro lado se autoconvecía de que, quizá, solo había sido un momento, un error... Pero si esas palabras se dicen en ese estado... Sonó el teléfono de repente, era Tamara...
- ¡Hola! ¿No está papá? mejor, porque yo quería hablar contigo, ¿sabes que hay un chico que no para de mandarme notitas?, es muy mono pero es que es tan simple... no sabe más que reirse de mis palabras o gestos cuando no tienen niguna gracia...- Comenzó la niña a soltar por su boca, casi sin respirar... A veces podía ser muy cargante.
- Tami... va, para.. respira. A ver, vente a casa, cenamos y me cuentas ¿vale? yo voy a llamar a tu padre para que venga. Un besito princesa, ahora te veo.- Le cortó tajantemente para que no se enrollase más de lo necesario. En el fondo era la excusa perfecta para poder llamar a Andrés, que volviera y todo se encauzase lo mejor posible. Así pues, le llamó, él accedió a acudir a la cita, estaba ansioso por verlas a ambas.

Una vez reunidos todos en aquella guarida, se sentaron en el suelo como les solía gustar y cenaron unas hamburguesas caseras como si fueran niños de quince años, se rieron, pusieron una película de fondo ya que, tamara no dejó de hablar ni un segundo de su pequeño romance de juventud... Ellos se miraban, cómplices y reían porque ya habían pasado por todo aquello... La niña decidió llamar a su madre para decirla que dormía con ellos aquella noche... Una vez más... Gracias a ella... Todo volvía a la normalidad.

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