jueves, 24 de noviembre de 2011

Parte 7

Entre lujo, botellas de champán por todos lados, canapés variados, chicas espectaculares que ofrecían su compañía a cambio de un obsequio, camareros con aires de cortesanos a los pies de sus señores, flores, velas... Aquel no era su sitio y ella lo sabía. Le insinuaba a su pareja con la mirada que se marchasen de allí pero, él, envuelto en el sueño de volver a su pasado, hacia caso omiso a lo que ella pidiera. Mientras veía cómo cargaba copas a cuenta de su amigo, ella se apartó a un lado, a una columna a observar desde la distancia todo lo que no había soñado nunca. Andrés estaba desatado, como si nunca hubiese vivido nada igual, comenzaron a llegar bandejas que pasaban a la zona vip, él las seguía con la mirada y Verónica por momentos se hundía en su copa de vino. No era espectáculo del agrado de nadie. De repente al girar la cabeza, él no estaba, ni Luis, ni la mujer de éste... La pequeña morena de ojos castaños, comenzó a buscarlos impacientemente pero sin moverse de donde la habían dejado por si volvían... pasó una hora, dos horas... no venían. Entre ejecutivos babosos que se acercaban a la joven, camareros airados porque no recibían ni las gracias, chicas que la acosaban con la mirada intentando echarla... Ella se rindió a sus nervios e impaciencia y fue hacia la zona donde iban aquellas bandejas... El panorama, bochornoso, penoso, avergonzante e hiriente... Se encontró con Andrés tirado en aquel blanco sofá, Luis con los pantalones bajados y su mujer de rodillas frente a él... Un cuadro de lo más surrealista y grotesco que habría podido observar. Ni en tiempos de euforia habría imaginado tal secuencia.


Con toda su furia se dirigió hacia el hombre que más había querido en ciertos momentos de su vida, pero que en aquel instante odiaba con toda su alma. Le cogió de la corbata y él no reaccionaba, le golpeó la cara con pequeñas palmaditas y al fin abrió los ojos...
- ¡Tú eres un inconsciente!¿Tú sabes lo que me acabas de hacer?- Le recriminaba con la esperanza de sacar el hombre que llevaba dentro pero... él estaba tan sumido en su gramo de coca que no era capaz ni de eso.
- ¿Qué dices? Anda boba, ven aquí y callate... - Le susurró mientras señalaba sus piernas indicándole que se sentase encima suya. Pero la muchacha indomable directamente cogió las llaves del coche, se dirigió a la barra y le comunicó a los camareros que avisasen a un taxi para los tres descerebrados que habían ido con ella, les anotó la dirección de donde habían de ir y se marchó sin más.


Condujo por todo el centro de Madrid a unos 120Km/h descargando toda la rabia que contenía dentro, poco le importaban las multas, las pagaría él. Y si se estrellaba.. "da igual, para lo que pinto aquí ya..." pensaba mientras esquivaba camiones de la basura y barrenderos... El amanecer no se hizo esperar, pensó que debía regresar al piso que ambos compartían ahora, aunque las ganas fuesen mínimas. Al llegar, Andrés ya estaba de vuelta, sentado en el pequeño sillón, mirando al reloj de su muñeca, no terminó de entrar por la puerta cuando se puso a vociferar y soltar todo tipo de insultos e improperios hacia la persona que solamente quería evitar su desgaste moral y físico.
- Seguro que has estado perreando con ese que tanto te miraba... sí, sí, no me mires así, el jovencito ese que no paraba de rondarte por media discoteca, menuda... si ya lo sabía yo... que no tenía que fiarme de ti... si solo eres una... - En ese momento su voz quedó interrumpida por el tremendo bofetón que le propinó la chica, cansada de aspavientos y palabras carentes de sentido. La primera reacción fue quedarse helado, con la cara blanca, pero en segundos se transformó en una cara desencajada, roja y llena de ira. Al levantar la mano para amenazarla...
- Piensa bien lo que vas a hacer y estás haciendo Andrés... Piénsalo bien... Te estás cavando tu propia tumba. ¿Has visto esto? lo tengo yo - le informó a la vez que le enseñaba la denuncia de su mujer. El hombre, abatido, derruido en un momento, se arrodilló, llevó sus manos a la cabeza y comenzó a golpearse contra el suelo. La que ahora era su chica, le cogió de las manos, le levantó la cara y le llevó hasta la ducha consolando lo inconsolable. Le metió en la cama y ella pasó la mañana sentada en el suelo observando cualquier reacción.


Al despertar aquella tarde a la hora de comer, Verónica ya tenía preparadas, comida, mesa y café de sobra para pasar una larga tarde de conversación. Él se levantó, vió todo aquello preparado y no sabía qué sucedía. No recordaba nada de la noche anterior, nada. Lo cual era normal, debido al grado de alcohol y droga que había ingerido, lo que no era normal es que siguiese allí sin que le hubiese dado algo.
- Buenas tardes mi amor, ¿qué es todo esto?- preguntaba con una sonrisa de oreja a oreja, mientras su "amor" le miraba incrédula.
- Siéntate, come y relájate que tenemos una larga charla pendiente.- Le informó. Mientras él saciaba su apetito, ella se dedicó a recoger todo el desastre que tenían por casa.
- Andrés... primero, yo no quiero entrar en tu vida como un elefante en una cacharrería y desmoronarte todo lo que habías conseguido. Segundo, no se qué ha pasado con Elisa pero creo que hay algo que has de explicarme. Y tercero, no soy la puta de nadie ¿te queda claro? de nadie. Ni si quiera la tuya.- Soltó de repente sin pestañear ni girar la cara hacia él.
- Pero... ¿por qué dices todo eso?¿Qué te he hecho?¿Estás bien?- Empezó a impacientarse y a buscar en su cuerpo algún gesto que le hiciese comprender, la analizó hasta la saciedad, milímetro a milímetro, la tocó intentando ver su reacción pero ella...

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