miércoles, 23 de noviembre de 2011

Parte 6

Como cada mañana Verónica seguía su ritual para un día laboral, comenzaba levántandose, aunque en esta ocasión en cama ajena, iba hacia la cocina pero un poco desubicada por no saber dónde estaba. En casa de Andrés parecía estar todo más junto, era tan pequeña que se tenían que pedir permiso para respirar. La ducha tampoco es que fuera el mayor lujo del mundo, al llegar a ella, la chica se dió cuenta de la falta que hacía allí... Faltaban tantas cosas, tantos pequeños detalles con los que hacer aquello un hogar acogedor y no una morada del miedo.


Ya había trasladado algunas de sus cosas allí, ropa, accesorios y demás, pero poco porque sino se tendrían que salir ellos de la casa. Poco a poco se iba instalando en aquel frío lugar que se convertiría en su pequeño nido de amor. Un poco de paciencia para que el alcohol fuese desapareciendo de las venas, estanterías y todos los lugares que fuesen necesarios.


Habían pasado apenas un par de años desde que se dejaron pero él había envejecido como si hubiesen corrido ya diez años, al menos. Ya no sólo su hígado se estaba destrozando sino que sus propios ojos, su brillo no era el mismo, las patas de gallo inundaban su mirada, la luz que desprendía años atrás ya no era igual a pesar de tener al amor de su vida en frente. Ella pensaba que ya no servía de nada una segunda parte pero que no pasaba nada por intentarlo.


Uno de esos días en que Verónica estaba colocando sus cosas y limpiando los resquicios del armario, encontró una caja, de esas que se usan para las mudanzas, marrón industrial. Se debatía entre abrirla o no, dejarla como estaba o indagar... Su curiosidad podía con ella y pensaba que si Andrés se daba cuenta, no la diría nada, era la niña de sus ojos. Optó por abrirla, un montón de carpetas de todos los colores, papeles por todo lados... "¿Qué narices es esto?" pensaba para sí misma, mientras cogía entre sus manos un papel amarillo en el que había números, letras, nombres... Su mujer... Una... "¿denuncia?" se sorprendió al verlo. Aquella noche habían quedado para cenar con unos amigos, no era momento de preguntar. Ella siguió con su orden, con sus métodos de belleza para engalanarse aquel vestido que le había regalado con motivo de su reconciliación y acudir a la cita como la persona que ahora acompañaba sus días oficialmente y no a escondidas. Era un gran día, a pesar de que aquellos amigos la conocieran y supieran de su existencia, pero ahora era oficial.


Durante la cena, las risas, los buenos momentos no hicieron que la chica olvidase lo que había visto, estaba ausente, perdida, no reía con ganas sino que simulaba una carcajada de vez en cuando si véía que el chiste podría haber sido gracioso. Luis se dió cuenta y preguntó.


- Vero, ¿no eres consciente de lo que significa esto? se te ve apagada... - Mostraba aquel hombre entrado en años, como indicaban sus canas, su preocupación por la muchacha.
- Eeeemmm.. si, si, claro. ¡Cómo no iba a ser consciente! Debería estar loca. - Simuló una sonrisa a la vez que contestaba mirando a su derecha para encontrarse con los ojos de Andrés...


Terminaron la cena, la tertulia, las botellas de vino iban corriendo de mano en mano pasando frente a él y sin probarlo, despues tomaron rumbo a uno de los locales de moda para ellos, para la gente de su clase social pero no para ella. Intentaba mostrar su intención de integrarse pero sabía que no... No era su lugar...

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