Esta historia empezaba a repetirse en el tiempo... Empezaba a ser todo tan igual... Que Verónica no podía más con tantas vueltas y vueltas que daba. Sin embargo, su amistad incondicional, no la dejaba marchar nunca. Porque siempre, en cada huida, había un motivo más fuerte para estar ahí. Para que la llamase si la necesitaba. Porque, sin darse cuenta, había ido adaptando su vida a la de Ángel, se había ido convirtiendo en la sombra de la sombra... ¿Amistad? ¿Amor? ¿Culpabilidad?... ¿Que sentimiento de todos le retenía a ella al lado de el?... Verónica se llenaba de tantas dudas como las de él. Al escuchar su voz quebrada por el recuerdo... Le partía el alma pero inmediatamente despues, cuando le escuchaba hablar, ella pensaba que volvía a enredarla en sus huracanes. La mente de Angel era un volcán. Cada hora se iba convenciendo más de lo que quería. Verónica empezaba a vislumbrar una luz que jamás quiso ver. Ángel necesitaba que ella despareciese. Y ella necesitaba desaparecer porque tenía que aclarar lo que sentía realmente por él. Tener dudas a estas alturas, no era muy lógico. Pero sí comprensible, tras tanto sufrido. Ella podía pensar en lo bueno, sí. Pero si lo bueno dolía tanto como para querer echarlo... Algo debía ir mal. Dolía porque era mucho lo bueno, porque cuando hablaba con sus amigos sobre aquella relación, solo tenía sonrisas en su mente. Rapidamente se iban aquellos momentos de rayos, truenos y terremotos. Por eso dolía, porque no podía entender que aquello tan bonito, le estuviera haciendo tanto mal.
Hacía su pequeña maleta con sus cuatro trapos. Ella quería estar en casa sin moverse, por si Ángel gritaba socorro, por si la necesitaba, que pudiera poner los pies en algún sitio. Ciega o no... Era lo que creía que debía, y quería hacer. Pero aquella mañana, riendo con unos y otros, con gente que ni esperaba que riese nunca, ni con ella ni con nadie, y casi se ahogaban de la carcajada. Supo que podía reir sin él. Y que él podía estar perfectamente en su mundo sin ella. Donde siempre encontraba un abrazo, fuese de quien fuese... Ella no. Donde encontraba el calor... Ella no. Y ella, no soportaba la idea de acabar mal con el y lo terminaría haciendo por tanto rencor acumulado, tenía que limpiarlo. No sabía exactamente cómo pero tenía que hacerlo. Una semana encerrada en casa. Sin abrir la boca más que para bostezar y comer. A base de conversaciones escritas. Algún rayo de sol que la visitaba de vez en cuando y al que escuchaba más que hablaba ella. Empezaba a olvidar el tono de su voz. Las dos únicas veces que había decidido estar acompañada por alguien, Ángel parecía tener un sexto sentido para recordarle su presencia. Todo empezaba muy bien, como siempre, la preguntaba por ella, por su vida... Pero empezaba a rodear todo de tal manera que acababan hablando de él. De su vida y sus problemas, y cuando ella opinaba, a parte de sentirse mal, él le recordaba lo que había. No la necesitaba en su vida... Él mismo se hablaba, se preguntaba y se respondía. ¿Qué le hacía falta a Ángel de ella?.... Nada.
Verónica se había cansado de pedirle socorro. De gritarle sutilmente que necesitaba que él supiese diferenciar una cosa de la otra.... Amor de amistad. Porque, queriendo o sin querer, la "obligaba" a hacerse unas ilusiones y unas esperanzas que despues rompía con cualquier frase.
Él guardaba mucho rencor... Lógico. Porque empezaba a tirar aquella venda que se había querido poner por mantener un proyecto de vida que no era tan malo... Claro que no era malo... Pero no era el mejor. Verónica se dio cuenta que su proyecto de vida se había roto hacía muchisimos años, que no estaba tan mal, mientras guardaba silencio y Héctor conseguía lo que quería... Todo era normal... Pero no era lo mejor.
Verónica se iba aquellos días... ¿a dónde?... Con gasolina, música y un poco de ropa... Llegaría a algún sitio. Donde las fuerzas le pudiesen, se tiraría a dormir en el asiento trasero de su coche que tanto callaba... Entre aquellas mantas que abrigaron algún día su sueño...
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