Capítulos que pasaban... Comenzaban siempre con un pie tanteando el terreno, buscando la tierra firme para no caer de nuevo en los mismos errores pasados, con prudencia, con mimo, con cariño... Semanas después la energía era rebosante, todo parecía fluir en calma mientras se acompañaban mutuamente por los senderos de la libertad, el placer, la amistad... Se avecinaba tormenta pero Verónica se tapaba los ojos. No quería pensar en pasados, ni en futuros, no quería más que disfrutar de lo que en ese momento tenía. Los ojos de Angel llenos de tanto deseo como adoración.
Las situaciones ajenas a ellos, les suponían un mundo. Se dieron circunstancias muy crueles por parte del mundo real, no del que ellos habían creado. Se escucharon, se entendieron, parecía que nada les separaría en ciertos aspectos. Ambos eran torbellinos mentales y de corazón tan pasional que les impedía ponerse las gafas de la realidad. Buscaron el aliento y el consuelo en ellos mismos, la fuerza necesaria para resurgir de donde les querían hundir, sacaron un poco la cabeza queriendo pisarlas aún más al fondo, pero ninguno lo permitiría. Su destino era ir contracorriente, contra viento y marea, cuanto más difícil se tornase la situación, con más viveza se rescatarían el uno al otro.
Verónica tenía un punto débil y no era su propio corazón, sino el de aquel que lo depositó en sus manos, sabiendo que serían de algodón. Angel, opinaba lo mismo, aunque su razón no le dejase verlo o le dijese que no debía verlo. Parecía sentir la impotencia del silencio, la desagradable sociedad que no es capaz de continuar con sus vidas sino estropeaban la de los demás.
Angustia, decepción, asfixia, bloqueo... Sentimientos que provocaban el abandono de un barco que aún navegaba viento en popa, pero que mejor lo hiciese a la deriva. Cada uno con su chaleco salvavidas... Y si llegaban a tierra, ya se verían. La independencia que tanto anhelaban, la soledad que les refugiaba de fracasos, de sueños rotos, de ilusiones perdidas... Solamente era eso... Tiempo, libertad...
Sus ilusiones residían en la mirada del otro, en la sonrisa y la risa, en la tranquilidad de saberse ahí. De la amistad leal y sincera... Lo demás, habitaba en un segundo plano. No era necesario, aunque sí lo desearan, el contacto físico. Les bastaba soñar el momento de verse, de hablarse, de imaginar juntos un mundo hedonista que les alejase del sucio mundo en el que se movían. Complementos perfectos el uno del otro. La calma y el fuego, la templanza y el deseo... Tenían todo lo que podían el uno en el otro, sin necesidad de nada más.
Verónica era la energía, la ilusión, la viveza... Angel la razón, los frenos, el sosiego... Y viceversa, ya que cada uno recogía lo que el otro le aportaba. Condenados o no, seguían ahí, no abandonaban el barco, solo buscaban su refugio en una parada más. Aquella llamada... Soledad.
Nunca dirían siempre... Pero sí eterno... Nunca dirían mañana... Pero sí hasta luego... Sus almas y cuerpos... Su propio reflejo.
Verónica y Angel se refugiaban el uno en el otro creando un universo paralelo, ajeno a todo aquello que les impedía expresar sus sentimientos.
ResponderEliminarSe sentían dichosos solo de la mera presencia del otro.
Pero sabían que les faltaba algo. El era incapaz de dar los pasos necesarios Su fuerza residía en ella, en la decisión y valentía de ella. Estaba dividido en dos mundos paralelos. Y eso le pesaba.
Pero a pesar de ello le daba la vida.