sábado, 31 de marzo de 2012

Parte 32

Nuevos retos, nuevos desafíos, los de la vida, los que implanta aquello que debe existir en cualquier otro lugar o simplemente los que se le iban ocurriendo por el camino. Angel parecía estar poniendo a prueba constante el incansable corazón de Verónica, la mente aguda, inquieta, remolona... Pero ella estalló, aquella noche se dió cuenta que, o comenzaba a ser lo que era o, estaría perdida por mucho tiempo. Sufriendo un dolor que no era el suyo, sino el de otros, tormentas que no le correspondían, el corazón se le fue desgastando al compás de las agujas del reloj, sin ningún tipo de rencor ni odio hacia él, simplemente despertando del sueño, a la realidad, a aquello que había dejado de ver hacía algún tiempo.


Vivía metida en una burbuja creada por ella misma, un lugar donde todo parecía flotar, donde, aun habiendo grises, siempre existían unos colores pastel que ella no había vivido anteriormente, se fue enredando en una espiral de risas, llanto, rencor, risas de nuevo y así sucesivamente. Empezó a ver que no le importaba lo que sentía ella misma, sino lo que sentía él, que hacía lo posible por complacer, por remediar, por curar algo que ella pensaba haber provocado. Y se dió cuenta que debía pensar en ella, que nadie lo haría. 


Era la una de la madrugada cuando recibió aquel mensaje y ella se quedó con el teléfono movil en la mano, practicamente como estaba, sin sentir ni el dolor de lo que ponía, ni la alegría de ver que era él. Notó una frialdad en ella misma que la sorprendió, su primer pensamiento fue "no es mi problema..." durante aquellas horas en soledad, en que nada había que hacer, contemplaba aquel cielo que juntos miraban meses atrás, suspiraba, perdía su mirar y sus pensamientos entre aquellos arbustos. Y terminó riéndose de ella misma por todo lo que habían ido fraguando poco a poco, con conversaciones que nunca debieron producirse, por implicarse ambos en la vida del otro, sintiendose mal si algo les pasaba, por intentar ser consuelo y solución, cuando solo ellos mismos podrían remediar todo lo que les llenaba de infelicidad.


Él se reservaba todo, no decía nada, se hacía un escudo para crear una fuerza inexistente. Era una persona positiva a la que le encantaba reir, hablar con la gente, estar rodeado de personas que compartieran sus gustos. Decidió unos cuantos años atrás, que aquello era lo que le tocaba vivir por ley de vida y que el sentimiento era lo suficientemente fuerte como para dar un paso. Un paso que años más tarde fue en falso. Con los años, la costumbre, el cariño, con todo aquello se fue haciendo a la idea que aquello era lo que debía ser, que lo malo era el amor. Ese que le removía la cabeza, el corazón, el estómago, que no le dejaba dormir, aquello era malo para él. Era casi una enfermedad. Ni siquiera sabía cómo había podido llegar a aquel punto con Verónica, se daba cuenta que había ido cambiando, que aquella coraza y frialdad no eran lo suficientemente fuertes como para resistirse al encanto de la pasión que les envolvía al verse. Angel solo necesitaba que alguien le devolviese todo lo que él daba, o que una mente superase la suya, o que un corazón fuese lo suficientemente fuerte como para ver el suyo en sus ojos. Era una persona con una personalidad extremadamente indecisa, como un niño que coge la mano de quien le quiera y se dejaba llevar sin más. Vivía los momentos, o lo intentaba, tan intensamente que se le iba el alma tras aquel que le correspondiese. Ella intentaba darle todo lo que recibía o parecía esperar. Aunque él lo negase en infinitas ocasiones, su boca decía no pero sus ojos gritaban llevame, siempre, en cualquier tipo de situación.


Verónica decidió poner freno a una locura que le llevaría a desgastarse fisica y mentalmente a ella, en cierto modo, lo que pensase Angel le suponía ya poco, o nada. Le daba igual. Y aquella noche se dió cuenta. Cuando aquella reacción inesperada por su parte se empezó a hacer fuerte en su cuerpo. Aquella sensación de pasividad, de no querer hacer nada ya por él porque no le reportaba ningún beneficio sino todo lo contrario, por aquella indecisión, inseguridad y miedo. Porque quería recordar aquellos momentos especiales que habían vivido juntos pero, ella, ya los unía inconscientemente con uno de los malos. Porque eran días de sol esperando a la tormenta, porque ya no podría creer nunca en él, en las sonrisas o en el brillo de sus ojos si momentos despues huía de ella cual demonio. Nunca la despreció, era cierto, pero aquellas reacciones de huida... Eran constantes. Se dejaba ir a un mundo irreal, perfecto, lleno de sonrisas y dulzura para dos días más tarde esconderse en un iglú de frialdad, de oscuridad y tan profundo que a ella le pesaban los brazos intentando sacarle de allí.


Continuaban con sus largas conversaciones, ella quería darle carpetazo o con la puerta en las narices, se cubría de una capa de aceite para que él consiguiese lo que ambos buscaban, su tranquilidad, se hacía fuerte para no crear más tormentos. Angel la buscaba incansable, decía que quería saber de ella, pero realmente podría saber lo que quisiera, la podía tener perfectamente controlada por casi todos los puntos de su vida, pero lo que él quería saber era que seguía siendo ella, que seguía siendo aquella que sonreía en sus brazos y le abrazaba con dulzura. Pero Verónica no quería ser aquella, quería volver a ser la chica dura, la de las risas picantes, la de las dagas ardientes, la que desafiaba al miedo, al peligro sin importarle absolutamente nada. Y así estaba siendo. Quería que él siguiese su vida con toda la normalidad que fuese posible, ya que, por mucho que él quisiera, su vida había girado del todo. No volvería a ser lo mismo.

Aquella mañana decidió llamarle por teléfono, no quería quedarse con aquella frase que la partió el alma." Lo se. Pero me llevará tiempo. Y no me preguntes por qué. Porque yo tampoco lo se. Y se que no soy así." Refiriéndose a la constante tristeza que invadía sus conversaciones en aquel tiempo. Así que cogió el teléfono y se puso la nariz de payaso y los zapatones solo para él, para que riese, para que la tranquilidad y calma volviesen, que el río volviese a su cauce. En parte tambien para ella conseguir olvidar, porque si él se hundía ella se iba detrás. Ahora tendrían unos días de desconexión el uno del otro, ningun tipo de comunicación, lo justo para curar heridas y volver a hacer sus vidas sin más.

Verónica conseguía respirar....

No hay comentarios:

Publicar un comentario