martes, 16 de julio de 2013

Parte 65

Verónica era, de por sí, enérgica, viva, ilusa, optimista... Era una persona que reía y reía sin importarle lo que pensaran los demás.  Así era ella cuando Ángel la conoció. Una chica sin miedo a nada, de coraza puesta y sonrisas a rebosar. Durante aquellos meses, los ataques de tantos frentes, fueron minando su escasa autoestima. Esa que siempre creía tener por las nubes y no llegaban ni a la primera capa del planeta. Estaba a demasiados kilómetros bajo tierra.

Siempre había idealizado a Ángel, de tal manera que fue creando un semidios en su mente, alguien inmortal, alguien capaz de quitar sus miedos con una sonrisa, alguien coherente con sus palabras y sentimientos, de principios, de inteligencia desbordante... Le tenía tan mitificado que ella se sentía muy pequeña a su lado. Le pasó en muchas ocasiones y lo disimuló pero ahora el sentimiento era aún más fuerte. Cuando iba a aquel lugar que les hizo encontrarse por casualidades del destino, ella se veía vestida de aquella manera tan masculina, tan horrible... Veía a auténticas señoras vestidas con trapos y vestidos preciosos, peinadas, maquilladas, algunas parecían muñecas... Al mirar a Ángel vestido con aquellos trajes que, a ella le parecía, le quedaban tan perfectos, que cualquiera de aquellas mujeres podía irle mejor al lado que ella misma. No eran celos sino... Inferioridad. Sentía que no le merecía.

Al cabo de los meses y las semanas, aquel complejo se fue haciendo cada vez más grande. Toda la situación creada, las circunstancias. Ella las entendía perfectamente. Sabía que había momentos en que le apetecería estar más en su círculo de siempre por verificar, o corroborar, que lo que sentía hacia lo que dejaba, era cierto. Que la mentira que se iba destapando era cada vez más real. A ella le había pasado lo mismo meses atrás, hasta que comenzó a dejar de lado toda la vida que la rodeaba, se encerraba en aquella habitación, mal pintada a su gusto, con sus cascos, su música y sus letras envueltas. No sabía cómo hacerse entender ante él sin que se sintiese culpable de nada, porque en realidad, no lo era. Solo les faltaba aquella comunicación de antaño. Aquellas conversaciones llenas de chispa, chistes y alegrías. Ella se había propuesto recuperarlo pero sentía que por hacerlo, le saturaba. Se encontraba en un mundo... Extraño para ella, casi desconocido. ¿Actuar como su pareja?¿Como su amiga?¿Cómo qué?... Sabía que él necesitaba tiempo. Bastante tiempo. Más que nada por lo que le acompañaba. Porque tenía que adaptarse él, tenía que adaptarse todo y que los satélites se situasen de tal manera que permitiesen la paz. Irremediablemente, ella se volvía niña otra vez.

Aquella tarde, recordó que tenía voz. Que sabía hablar. La cara de Ángel era un poema. Pasó de aquella risa nerviosa a la desazón en dos segundos. Él sabía que ella le entendía, lo que no sabía era hasta dónde y cómo era capaz de aguantar o reaccionar. Ella, en aquel mismo momento en que pronunciaba aquellas palabras, quería tumbarle encima suya, pero no podía. Por el lugar. Por las circunstancias. Por todo lo que estaba expresando. Necesitaba decirlo para que sus reacciones no fuesen tan agresivas, picajosas y humillantes. Verónica sabía que podía ser tan hiriente como una bala perdida, aunque él nunca quedaba mudo. Pero no quería repetir historias pasadas en que se hizo tan independiente que terminó creando un complejo por ambos lados llevándolo al fracaso absoluto. Por eso sabía que él, era el hombre de su vida. Porque le era imposible callarse nada, de una manera u otra, terminaba explotando para despues calmarse en la paz de sus brazos.

Verónica no quería ponerle candados, solamente quería que no la hiciesen daño. Prefería mil veces no volver a verle, a que él la defraudase de alguna manera. Al llegar la noche, tumbados en aquel sillón, con la paz de tenerse cerca, ella sentía que él estaba lejos. En algún mundo que no encontraba, quería berrear, patalear por encontrar aquel mundo pero no lo encontraba. Prefirió cerrar sus ojos y recordar la felicidad de Angel por volverla a ver tras aquellos días de distancia asumida. Y durmió. Al despertar. Se fue hacia la cocina, con aquel pequeño compañero de fatigas buscándola entre saltos. El pequeño se estiraba a modo de saludo, ella le miraba mientras el café giraba en el microondas. Se desperezaba bebiendo aquel sabor tan diferente, tan especial, tan de él. Aquellos cafés le sabían solamente a Angel. Esos ojos avellana la miraban en busca de una caricia, le acarició. Le sonreía y el pequeño giraba su cabeza como si la estuviese entendiendo. Media hora despues, estaba besando la frente del ser más maravilloso que había conocido. Allí, dormido. Con aquella calma. Esa cara de paz inquieta ... ¿Qué estaría pasando en sus sueños? ¿Por qué se tenía que ir en aquel preciso momento?... Su particular torpeza haría que Ángel despertase a ayudarla... Era puro ruido. Intentando molestar lo menos posible, salió corriendo de allí, de aquella casa que se estaba convirtiendo en su refugio. En el único lugar donde desconectar de absolutamente todo...

El día siguiente... El Universo diría lo que pasaría...

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